PRESENCIA Y AUSENCIA DE LAS NUEVAS GENERACIONES
“Nacidos en un mundo globalizado,
marcado por la omnipresencia de Internet y la telefonía móvil, los chicos de
hoy no ha necesitado adaptarse a las pantallas ni a la tecnología, son los
auténticos nativos digitales. Su mundo no puede concebirse al margen de los
‘smartphones’, o la tecnología y estas herramientas condicionan, no solo su
forma de comunicarse con los demás, sino su capacidad para generar cambios
significativos en el entramado social” (Revista de los jóvenes).
“La diversión en exceso puede ser una forma de encubrir una gran
infelicidad” (Revista de los jóvenes).
“Una de las palabras más
espeluznantes en el mundo de hoy es el "aburrimiento". Y se presume que el opuesto del
aburrimiento es el dinamismo en exceso, muchos "fines de semana" divertidos. Muchas personas dicen: "Lo que más me gusta en él es que me
hace reír" o "Lo que más me
gusta es que no toma las cosas tan en serio". La obligación de divertirse es tan fuerte que a
veces nos sentimos culpables cuando pensamos que no estamos disfrutando lo
suficiente, o que no tenemos las herramientas emocionales para aprovechar como
Dios manda. La
diversión, el momento de fiesta, aparece en la historia de la humanidad como
algo sagrado. Muchos jóvenes se alejan de la
iglesia porque no sienten a Dios, dicen: está "distante", "o muerto", o "es irrelevante para mi"; muchos dicen "no noto a Dios" Para la mayoría de los jóvenes de hoy la
Iglesia y la religión tienen poca importancia en su vida diaria. Comparada con
la escuela, los medios sociales, el entretenimiento popular, los deportes y
demás diversiones, la Iglesia no les atrae ni les interesa no se sabe que rumbo
tomara el mundo. En general podemos afirmar en principio, porque no conocen la
fe, es decir, no conocen a Cristo; razón y fundamento para creer, para tener
fe. Si no se conoce a Cristo, ¿qué relación pueden tener con El? así mismo
¿cómo conocerlo? No se puede amar y confiar en alguien a quien no se conoce”. (Guerrera, Blogspot).
COMENTARIO
Las circunstancias actuales ayudan a poner el reflector en las nuevas
generaciones y nos hacen ver cómo reaccionan frente a los acontecimientos que
han aparecido de una forma intempestiva produciendo cambios inesperados y
sorpresivos.
Si los adultos estamos asombrados de la coyuntura actual por el modo y
la velocidad con la que vienen situaciones que no se han visto en el pasado, al
ver a los jóvenes, notamos en ellos una parsimonia preocupante. Ellos
encuentran una suerte de “felicidad artificial” cerrando los ojos a la
realidad.
Diversiones que ciegan
Muchos jóvenes piensan que han venido al mundo a divertirse y buscan
situaciones de diversión a como de lugar. Parece que las situaciones graves por
la que pasan muchas personas y el país en general no van con ellos. Es cuestión
de otros.
Los más acuciosos consiguen observar en el presente los logros de
estructuras sólidas ganadas a pulso por sus padres y abuelos, como la familia y
situaciones económicas solventes. La mayoría piensa que todas esas conquistas
son estables y no pueden perderse nunca. Tienen una “tranquilidad” irresponsable que no les durará mucho.
Las consecuencias de la inexperiencia
No tienen la experiencia de los años de guerra o de terrorismo que
fueron realmente catastróficos para toda la población y generadores de
injusticias y situaciones de miseria que claman al cielo y que existen en la
actualidad en los países de regímenes totalitarios donde no hay libertad.
A esto contribuye los problemas psicológicos que padece un gran sector
de la población. Las heridas del espíritu causan un descontento de fondo y tal
vez un trauma que les lleva a pensar que los culpables de su situación son las
generaciones anteriores que lo han hecho muy mal, algunos incluyen a sus mismos
familiares pensando que la solución está en la ruptura.
Muchos de los que hablan por la propia herida, gritan indignados, para
que venga algo distinto que pueda curarles la herida.
Los otros imberbes que viven “tranquilos” en su burbuja dorada, le dan
la razón a los indignados y apuestan también por el cambio.
Estos jóvenes, que desconocen el pasado y la auténtica antropología del
ser humano, lazan la piedra con los ojos cerrados, azuzados por políticos
ambiciosos de poder que se presentan como los liberadores de las causas justas
y son verdaderos lobos vestidos de oveja.
Da pena verles despistados, engañados y convencidos de una “sabiduría”
que no tienen y que defienden con una tozudez, en algunos casos bastante
enfermiza, al haber dejado que se cuelen odios y resentimientos reclamando
derechos que no les corresponde.
Defender la lucha para ser mejor y edificar y no la
que busca destruir para ganar.
Muchos jóvenes de hoy están presentes para protestar contra los sistemas
establecidos y están ausentes cuando se trata de defender las estructuras
buenas que hacen posible vivir en paz con el respeto a las personas y a las
instituciones que se crearon para cuidar y defender los valores que respetan la
libertad de las personas.
¿Dónde están los jóvenes que defienden la vida? ¿Dónde están los que
defienden la paz y las familias? ¿Dónde están los jóvenes voluntarios que
ayudan a los más necesitados? ¿Dónde están los que aman realmente a su país y
no lo destruyen? Parece que no están y
son la mayoría, solo hace falta que se manifiesten por amor a la Patria. (P. Manuel Tamayo).
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