LOS GRANDES ACONTECIMIENTOS DEL 68
Alpakana, los inicios de la UDEP, las
revueltas del mundo y nuestras ilusiones juveniles.
Cuando disfrutaba de las actividades de
Alpakana el año 1968 estaba en el segundo año de Letras en la Universidad Mayor
de San Marcos, tenía 19 años. Las clases eran en la mañana y por las tardes de
2.00 a 6.00 pm trabajaba en la mesa de partes en lo administrativo de la Corte
Suprema.
Al terminar las clases en San Marcos
regresaba en el ómnibus celeste de la Universidad y me bajaba en la Av. Bolivia
para almorzar un menú de un restaurante en la esquina de la Av Uruguay con
Washington, tenía que hacerlo con mucha prisa para llegar con puntualidad al trabajo.
Al llegar había que firmar una lista. Los primeros meses fui meritorio hasta
que me nombraron, por fin recibí mi primer sueldo, que para mi fue sensacional
y grandioso.
Ilusiones juveniles y
realismo
Tenía la ilusión grande de ser un
profesional honesto y honrado, como lo fue mi padre, que fue Vocal de la Corte
Suprema, cuando yo estaba estudiando en Roma.
El año 1968, cuando estaba trabajando en
el Palacio de Justicia de Lima, el presidente de la Corte Suprema era Domingo
García Rada y luego el año 69 le sucedió Alberto Eguren Bresani. Para mi ambos
tenían mucho prestigio como excelentes magistrados.
Si embargo en la misma corte me di
cuenta de las manipulaciones que había entre jueces y abogados y eso me dio pie
para escribir, años después, un
folleto que tenía como título: “El arte
de hablar” donde hice referencia a los que no podían defenderse de las
injusticias, porque no había nadie que hablara por ellos.
El año 2010, el Presidente de la Corte
Suprema Javier Villa Stein, que había
sido compañero mío en el colegio, me pidió que formara parte de la comisión
de ética del poder judicial.
Ese año, al ver todo lo que había y lo
que se veía venir, con respecto a la
justicia, escribí un pequeño libro que se llamaba “La presencia de Dios en la lucha contra la corrupción” y lo
presenté en el Palacio de Justicia de Lima, delante de varios magistrados. Fue
como un canto de sirena, porque sabía
perfectamente que, aunque me expresara con mucha claridad y precisión, las
mismas autoridades me decían con sus ojos: “padre
no se oye”; cuando terminé mi intervención me felicitaron y me daban la
razón de todo lo que había argumentado, pero estaba claro que nadie iba a mover
un solo dedo, para curar el cáncer de la corrupción, que amenazaba con
extenderse más.
Éxitos y retrocesos del
año 68
Volviendo al año 68, debo reconocer que
fue fue emblemático, ese año el hombre llegó por primera vez a la luna; y para
nosotros, en los temas que nos tocaban
más de cerca, ese año fue muy significativo, porque el congreso de la
república aprobó la ley de la Universidad de Piura, que presentó el Senador
Luis Alberto Sánchez y al año siguiente la Universidad iniciaba su andadura.
El golpe de Velasco
Alvarado
El año 68 fue el golpe militar de Juan
Velasco Alvarado, con una serie de reformas que cambiaron la vida del país, y
lo llevaron al borde de la quiebra. En el segundo semestre del 68 el Presidente
Belaunde nombró un nuevo gabinete, mi tío y padrino Augusto Tamayo Vargas fue
nombrado ministro de educación. Juraron el 2 de octubre de 1968 y el 3 de
Octubre fue la revolución. Fue el gabinete más corto de la historia, solo unas
horas.
El pretexto de la revolución fue que la International
Petroleum Company (IPC), durante décadas se había negado a pagar los
tributos de La Brea y Pariñas. El gobierno firmó
con ellos el Acta de Talara (agosto de 1968), para que los yacimientos pasaran
al Estado: la IPC conservaba la refinería
de Talara, la exclusividad en la compra del petróleo crudo y el monopolio de la
distribución de combustible. Estalló el escándalo de la "página
Once", se dijo que había sido desaparecida, para ocultar el precio del
mercado con que el Estado supuestamente los beneficiaba. Entonces Velasco dio
el golpe acusando al gobierno de “entreguismo”.
El mismo 2 de Octubre mis padres estaban
navegando en un buque italiano y cuando se encontraban anclados en Paita se
enteraron de la revolución, dejaron el barco y retornaron a Lima por tierra. En
todo el país hubo un rechazo al golpe. Los dos primeros años de la revolución
no se notaba todavía la debacle que se notó después, en los años sucesivos.
Nuestras alegrías
juveniles
Nosotros, que éramos jóvenes imberbes y sin experiencia, no advertíamos las
consecuencias catastróficas que vendrían después con un gobierno de tinte
marxista.
Metidos en Alpakana disfrutábamos de los
paseos y de las actividades deportivas con todos los chicos que aparecían por
la casa. Nos centrábamos en grandes conversaciones para cambiar el mundo
siguiendo los pasos de quienes, con mucha
fe, nos hablaban de la santidad del Fundador del Opus Dei. Era todo un
ambiente de acogida que nos cautivaba y nos hacía muy felices. Hasta el día de
hoy recordamos con agradecimiento y alegría el haber participado de esos
ambientes de gente valiosa que nos hacía soñar con planteamientos sanos y
nobles que harían felices a todos.
Las protestas y
revoluciones del 68
En esas épocas, a pesar de haberse iniciado en el mundo protestas juveniles y
revoluciones, nosotros estábamos felices en nuestros ámbitos juveniles,
metidos, tal vez, en una burbuja dorada.
En 1968, los Estados Unidos acumuló fracasos en
Vietnam, la juventud se echó a la calle en Berlín, París y México, y Checoslovaquia
desafió a Moscú. Fue un año de revueltas y esperanzas. Ese mismo año aparecían
las críticas al capitalismo (a menudo
acompañadas por una fascinación por la China comunista) se añadieron nuevas
reivindicaciones: libertad sexual,
feminismo y ecología.
Fue el año de la “primavera de Praga” En
Checoslovaquia, Alexander Dubcek, nombrado a la cabeza del partido comunista en
enero, probó un "socialismo de
rostro humano" y liberalizó el régimen. Pero Moscú no aceptó y el 21
de agosto envió los tanques del Pacto de Varsovia para invadir el país. Hubo
que esperar 20 años para ver resurgir la esperanza.
El trajín diario de
nuestros años juveniles
Nosotros, impertérritos, conversando, cantando y jugando, vivíamos protegidos
por el amor y el cariño de nuestros seres queridos que procuraban formarnos
bien y no preocuparnos por esos desarreglos que ocurrían con otros jóvenes.
Sabíamos bien del movimiento Hippie que había capturado varios
jóvenes en USA en la década de los 60 y de la comercialización de las drogas
que empezaba a extenderse por todos los continentes. Pero todo eso estaba muy
lejos de nosotros. Me refiero a los que estábamos en esos años formándonos al
calor del Opus Dei. Gracias a Dios que fue así.
En mi diario trajinar de aquellas
épocas, algunos días, para ir a la
universidad y al trabajo, mi papá me prestaba un Taunus 17 m que tenía un radio “Punto
Azul” ese año estaba de moda Radio Atalaya,
que lo escuchaba siempre en los viajes a la universidad o al trabajo.
En Alpakana cada vez que había una
reunión tocábamos guitarra con las canciones de moda. En noviembre del 68
apareció el álbum blanco de los Beatles, también la Fórmula V con “La playa, el sol, el mar, el Cielo y tú”, que
la oíamos una y otra vez.
Todo era así y los partidos de fútbol de
nuestra selección nacional, tal vez la
mejor de todos los tiempos, con jugadores emblemáticos como Chumpitaz, Chale, Cubillas, Perico León,
Baylón y Gallardo… Veíamos los partidos por la Tele escuchando las
narraciones de Humberto Martínez Morosini
y los comentarios de Pocho Rospigliosi.
Los años tristes de la
revolución
Poco tiempo después el gobierno de
Velasco inicia la expropiación de los diarios y de los canales de televisión. Fueron
años muy duros para todos los peruanos, quizá
los peores, los vividos en el septenato
del General Juan Velasco Alvarado.
Existía la posibilidad de que el
gobierno comunista de Velasco expulsara al Opus Dei del Perú. El Consiliario
del Opus Dei en el Perú, el P. Vicente Pazos, visitó a San Josemaría y le
manifestó esta preocupación. El fundador del Opus Dei le regaló la imagen de un
burrito que tiene el pie trasero levantado para darle una patada a quien se le
acerque y le dijo que no pasará nada porque si alguien se acerca, con esas intenciones, el burrito se
encargaría de darle una buena coz.
Solo nos queda agradecer a Dios y a la
Virgen María, porque estuvieron muy cerca de nosotros en nuestros años
juveniles y en esas épocas también recordamos cuánto le queríamos a ellos.
¡Cuánto bien nos hizo esforzarnos por querer cada día más a Dios y a la Virgen
María! (P. Manuel Tamayo).
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