domingo, 2 de octubre de 2016

LOS CHICOS NO SABEN AMAR

En la adolescencia es frecuente que los jóvenes comiencen a experimentar una atracción física por una persona del otro sexo –deseo fuerte de estar juntos- y en muchos casos una atracción sexual -deseo de tocar, besar, de aproximarse-, cuando experimentan el amor romántico. Esa emoción nueva para los adolescentes es la que les provoca más turbación. Generalmente con el paso del tiempo, esas sensaciones suelen desaparecer. (Victoria Toro)
El amor poco tiene que ver con los “me provoca”, “me gusta”, “me interesa”, “me late”… con el que hoy se intentan justificar tantas acciones y decisiones humanas… El que sabe amar actúa con independencia de lo que le pida el cuerpo  o el corazón. Se dará cuenta que su  yo quiero”  no es necesariamente lo que le atrae, le gusta o le interese para él, sino más bien la decisión de esforzarse y sacrificarse para conseguir y propagar lo que es realmente bueno; y entonces responderá muchas veces con un decidido “¡no quiero!”,  a lo que el cuerpo o el corazón le pidan. Sabrá tener en cuenta que moverse por los gustos o por lo que atrae no es algo propio de la persona: lo hacen también los animales. Por el contrario, amar —querer el bien para otro— es uno de los actos más humanos, probablemente el más humano, que cualquier mujer o varón puede realizar. Es un acto inteligente, intencional y generoso, muchas veces esforzado, y siempre libre e integrador, capaz de poner en juego a toda la persona que se está amando. (Tomás Melendo, “El amor seguro”)

COMENTARIO
Todo se aprende en la vida, nadie nace sabiendo, y en cuestiones de amor se requieren años para aprender. Los enamoramientos prematuros no son recomendables porque los chicos están creciendo.
Una afectividad muy fuerte podría alterar el equilibro afectivo de un chico, o una chica y desordenar su vida. Hoy es más fácil que se cometan errores en todo lo referente al corazón porque la sociedad está herida por una crisis de gran envergadura en los aspectos afectivos y sexuales.

El egoísmo exacerbado, que es permitido en todos los estratos sociales, les hace pensar a los chicos que el amor es posesivo, (“estoy enamorado”) como si la otra persona fuera una propiedad y por lo tanto hay “luz verde”  para abundar en manifestaciones afectivas,  (arrumacos sentimentales), donde las parejas “comprometidas” se juran fidelidad hasta la muerte.

Lamentablemente en la mayoría de los casos estos acercamientos románticos (sucede más cuando son muy jóvenes), son puro voluntarismo,  es una estructura  tejida con un egoísmo mutuo y ciego que los hace cómplices de placeres y promesas, haciendo de la relación algo muy frágil. Muchos chicos enamorados que ponen énfasis para estar juntos, piensan que esa decisión es irrevocable, tienen la certeza de que nadie ni nada los va a separar nunca.  Pero luego pasa lo que pasa en la mayoría de los casos y el sufrimiento para ellos es grande.

¿Qué se necesita para que el amor de un adolescente sea maduro y perdure? El verdadero amor que une y perdura es el oblativo, que es el que lleva consigo el sacrificio y el orden. Es cuando se quiere lo objetivamente bueno para la otra persona y hay una transmisión constante de valores que unen, porque responden a una jerarquía acertada.

Dentro de ese contexto los enamorados, que son jóvenes,  si actúan con inteligencia deciden no verse con frecuencia, porque existen otras prioridades que son necesarias, y muchas veces urgentes, para su formación, humana, espiritual y profesional. Esas prioridades son generosos espacios de formación a los que debe dedicar los mejores momentos de esos años juveniles.

La distancia inteligente que se proponen los enamorados entre ellos, para cumplir con los objetivos de su formación, la ocupa las actividades que cada uno tiene, con Dios, su familia, e incluso con los buenos amigos. El orden de una buena jerarquía de valores los hace madurar en el amor.
El cuadro para un enamoramiento correcto no son las fiestas, los espectáculos, la vida nocturna, o las comidas en la calle, sino la familia, la Iglesia, la dedicación con rectitud de intención en los estudios y en el trabajo, un espíritu de servicio que irá in crecendo y llega poco a poco a todos los ámbitos sociales, con una entrega desinteresada a los más necesitados y un interés real por el país y por el mundo.

Los papás solo pueden enseñar el amor al prójimo a los hijos con el ejemplo en el amor a la familia en la casa. Los consejos no sirven para nada sin el ejemplo por delante. Los hijos enamorados deben aprender del amor que se tienen sus padres entre ellos. La mejor lección de amor la dan los esposos que se quieren entre ellos y se tratan muy bien.  

Lamentablemente las crisis familiares y las degradantes imagines de las películas y de las telenovelas son lo contrario a lo que debe ser el amor humano y son un síntoma claro, lo han dicho últimos los Papas, de una degradación moral con gravísimas consecuencias sociales.


El chico que quiere tener éxito en el amor humano necesita un guía idóneo, un buen entrenador. Solo, no conseguirá nada. Sería como si un jugador fútbol quiesiera jugar en primera división sin entrenador.  (P. Manuel Tamayo)

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