LOS PRIMEROS RETIROS
En las décadas de los años 60 y 70
El primer retiro de mi vida lo hice
cuando tenía 15 años en una casa de Chaclacayo que prestaba la familia Montes
de Peralta. Yo ya había pedido la admisión como numerario del Opus Dei.
No conocía lo que era un retiro, algo
había oído hablar en el colegio, pero lo relacionaba con los seminarios, para
los chicos que querían ser sacerdotes. Pensaba que era como un ensayo para
retirarse del mundo.
En el Opus Dei me explicaron que
existían retiros para todas las personas, chicos y grandes, hombres y mujeres y
que existían unas casas con las instalaciones adecuadas para hacer cursos de
retiro, que también se llamaban ejercicios espirituales.
Me explicaron también que los retiros se
hacen en silencio. Se escucha la prédica del sacerdote y luego cada uno
individualmente medita y saca propósitos. Me pareció novedoso e interesante y
tenía curiosidad de saber cómo saldría después de haber hecho un curso de
retiro.
Empecé a
prestar atención y fijarme bien cómo lo hacían los demás. Veía a las personas
en silencio leyendo un libro o paseando por el jardín, otros en el oratorio de
rodillas frente al Sagrario.
El timbre sonaba para llamarnos a una
meditación más, a rezar el Vía Crucis, o para la Santa Misa. En las comidas se
leía un libro. Recuerdo perfectamente que en mi primer retiro se leyó “La Virgen de Fátima” de Chanoine Barthas.
Observación e imaginación
Yo miraba las
caras de los demás chicos como queriendo encontrar propósitos de santidad y me
imaginaba como sería si todos los que estábamos haciendo ese curso de retiro
lográbamos ser santos canonizados.
A los más
avezados los veía formalitos, claro que con la ayuda de los mayores que estaban
pendientes para que guardáramos silencio. A esas edades se nos podía escapar
alguna travesura y causar la risa y una “bulla” que quitaba algo de seriedad al
rigor del retiro; era como un momento de
distención, que nos venía muy bien.
Recuerdo que
Marcos D´Ángelo (ahora Padre D´Ángelo) tenía
la costumbre de cantar en la ducha y en el primer día del retiro se oían sus
canciones. Los demás comentábamos haciendo bromas de ese despiste, hasta que él
se dio cuenta y se mostró sorprendido, cosa que nos hizo reír más todavía.
Jesús Alfaro,
(Ahora Padre Alfaro), que tenía pelo
bastante largo, (ahora ya no le queda),
estaba con nosotros rezando el vía crucis en el oratorio. El que leía las
estaciones en voz alta anunció la siguiente: “Jesús cae por segunda vez” y justo Jesús se resbala y golpea
fuerte el reclinatorio. Todos nos miramos y estallamos a reír. Tuvimos que
salir del oratorio para calmar nuestras risas, cosa que fue bastante difícil
para nosotros.
Todo era divertido
La verdad es
que la pasamos en grande, no se si por nuestras curiosidades y ocurrencias, o
por alguna reflexión que pudimos hacer al escuchar las meditaciones y charlas
que nos daban.
Lo cierto es
que de ese retiro los tres somos sacerdotes, sin que nos hubiéramos planteado
esa posibilidad en esos años juveniles. La verdad es que no teníamos ni idea.
Solo podemos recordar que la pasábamos muy bien, ¡Cuántos habrán rezado por
nosotros! Así fue mi primer curso de retiro.
Otros retiros habituales
También
hacíamos retiros mensuales que duraban una mañana y las primeras horas de la
tarde. En el verano íbamos a una casa que nos prestaban en Villa, frente al mar. Combinábamos la playa y el deporte con el
retiro. En el invierno lo hacíamos en la Residencia Los Andes un domingo del
mes por las mañanas. En las tardes no dejábamos de jugar fútbol y de tomar un
buen lonche.
Las primeras casas de retiro
En 1964,
cuando estaba en 4to de media nos hablaron de la primera casa de retiros que el
Opus Dei tendría en el Perú y que se llamaría Larboleda.
Estaba
situada en la zona del Pedregal de Chosica. En ese tiempo solo estaba la
carretera y el campo deportivo de los Agustinos, que estaba al lado; todo lo
demás era cerro, piedras y río. A pocas cuadras estaba Chosica con sus casas
elegantes y señoriales. No había más.
La oficina de
Arquitectos de Jorge Velaochaga, José Miguel Flores Estrada y Roberto Haaker,
construyeron Larboleda.
El P. Pazos
decía que era muy pequeña, que parecía una casita de muñecas y que luego habría
un proyecto para una casa más grande. Larboleda empezó su andadura en 1965 y
continúa hasta ahora.
Radio ERPA, el IRFA y Valle Grande
En la década
de los años 70, en Cañete experimentaban distintas labores para atender a los
pobladores de esas tierras, primero fueron las Escuelas Radiofónicas con Radio
Erpa, que funcionó varios años con una cobertura que alcanzaba a los pueblos de
la Sierra y de la Costa del valle de Cañete; se pasabas programas con una honda
cautiva para un receptor con un único dial. Los programas eran transmitidos desde Cañete,
se daban clases de Agricultura, cocina, manualidades, salud y educación en
distintos niveles. Funcionó durante unos años paralelamente a una emisora de FM
que transmitía música como cualquier radio local.
Más tarde fue
el Instituto Rural de Formación Acelerada, IRFA, en el mismo Cañete, luego una
Normal de educación, de muy corta existencia; y después el Instituto
Agropecuario Vallegrande que duró varios años.
En los
terrenos de Valle Grande, que dejó Pedro Beltrán, se construyó una casa de
retiro que también se llamaba Valle Grande. (hoy
es Ungará). Allí teníamos nuestros cursos de retiro con gente joven;
pasaron muchos universitarios y chicos de colegio de Lima. ¡grandes recuerdos! también
de las convivencias que se organizaban con partidos de fulbito y paseos a la
playa.
En 1974 San
Josemaría visitó Cañete y estuvo en Valle Grande. La grabación de tertulia que
se organizó en el auditorio con campesinos de la costa y de la sierra ha dado
la vuelta por todo el mundo. San Josemaría llamó a Cañete el Valle Bendito. Luego
empezó una nueva etapa en Lima y también en Piura, Chiclayo y Cañete. Todo esto
sucedió en la década de los años 60 y en los primeros 4 años del 70. (P. Manuel Tamayo)
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