domingo, 7 de enero de 2024

 LOS GRANDES ACONTECIMIENTOS DEL 68

Alpakana, los inicios de la UDEP, las revueltas del mundo y nuestras ilusiones juveniles.

Cuando disfrutaba de las actividades de Alpakana el año 1968 estaba en el segundo año de Letras en la Universidad Mayor de San Marcos, tenía 19 años. Las clases eran en la mañana y por las tardes de 2.00 a 6.00 pm trabajaba en la mesa de partes en lo administrativo de la Corte Suprema.

Al terminar las clases en San Marcos regresaba en el ómnibus celeste de la Universidad y me bajaba en la Av. Bolivia para almorzar un menú de un restaurante en la esquina de la Av Uruguay con Washington, tenía que hacerlo con mucha prisa para llegar con puntualidad al trabajo. Al llegar había que firmar una lista. Los primeros meses fui meritorio hasta que me nombraron, por fin recibí mi primer sueldo, que para mi fue sensacional y grandioso.

Ilusiones juveniles y realismo

Tenía la ilusión grande de ser un profesional honesto y honrado, como lo fue mi padre, que fue Vocal de la Corte Suprema, cuando yo estaba estudiando en Roma.

El año 1968, cuando estaba trabajando en el Palacio de Justicia de Lima, el presidente de la Corte Suprema era Domingo García Rada y luego el año 69 le sucedió Alberto Eguren Bresani. Para mi ambos tenían mucho prestigio como excelentes magistrados.

Si embargo en la misma corte me di cuenta de las manipulaciones que había entre jueces y abogados y eso me dio pie para escribir, años después, un folleto que tenía como título: “El arte de hablar” donde hice referencia a los que no podían defenderse de las injusticias, porque no había nadie que hablara por ellos.

El año 2010, el Presidente de la Corte Suprema Javier Villa Stein, que había sido compañero mío en el colegio, me pidió que formara parte de la comisión de ética del poder judicial.

Ese año, al ver todo lo que había y lo que se veía venir, con respecto a la justicia, escribí un pequeño libro que se llamaba “La presencia de Dios en la lucha contra la corrupción” y lo presenté en el Palacio de Justicia de Lima, delante de varios magistrados. Fue como un canto de sirena, porque sabía perfectamente que, aunque me expresara con mucha claridad y precisión, las mismas autoridades me decían con sus ojos: “padre no se oye”; cuando terminé mi intervención me felicitaron y me daban la razón de todo lo que había argumentado, pero estaba claro que nadie iba a mover un solo dedo, para curar el cáncer de la corrupción, que amenazaba con extenderse más.

Éxitos y retrocesos del año 68

Volviendo al año 68, debo reconocer que fue fue emblemático, ese año el hombre llegó por primera vez a la luna; y para nosotros, en los temas que nos tocaban más de cerca, ese año fue muy significativo, porque el congreso de la república aprobó la ley de la Universidad de Piura, que presentó el Senador Luis Alberto Sánchez y al año siguiente la Universidad iniciaba su andadura.

 

El golpe de Velasco Alvarado

El año 68 fue el golpe militar de Juan Velasco Alvarado, con una serie de reformas que cambiaron la vida del país, y lo llevaron al borde de la quiebra. En el segundo semestre del 68 el Presidente Belaunde nombró un nuevo gabinete, mi tío y padrino Augusto Tamayo Vargas fue nombrado ministro de educación. Juraron el 2 de octubre de 1968 y el 3 de Octubre fue la revolución. Fue el gabinete más corto de la historia, solo unas horas.

El pretexto de la revolución fue que la International Petroleum Company (IPC), durante décadas se había negado a pagar los tributos de La Brea y Pariñas. El gobierno firmó con ellos el Acta de Talara (agosto de 1968), para que los yacimientos pasaran al Estado: la IPC conservaba la refinería de Talara, la exclusividad en la compra del petróleo crudo y el monopolio de la distribución de combustible. Estalló el escándalo de la "página Once", se dijo que había sido desaparecida, para ocultar el precio del mercado con que el Estado supuestamente los beneficiaba. Entonces Velasco dio el golpe acusando al gobierno de “entreguismo”.

El mismo 2 de Octubre mis padres estaban navegando en un buque italiano y cuando se encontraban anclados en Paita se enteraron de la revolución, dejaron el barco y retornaron a Lima por tierra. En todo el país hubo un rechazo al golpe. Los dos primeros años de la revolución no se notaba todavía la debacle que se notó después, en los años sucesivos.

Nuestras alegrías juveniles

Nosotros, que éramos jóvenes imberbes y sin experiencia, no advertíamos las consecuencias catastróficas que vendrían después con un gobierno de tinte marxista.  

Metidos en Alpakana disfrutábamos de los paseos y de las actividades deportivas con todos los chicos que aparecían por la casa. Nos centrábamos en grandes conversaciones para cambiar el mundo siguiendo los pasos de quienes, con mucha fe, nos hablaban de la santidad del Fundador del Opus Dei. Era todo un ambiente de acogida que nos cautivaba y nos hacía muy felices. Hasta el día de hoy recordamos con agradecimiento y alegría el haber participado de esos ambientes de gente valiosa que nos hacía soñar con planteamientos sanos y nobles que harían felices a todos.

 

Las protestas y revoluciones del 68

En esas épocas, a pesar de haberse iniciado en el mundo protestas juveniles y revoluciones, nosotros estábamos felices en nuestros ámbitos juveniles, metidos, tal vez, en una burbuja dorada.

En 1968, los Estados Unidos acumuló fracasos en Vietnam, la juventud se echó a la calle en Berlín, París y México, y Checoslovaquia desafió a Moscú. Fue un año de revueltas y esperanzas. Ese mismo año aparecían las críticas al capitalismo (a menudo acompañadas por una fascinación por la China comunista) se añadieron nuevas reivindicaciones: libertad sexual, feminismo y ecología.

Fue el año de la “primavera de Praga” En Checoslovaquia, Alexander Dubcek, nombrado a la cabeza del partido comunista en enero, probó un "socialismo de rostro humano" y liberalizó el régimen. Pero Moscú no aceptó y el 21 de agosto envió los tanques del Pacto de Varsovia para invadir el país. Hubo que esperar 20 años para ver resurgir la esperanza.

El trajín diario de nuestros años juveniles

Nosotros, impertérritos, conversando, cantando y jugando, vivíamos protegidos por el amor y el cariño de nuestros seres queridos que procuraban formarnos bien y no preocuparnos por esos desarreglos que ocurrían con otros jóvenes.

Sabíamos bien del movimiento Hippie que había capturado varios jóvenes en USA en la década de los 60 y de la comercialización de las drogas que empezaba a extenderse por todos los continentes. Pero todo eso estaba muy lejos de nosotros. Me refiero a los que estábamos en esos años formándonos al calor del Opus Dei. Gracias a Dios que fue así.

En mi diario trajinar de aquellas épocas, algunos días, para ir a la universidad y al trabajo, mi papá me prestaba un Taunus 17 m que tenía un radio “Punto Azul” ese año estaba de moda Radio Atalaya, que lo escuchaba siempre en los viajes a la universidad o al trabajo.

En Alpakana cada vez que había una reunión tocábamos guitarra con las canciones de moda. En noviembre del 68 apareció el álbum blanco de los Beatles, también la Fórmula V con “La playa, el sol, el mar, el Cielo y tú”, que la oíamos una y otra vez.

Todo era así y los partidos de fútbol de nuestra selección nacional, tal vez la mejor de todos los tiempos, con jugadores emblemáticos como Chumpitaz, Chale, Cubillas, Perico León, Baylón y Gallardo… Veíamos los partidos por la Tele escuchando las narraciones de Humberto Martínez Morosini y los comentarios de Pocho Rospigliosi.  

 

Los años tristes de la revolución

Poco tiempo después el gobierno de Velasco inicia la expropiación de los diarios y de los canales de televisión. Fueron años muy duros para todos los peruanos, quizá los peores, los vividos en el septenato del General Juan Velasco Alvarado.

Existía la posibilidad de que el gobierno comunista de Velasco expulsara al Opus Dei del Perú. El Consiliario del Opus Dei en el Perú, el P. Vicente Pazos, visitó a San Josemaría y le manifestó esta preocupación. El fundador del Opus Dei le regaló la imagen de un burrito que tiene el pie trasero levantado para darle una patada a quien se le acerque y le dijo que no pasará nada porque si alguien se acerca, con esas intenciones, el burrito se encargaría de darle una buena coz.

Solo nos queda agradecer a Dios y a la Virgen María, porque estuvieron muy cerca de nosotros en nuestros años juveniles y en esas épocas también recordamos cuánto le queríamos a ellos. ¡Cuánto bien nos hizo esforzarnos por querer cada día más a Dios y a la Virgen María! (P. Manuel Tamayo).

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