LOS CHICOS NO SABEN AMAR
En la adolescencia es frecuente que los jóvenes comiencen a
experimentar una atracción física por una persona del otro sexo –deseo fuerte de estar juntos- y en
muchos casos una atracción sexual -deseo
de tocar, besar, de aproximarse-, cuando experimentan el amor romántico.
Esa emoción nueva para los adolescentes es la que les provoca más turbación.
Generalmente con el paso del tiempo, esas sensaciones suelen desaparecer. (Victoria Toro)
El amor poco tiene que ver con los “me provoca”, “me gusta”, “me interesa”, “me
late”… con el que hoy se intentan justificar tantas acciones y decisiones
humanas… El que sabe amar actúa con independencia de lo que le pida el cuerpo o el corazón. Se dará cuenta que su “yo quiero” no es necesariamente lo que le atrae,
le gusta o le interese para él, sino más bien la decisión de esforzarse y
sacrificarse para conseguir y propagar lo que es realmente bueno; y entonces
responderá muchas veces con un decidido “¡no
quiero!”, a lo que el
cuerpo o el corazón le pidan. Sabrá tener en cuenta que moverse por los gustos
o por lo que atrae no es algo propio de la persona: lo hacen también los
animales. Por el contrario, amar —querer el bien para otro— es uno de
los actos más humanos, probablemente el más humano, que cualquier mujer o varón
puede realizar. Es un acto inteligente, intencional y generoso, muchas veces
esforzado, y siempre libre e integrador, capaz de poner en juego a toda la
persona que se está amando. (Tomás Melendo, “El
amor seguro”)
COMENTARIO
Todo se aprende en
la vida, nadie nace sabiendo, y en cuestiones de amor se requieren años para
aprender. Los enamoramientos prematuros no son recomendables porque los chicos
están creciendo.
Una afectividad muy
fuerte podría alterar el equilibro afectivo de un chico, o una chica y
desordenar su vida. Hoy es más fácil que se cometan errores en todo lo
referente al corazón porque la sociedad está herida por una crisis de gran
envergadura en los aspectos afectivos y sexuales.
El egoísmo
exacerbado, que es permitido en todos los
estratos sociales, les hace pensar a los chicos que el amor es posesivo, (“estoy
enamorado”) como si la otra persona fuera una propiedad y por lo tanto hay “luz
verde” para abundar en manifestaciones afectivas, (arrumacos sentimentales), donde las parejas
“comprometidas” se juran fidelidad hasta la muerte.
Lamentablemente en
la mayoría de los casos estos acercamientos románticos (sucede más cuando son muy jóvenes), son puro voluntarismo, es una
estructura tejida con un egoísmo mutuo y
ciego que los hace cómplices de placeres y promesas, haciendo de la relación
algo muy frágil. Muchos chicos enamorados que ponen énfasis para estar juntos,
piensan que esa decisión es irrevocable, tienen la certeza de que nadie ni nada
los va a separar nunca. Pero luego pasa lo que pasa en la mayoría de los
casos y el sufrimiento para ellos es grande.
¿Qué se necesita
para que el amor de un adolescente sea maduro y perdure? El verdadero amor que
une y perdura es el oblativo, que es
el que lleva consigo el sacrificio y el orden. Es cuando se quiere lo objetivamente
bueno para la otra persona y hay una transmisión constante de valores que unen,
porque responden a una jerarquía acertada.
Dentro de ese
contexto los enamorados, que son jóvenes,
si actúan con inteligencia deciden no
verse con frecuencia, porque existen otras prioridades que son necesarias, y
muchas veces urgentes, para su formación, humana, espiritual y profesional. Esas
prioridades son generosos espacios de formación a los que debe dedicar los
mejores momentos de esos años juveniles.
La distancia
inteligente que se proponen los enamorados entre ellos, para cumplir con los
objetivos de su formación, la ocupa las actividades que cada uno tiene, con
Dios, su familia, e incluso con los buenos amigos. El orden de una buena
jerarquía de valores los hace madurar en el amor.
El cuadro para un
enamoramiento correcto no son las fiestas, los espectáculos, la vida nocturna,
o las comidas en la calle, sino la familia, la Iglesia, la dedicación con rectitud
de intención en los estudios y en el trabajo, un espíritu de servicio que irá in crecendo y llega poco a poco a todos los ámbitos sociales, con una entrega desinteresada
a los más necesitados y un interés real por el país y por el mundo.
Los papás solo
pueden enseñar el amor al prójimo a los hijos con el ejemplo en el amor a la
familia en la casa. Los consejos no sirven para nada sin el ejemplo por
delante. Los hijos enamorados deben aprender del amor que se tienen sus padres
entre ellos. La mejor lección de amor la dan los esposos que se quieren entre
ellos y se tratan muy bien.
Lamentablemente las
crisis familiares y las degradantes imagines de las películas y de las telenovelas
son lo contrario a lo que debe ser el amor humano y son un síntoma claro, lo han dicho últimos los Papas, de una
degradación moral con gravísimas consecuencias sociales.
El chico que quiere
tener éxito en el amor humano necesita un guía idóneo, un buen entrenador.
Solo, no conseguirá nada. Sería como si un jugador fútbol quiesiera jugar en
primera división sin entrenador. (P. Manuel Tamayo)
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