LOS QUE FUÍMOS A ROMA
En los últimos años de San Josemaría
Se dice que “todos los caminos llegan a Roma”; yo llegué en plena adolescencia el 24 de Octubre de 1969, para estudiar Ciencias de la Educación y Sagrada Teología.
El P. Pazos, consiliario del Opus Dei en el Perú, me había preguntado unos meses antes si yo deseaba ir el Colegio Romano.
Ya sabía bien de lo que se trataba porque había visto a otros mayores, que fueron antes para estar dos años en Roma, junto a San Josemaría; iban a formarse en el espíritu del Opus Dei en la casa central, y con la posibilidad de poder ordenarse sacerdote, si era voluntad de Dios, y si querían corresponder, líbremente, a ese nuevo llamado.
Los que se fueron antes
Los que habían estado antes volvieron, como Mons. Juan Antonio Ugarte, que regresó ordenado sacerdote en 1968, o Federico Prieto, que también estuvo en Roma y regresó para ejercer su profesión de periodista.
El año 67 viajó a Roma Jesús Alfaro para estar en el colegio Romano y el 68 fue Guillermo Oviedo.
El año 69 yo iba a coincidir con Marcos D´Ángelo, pero él tuvo que retrasar su viaje y llegó en enero del 70.
En Roma estuve desde Octubre del 69 hasta Julio de 1972. Este año viajé a Pamplona y estuve hasta 1974 continuando con mis estudios de doctorado en la Universidad de Navarra.
Las ordenaciones de los inicios de la década de los 70
Los primeros años de la década de los 70 fueron los últimos de San Josemaría. En esa etapa las ordenaciones fueron numerosas y el crecimiento del Opus Dei en el mundo fue notable.
En 1973 el P. D´Ángelo se ordena en Madrid, con él se ordenan 50 profesionales de todo el mundo. Fue la primera vez que asistí a una ordenación sacerdotal.
Como me iba a ordenar al año siguiente me dijeron que vaya a Madrid y que vea cómo es una ordenación. Nos fuimos en un auto de Pamplona a Madrid, yo manejaba y me acompañaban otros 3.
Fue realmente algo apoteósico. Gran ambiente entre los ordenandos y sus familiares, en una época en la que el concilio Vaticano II se estaba aplicando de diversas formas, y algunas no tan acertadas; se podría decir que eran más bien desviadas y hacían sufrir mucho a San Josemaría.
En esa etapa hubieron serias deserciones en el clero y en los conventos de religiosos y religiosas. Al Papa Paulo VI se le veía bastante preocupado.
Ese mismo año me preguntaron, de parte de San Josemaría, si estaba dispuesto a ordenarme sacerdote. Mi disposición la tenía de años atrás cuando conversé personalmente con San Josemaría. Era algo que guardaba en mi corazón y que iba creciendo de día en día. Lógicamente dije que sí, sin mayores consideraciones.
Los meses antes de mi ordenación
La preparación de mi ordenación sacerdotal fue impresionante. Estuve dos meses de convivencia. El primer mes en el Colegio Mayor Aralar (Pamplona), y el segundo mes en Castelldaura (casa de retiro de Barcelona en Premia del Mar). Era el año de la catequesis en América de San Josemaría.
La convivencia de Castelldaura fue en Julio de 1964, coincidía con la visita de San Josemaría al Perú. De Lima se sumó al grupo de ordenandos Jesús Alfaro, éramos 44 numerarios de todo el mundo.
Todos los días llegaban cartas del Perú, bastante extensas que contaban con detalle la visita que estaba haciendo San Josemaría en nuestro país. Las leían en las tertulias. En esos tiempos no existían las computadoras portátiles, ni los videos. El sistema de comunicación eran las cartas, el telégrafo y el teléfono, que era muy caro, se llamaba solo cuando se trataba de algo muy urgente.
Las cartas eran super emocionantes. Yo estaba muy tocado porque el año 72 estuve en varias tertulias con San Josemaría en Pamplona. Ese año además llegaba de Roma para continuar mis estudios en la Universidad de Navarra, empezaba el Doctorado en Sagrada Teología.
Todo el ambiente de esos años de Roma y Pamplona estaba impregnado por la vida y santidad del Fundador del Opus Dei, que vivía prácticamente a nuestro lado, nos conocía por nuestro nombre y hasta por el apelativo familiar, y estaba pendiente de nosotros y nosotros de él.
Las investiduras en la universidad de Navarra
El año 74 la Universidad de Navarra entregó el Doctorado Honoris causa a Jérome Lejeune y Franz Hengsbach.
Los que nos íbamos a ordenar estábamos de convivencia en el Colegio Mayor Aralar y nos dieron el encargo de escoltar al Padre (San Josemaría) durante el desfile académico de la Universidad, cuando salen todos los catedráticos con sus vestes académicas junto al Gran Canciller para ir al aula magna donde era la ceremonia de investidura.
Cada uno teníamos que estar ubicados en sitios estrategicos durante todo el recorrido dentro del edificio Central de la Universidad. A mi me tocó estar al pie de una escalera por donde iba a descender el cortejo. Me asusté mucho cuando San Josemaría se salió del desfile y se acercó a mi para preguntarme como estaba. Pensé que se sentiría mal y venía para pedir ayuda, pero no fue así. Me dijo: “¿cómo estás?, ¡que bien se te ve! En cambio yo con todos estos arreos!” se refería a las vestes y a las insignias que llevaba.
San Josemaría no era muy ceremonioso, mientras desfilaba, con el cortejo académico, iba saludando a la gente que se encontraba y todos estaban pendientes de él, se oía ¡Viva el Padre! y la gente emocionada lo aplaudía cuando pasaba.
El influjo de la santidad de San Josemaría en Pamplona
El tiempo que el Padre estuvo en Pamplona con nosotros, fue maravilloso desde todo punto de vista. Se alojó en el Colegio Mayor Aralar, donde yo estaba, y sucedieron muchas anécdotas inolvidables en un ambiente entrañable de familia unida por el cariño de todos.
San Josemaría después de las grandes tertulias que había tenido con miles de personas en ambientes grandes regresaba a la casa, donde estábamos nosotros, para descansar.
Todos procurábamos que descansara bien, pero San Josaemaría aprovechaba un descuido para escaparse (dentro de la casa) y nos buscaba para tener un rato de tertulia. Él disfrutaba con nosotros y en cierto modo descansaba.
Nosotros nos esforzábamos contandole cosas para que él no se agitara hablando. Procurábamos no tocar temas que le preocupaban y que eran los que se referían fundamentalmente a la Iglesia. A veces era imposible porque el Padre sacaba el tema para abrirnos los ojos y para que rezaramos mucho por la Iglesia y el Papa.
San Josemaría nos enseñó a querer mucho al Papa “sea quien sea” nos decía, porque el Papa es como decía Santa Catalina “Il dolce Cristo in terra”, es el Vicecristo.
Nuestros esfuerzos para que San Josemaría pudiera descansar
Nos esforzábamos para que el Padre pudiera pasar un buen rato con nosotros y le contábamos anécdotas edificantes y positivas, o le cantábamos alguna canción. También disfrutaba mucho con los chistes. Yo soy muy malo contando chistes, nunca lo hago, pero esa vez me lancé a contarle un chiste. El chiste era malísimo pero el Padre lo escuchó como si fuera el mejor chiste que le hubieran contado en su vida, sie río mucho, lo celebró y no dejó de aplaudir. Yo estaría ruborizado.
El día que lo despedimos de Aralar nos pusimos de acuerdo para cantarle una canción que le iba a emocionar bastante como “Chapala” que la había oído en México cuando fue a ver a la Virgen de Guadalupe el año 1970. Hay que decir que a San Josemaría no le gustaban las despedidas, para no emocionarse. Muchas veces se iba sin decir nada.
Ese día en Aralar nos pusimos en la puerta de salida y empezamos a cantar Chapala, cuando vimos a San Josemaría los que estábamos cantando nos quebramos por la emoción y no pudimos continuar con la canción. Lo que aprovechó San Josemaría para salir corriendo y con una gran sonrisa nos hizo adiós. De allí a Madrid y en poco tiempo estaba iniciando su catequesis en América por Brasil. (P. Manuel Tamayo)
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