martes, 11 de octubre de 2016

ERRORES FRECUENTES DE LOS ENAMORADOS JÓVENES

El enamoramiento, comúnmente confundido con el amor, hace referencia a un estado en el que una persona magnifica las cualidades positivas de otra y que suele tener lugar al comienzo de una relación amorosa. Durante esta etapa, en la que se conoce muy pocos aspectos de la personalidad del otro, el enamorado cree haber encontrado a la persona perfecta, al amor de su vida, alguien que tiene el deseo y la capacidad de entender, de retribuir el afecto y el cuidado, y de compartir el día a día con uno. Dicho esto, es entendible que la alegría y un estado de embelesamiento constante suelan ir de la mano del enamoramiento. La atracción física y el enamoramiento tienen esa cualidad de inconsciente e inexplicable en común, pero sólo a los ojos de quien lo vive.
En cambio amor, suele llegar más tarde en una relación y se caracteriza por una constante entrega y aceptación; requiere de paciencia, de comprensión, de apertura, y debe fortalecerse a diario para poder sobrellevar los malos momentos, circunstancias que de existir. El amor verdadero se fundamenta en la realidad, trasciende la idealización de la pareja y posee una proyección estable y a largo plazo. (Diferencias, blog)

COMENTARIO

El enamoramiento primerizo, que muchas veces es precoz, suele ser, en su primera etapa, una gran ilusión, un encantamiento, tan gigantesco, que impide ver la realidad.

Los enamorados no ven sus defectos, tampoco los quieren ver. Todo es aceptable porque están encantados el uno con el otro. Las terceras personas podrían darse cuenta de esas “cegueras” pero cuando lo advierten, los enamorados no captan la dimensión de esas limitaciones, piensan que lo de ellos es seguro, (están convencidos).

En una segunda etapa (pueden pasar meses o años), si es que no se ha roto la relación antes, los defectos del otro empiezan a “fastidiar”, puede originarse un desencanto que lleve poco a poco a un trato de tolerancia, con discusiones que ocasionan sufrimientos, a veces prolongados.
Si las cosas van bien, y se ha logrado una comprensión donde se aceptan el uno al otro, es porque ha existido paralelamente una buena formación y dirección espiritual que los ayuda.


¿Podría darse una buena estabilidad entre dos enamorados sin ayuda de terceros?

Si para aprender en una carrera se requieren catedráticos buenos, para los deportes se requiere un buen entrenador, para viajar a otros países se necesita un buen guía, para los asuntos del amor humano, que son mucho más importantes, es necesaria la ayuda.

Cuando no hay una buena formación de la pareja y ellos se creen autosuficientes, pueden surgir serias dificultades en el modo de relacionarse.

En cuestiones de amor humano no basta la buena intención. Sin querer un jovencito sin experiencia podría estar asumiendo papeles que no le corresponde sin darse cuenta de las consecuencias que podrían venir después.

Dentro de la antropología del ser humano la atracción que hay entre el hombre y la mujer está orientada, si se tiene vocación para el matrimonio, hacia una complementariedad. La relación de noviazgo tendría que buscar, desde sus inicios, la posible complementariedad que podría haber entre los dos.  Se busca cuando el hombre se da cuenta que en la mujer hay algo distinto y diferente que no hay en él y la mujer encuentra como complementariedad las grandes diferencias que le trae el hombre. Es el entendimiento mutuo de la masculinidad y la feminidad en una relación virtuosa donde impera la castidad.

Cuando esto no se da, y es difícil que se de cuando los enamorados son muy jóvenes, el hombre o la mujer podrían tomar papeles que no les corresponde para mantener una relación estable.
Eso sucede cuando el chico que es mayor asume el papel de papá de la enamorada, o de educador, dando consejos “buenos” que no le corresponden, o la chica que quiere ser la “salvadora” de su novio y trata de reeducarlo.

La paternidad o maternidad corresponde a los padres, los consejos de salud a los médicos, la orientación profesional a los educadores y la dirección espiritual a los sacerdotes. Ninguno de estos papeles deben asumir los enamorados si quieren que la relación tenga una estabilidad normal para toda la vida.

Es comprensible cuando, por ausencia de los padres y de buenos maestros, los enamorados, aún en etapa de formación, quieran arreglar las cosas entre ellos. La primera recomendación que se les debe dar es que consigan buenos asesores: una persona mayor, buena y con experiencia que los oriente. 


Otro error frecuente de los enamorados es poner sus saludos íntimos de amor en las redes a la vista de todos. No se imaginan la complicación que puede traer para el futuro dejar publicadas esas promesas de amor. (P. Manuel Tamayo)

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