¿PORQUÉ HAGO EL MAL QUE NO QUIERO?
“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero,
eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo,
sino el pecado que mora en mí. Así que,
queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (Rom, 7, 19-21).
“¡Guías ciegos, que
coláis el mosquito y os tragáis el camello”! (Mt. 15)
“¿Porque
ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, y se aferran a la tradición de
los hombres?»(Marcos).
COMENTARIO
A
todos nos ocurre, con bastante frecuencia,
lo que San Pablo afirma en la carta a los Romanos, que quisiéramos hacer el
bien y terminamos haciendo el mal. Por eso se dice que todo ser humano tiene
defectos y comete errores.
Ese
reconocimiento es importante para poder comprender y perdonar a las personas.
En la parábola del hijo pródigo el Señor nos enseña que el muchacho joven que
salió de su casa con los medios que su papá le proporcionó, quería lo mejor. Él pensó que siendo
independiente ya tendría condiciones para ser exitoso. Sin embargo despilfarró
todo lo que tenía y cayó en la ruina.
Esto
mismo ocurre con muchos jóvenes. Como decía alguno: “era muy joven y tenía derecho a equivocarme” Al joven se le comprende y perdona como hizo
el padre del hijo pródigo pero también se le enseña a que reconozca sus
errores. Nadie debe aplaudir los errores de los demás. No aplaudir no significa
condenar. Se le puede querer mucho diciéndole que se equivocó. Lo que no se
debe hacer es insultar, humillar y descalificar.
No todo lo que brilla es oro
Un
amigo me decía que a pesar de ser viejos y de tener mucha experiencia, no
alcanzamos a tener la ciencia, de que la apariencia engaña. Efectivamente eso
ocurre en todo el mundo, es el síndrome
de Caperucita, no nos damos cuenta que la abuelita que se nos presenta, de un modo sublime y angelical, termina
siendo el lobo feroz.
Multitudes
que en primera instancia canonizan, terminan luego condenando al que antes
eligieron. Junto a los lamentos finales aparecen las fotos de los primeros
días: “cuando todo era felicidad”
Poco suelen durar las lunas de miel, cuando los cimientos no son seguros.
Cuando
se mira solo la belleza externa de un edificio, y no se conocen los cimientos, tarde o temprano, pueden venir
circunstancias desastrosas. Lo que empieza mal, termina mal. De algo malo no
puede salir nada bueno. Antes de aprobar hay que mirar bien los cimientos, la
estructura donde se apoya el edificio.
Humildad y madurez para conocer la realidad del
ser humano
Cuando
era el inicio del siglo XX el mundo entero celebró la llegada de una nueva era
y se pensó que todo iba a ser distinto y mucho
mejor. Eran la filosofía analítica, la fenomenología y el existencialismo
las que marcaban las pautas para el inicio del modernismo. Se le dio mucho
énfasis a una nueva forma de ver al mundo dándole mucha importancia al hombre
como centro del universo ¿y qué ocurrió? El siglo XX trajo dos guerras
mundiales atroces, con la muerte de millones de jóvenes y dos ideologías que
hicieron mucho daño: el nazismo y el marxismo. No podemos dejar de reconocer
los grandes errores del ser humano que han destrozado a países enteros.
A
inicios del siglo XX ocurrió una gran tragedia que conmocionó al mundo entero.
Fue el 15 de abril de 1912. El día anterior partió para su viaje inaugural el
Titanic. El que leyó el discurso, exaltando las maravillas de ese trasatlántico,
dijo al terminar: “a este barco no lo
podrá hundir ni Dios”, todos aplaudieron mucho. Al día siguiente chocó, se
hundió y mucha gente se murió ahogada o por hipotermia. Los seres humanos nos
equivocamos y fallamos. La peor debilidad es, no reconocer la propia debilidad.
A
inicio del siglo XXI, todos hemos celebrado y deseado lo mejor para el siglo y el milenio que empezaba, sin embargo
empezaron las crisis económicas, primero el USA, luego fueron las torres
gemelas y la crisis económica en Europa. Se equivocaron hasta los grandes
expertos.
Hace
unos meses, en enero del 2020, nos deseábamos feliz año, y al poco tiempo se
nos vino la pandemia encima, con muchos errores humanos, que han tenido graves
consecuencias económicas y sanitarias. También ha sido un año de graves crisis
políticas en muchos lugares del mundo. Todo por fallos humanos.
Las personas necesitan el perdón, el aliento y
la comprensión
A
pesar de todo el ser humano necesita que se le comprenda, se le perdone y se le
de oportunidades. La sociedad necesita también que el arrepentimiento del que
no hizo las cosas bien sea sincero. Todos necesitamos aprender a pedir perdón y
a perdonar. Estas condiciones son básicas para saber elegir.
Es
urgente que se sepa qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, para que
pueda haber orientación y acierto. El relativismo, al ocultar la verdad, permite que se cometan graves injusticias que
dan inicio al reinado de la mentira y de la hipocresía, “aunque la carne se vista de seda, carne se queda”.
La elección de las autoridades
Uno
de los errores más grandes de la humanidad consiste en la desacertada elección
de las personas que van a ocupar cargos importantes. El error principal es no
mirar, o minimizar, los valores trascendentes.
Para
poder elegir bien es urgente y necesario mirar los valores trascendentes del
candidato y de los programas que lleva: el
amor y el respeto a la vida, la caridad con las personas, el amor a la familia,
el cuidado del orden moral de las personas, la educación moral de los jóvenes y
adolescentes, la calidad de enseñanza, el espíritu de servicio, el amor al país
y al mundo.
La
hoja o trayectoria de vida de los candidatos es importante conocerla (no es el “curriculum vitae” edulcorado que
se presenta para que se le eche incienso). Es conocer bien la vida de la
persona con sus aciertos y errores.
Para
elegir bien nos debe constar a todos, que el candidato es sincero y que tiene
una excelente unidad de vida.
Por
eso, es de sentido común afirmar, que no todos saben elegir; hay otros que, por distintas circunstancias, no pueden
elegir ni ser elegidos.
Urge formar bien la conciencia de las personas
Se
debe formar bien la conciencia para que las personas sean humildes, conozcan
sus limitaciones y se informen bien, sobre las capacidades y condiciones de
otros, antes de una elección.
Se
debería implementar en los colegios y en las universidades, unos cursos de
educación cívica que valoren la honradez y las virtudes humanas en general.
Cada persona debe querer ser honrada, trasparente y sincera. Que tengan el
gusto y la alegría de ser honestamente virtuosas.
Lamentablemente
hemos llegado a una situación política de oclocracia (el gobierno del tumulto) en todo el mundo, y con muy pocas excepciones.
Es casi como la ley de la selva, donde todos terminan diciéndose: ¡sálvese quien pueda!.
Los
candidatos que compiten parece que están en un ring de box, se insultan y se califican como delincuentes. Muchos,
para ganarse a la gente, se visten de ovejas, y por dentro están llenas de
rapacidad e inmundicia. En cambio, el que es bueno y honrado, ni se presenta.
La sociedad necesita cambios profundos
Estos
escenarios de mentira y corrupción deben desaparecer radicalmente, ya no se
deben permitir.
Urge
rezar para que de verdad se encuentre gente valiosa y bien formada que busque
sinceramente lo que sea mejor para el país y no para ambiciones personales o de
grupo.
Una
autoridad debe estar totalmente desprendida de beneficios particulares y tener
una auténtica vocación de servicio, con un gran amor a la patria, para poder estar
disponible a los requerimientos que hicieran falta.
Lo
que hemos considerado en este artículo no es pesimismo, es realismo con
esperanza. Estamos convencidos de que el ser humano puede mucho, cuando es honrado
y sincero, cuando tiene un auténtico amor a Dios y a los demás.
Vale
la pena ese cambio, radical y urgente,
que el mundo y el país necesitan, para que haya paz y progreso en toda la
humanidad. (P. Manuel Tamayo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario