sábado, 20 de enero de 2024

 LOS PRIMEROS RETIROS

En las décadas de los años 60 y 70

El primer retiro de mi vida lo hice cuando tenía 15 años en una casa de Chaclacayo que prestaba la familia Montes de Peralta. Yo ya había pedido la admisión como numerario del Opus Dei.

No conocía lo que era un retiro, algo había oído hablar en el colegio, pero lo relacionaba con los seminarios, para los chicos que querían ser sacerdotes. Pensaba que era como un ensayo para retirarse del mundo.

En el Opus Dei me explicaron que existían retiros para todas las personas, chicos y grandes, hombres y mujeres y que existían unas casas con las instalaciones adecuadas para hacer cursos de retiro, que también se llamaban ejercicios espirituales.

Me explicaron también que los retiros se hacen en silencio. Se escucha la prédica del sacerdote y luego cada uno individualmente medita y saca propósitos. Me pareció novedoso e interesante y tenía curiosidad de saber cómo saldría después de haber hecho un curso de retiro.

Empecé a prestar atención y fijarme bien cómo lo hacían los demás. Veía a las personas en silencio leyendo un libro o paseando por el jardín, otros en el oratorio de rodillas frente al Sagrario.

El timbre sonaba para llamarnos a una meditación más, a rezar el Vía Crucis, o para la Santa Misa. En las comidas se leía un libro. Recuerdo perfectamente que en mi primer retiro se leyó “La Virgen de Fátima” de Chanoine Barthas.

 

Observación e imaginación

Yo miraba las caras de los demás chicos como queriendo encontrar propósitos de santidad y me imaginaba como sería si todos los que estábamos haciendo ese curso de retiro lográbamos ser santos canonizados.

A los más avezados los veía formalitos, claro que con la ayuda de los mayores que estaban pendientes para que guardáramos silencio. A esas edades se nos podía escapar alguna travesura y causar la risa y una “bulla” que quitaba algo de seriedad al rigor del retiro;  era como un momento de distención, que nos venía muy bien.

Recuerdo que Marcos D´Ángelo (ahora Padre D´Ángelo) tenía la costumbre de cantar en la ducha y en el primer día del retiro se oían sus canciones. Los demás comentábamos haciendo bromas de ese despiste, hasta que él se dio cuenta y se mostró sorprendido, cosa que nos hizo reír más todavía.

Jesús Alfaro, (Ahora Padre Alfaro), que tenía pelo bastante largo, (ahora ya no le queda), estaba con nosotros rezando el vía crucis en el oratorio. El que leía las estaciones en voz alta anunció la siguiente: “Jesús cae por segunda vez” y justo Jesús se resbala y golpea fuerte el reclinatorio. Todos nos miramos y estallamos a reír. Tuvimos que salir del oratorio para calmar nuestras risas, cosa que fue bastante difícil para nosotros.

 

Todo era divertido

La verdad es que la pasamos en grande, no se si por nuestras curiosidades y ocurrencias, o por alguna reflexión que pudimos hacer al escuchar las meditaciones y charlas que nos daban.

Lo cierto es que de ese retiro los tres somos sacerdotes, sin que nos hubiéramos planteado esa posibilidad en esos años juveniles. La verdad es que no teníamos ni idea. Solo podemos recordar que la pasábamos muy bien, ¡Cuántos habrán rezado por nosotros! Así fue mi primer curso de retiro.

 

Otros retiros habituales

También hacíamos retiros mensuales que duraban una mañana y las primeras horas de la tarde. En el verano íbamos a una casa que nos prestaban en Villa, frente al mar. Combinábamos la playa y el deporte con el retiro. En el invierno lo hacíamos en la Residencia Los Andes un domingo del mes por las mañanas. En las tardes no dejábamos de jugar fútbol y de tomar un buen lonche.

 

Las primeras casas de retiro

En 1964, cuando estaba en 4to de media nos hablaron de la primera casa de retiros que el Opus Dei tendría en el Perú y que se llamaría Larboleda.

Estaba situada en la zona del Pedregal de Chosica. En ese tiempo solo estaba la carretera y el campo deportivo de los Agustinos, que estaba al lado; todo lo demás era cerro, piedras y río. A pocas cuadras estaba Chosica con sus casas elegantes y señoriales. No había más.

La oficina de Arquitectos de Jorge Velaochaga, José Miguel Flores Estrada y Roberto Haaker, construyeron Larboleda.

El P. Pazos decía que era muy pequeña, que parecía una casita de muñecas y que luego habría un proyecto para una casa más grande. Larboleda empezó su andadura en 1965 y continúa hasta ahora.

 

Radio ERPA, el IRFA y Valle Grande

En la década de los años 70, en Cañete experimentaban distintas labores para atender a los pobladores de esas tierras, primero fueron las Escuelas Radiofónicas con Radio Erpa, que funcionó varios años con una cobertura que alcanzaba a los pueblos de la Sierra y de la Costa del valle de Cañete; se pasabas programas con una honda cautiva para un receptor con un único dial.  Los programas eran transmitidos desde Cañete, se daban clases de Agricultura, cocina, manualidades, salud y educación en distintos niveles. Funcionó durante unos años paralelamente a una emisora de FM que transmitía música como cualquier radio local.

Más tarde fue el Instituto Rural de Formación Acelerada, IRFA, en el mismo Cañete, luego una Normal de educación, de muy corta existencia; y después el Instituto Agropecuario Vallegrande que duró varios años.

En los terrenos de Valle Grande, que dejó Pedro Beltrán, se construyó una casa de retiro que también se llamaba Valle Grande. (hoy es Ungará). Allí teníamos nuestros cursos de retiro con gente joven; pasaron muchos universitarios y chicos de colegio de Lima. ¡grandes recuerdos! también de las convivencias que se organizaban con partidos de fulbito y paseos a la playa.

En 1974 San Josemaría visitó Cañete y estuvo en Valle Grande. La grabación de tertulia que se organizó en el auditorio con campesinos de la costa y de la sierra ha dado la vuelta por todo el mundo. San Josemaría llamó a Cañete el Valle Bendito. Luego empezó una nueva etapa en Lima y también en Piura, Chiclayo y Cañete. Todo esto sucedió en la década de los años 60 y en los primeros 4 años del 70. (P. Manuel Tamayo)

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