EL RELATIVISMO EN LAS AUTORIDADES (I)
“El relativismo es una corriente filosófica que afirma
que todos los puntos de vista son igualmente válidos, por lo
tanto, toda verdad es relativa a cada individuo” (diccionario).
“El relativismo ético y moral afirma que no hay moral ni ética universal”, (Diccionario).
“El subjetivismo es una doctrina filosófica que
afirma que la fuente de todo
conocimiento y de cualquier verdad depende de cada individuo” (Diccionario).
“Un
Gobierno Mundial elegido, junto con una Constitución y un Parlamento mundiales,
que tengan por cometidos asegurar el control de los mercados y la nueva
economía global y la salvaguardia de la paz, y apliquen políticas sociales y
ambientales que rectifiquen de manera incluyente la globalización” (Propuesta).
COMENTARIO
Cuando el
relativismo penetra en los gobiernos y en las autoridades todo “hace agua” y
las estructuras sólidas de un país terminan hundiéndose. El relativismo lleva a
la tiranía gubernamental cualquiera que sea el sistema de gobierno.
Todo país debe
funcionar con la verdad y por lo tanto con la coherencia de sistemas que vayan
con una antropología correcta del ser humano.
Una antropología
que respeta la finalidad de las personas para que los gobernantes sepan cuáles
son los medios aptos, (en salud y educación), para
que los seres humanos puedan desarrollar sus capacidades y logren vivir en la
armonía que se requiere para que todo camine bien.
El Estado debe
garantizar la paz social y los ambientes adecuados para la vida familiar y
laboral de los ciudadanos.
Los gobernantes
deben ser personas idóneas con capacidad para saber lo que es bueno para el
país. Esas autoridades procurarán encontrar los mejores caminos, a través de instituciones o empresas serias
y de prestigio, para conseguir los recursos necesarios para que la
población sea solvente y pueda vivir en paz.
Los infectados por la mentira
El relativismo
cambia la verdad por lo práctico o por lo que se considera conveniente. Ya no
importa tanto si es bueno o malo; se deja de lado la moral y todo queda a
merced del gusto o del capricho.
Cuando las personas
no han tendido una formación en virtudes y valores, es fácil que quieran tejerlo
todo con arreglos y mentiras, en ambientes donde el tráfico de influencias y
las presiones son el “pan nuestro de cada día”.
Movidos por
engreimientos y tarjetazos esos
personajes ambiciosos, van avanzando en una carrera por el “éxito”, acompañada de acomodos y ocultamientos,
que terminan en la corrupción, para luego generar los enredos de una telaraña
que ellos mismos tejieron, con sus faltas de honestidad y sus deseos de “trepar”,
para hacer “curriculum”.
Un poder que destruye y se deshace
El relativista
estatal piensa que hace bien a todos, que es suficientemente poderoso y cree que
él debe quedarse en el poder por el bien de los demás. Aunque parezca increíble
así es la presunción del relativista que se vuelve en un verdadero tirano.
Los relativistas,
si siguen en sus “trece”, inventarán “verdades”
para conseguir aprobación, a la larga, con
la tiranía que ejercen, buscarán el sometimiento de los que trabajan con
ellos y de todos los que buscan conseguir alguna gollería o prebenda.
Esas autoridades
del relativismo suelen mentir con un cinismo indignante, son hipócritas que se
disfrazan de honrados y acusan a los demás como los malos de la película. Son
los que ven “la paja en el ojo ajeno y no
ven la viga en el propio”
Lamentablemente hoy
se ve esta conducta en muchos políticos y gobernantes. Para desgracia de estos
“afortunados” la “luna de miel” en el poder les dura muy poco. Cuando pasa el
tiempo, estos infectados por la bajeza de
ambiciones impropias, se derrumbarán. El disfraz de “honrados” con el que
parecían afiatados, es endeble y termina rompiéndose; es entonces cuando todos empiezan
a ver la podredumbre de toda la mezquindad que llevaban dentro.
En la pandemia de
la corrupción hay una sarta de
infectados, que son impresentables para ocupar cargos representativos.
Algunas veces puede
dar la impresión de que no valen ni los que están, ni los que quieren estar;
con honrosas excepciones. (P. Manuel Tamayo)
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