martes, 2 de noviembre de 2021

LA PRETENCIÓN DE SIMÓN

 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo,  pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.  Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.  Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero,  diciendo: Dadme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios”.

 

COMENTARIO

Si bien toda persona tiene escrita en su naturaleza la ley natural, no basta con saberlo.  Para que el ser humano desarrolle sus capacidades y funcione bien, necesita ser educado. Está claro que todos nacemos con una capacidad para hablar, pero no traemos innato el idioma. Se requiere un tiempo de aprendizaje. Lo mismo ocurre con la ley natural, es necesaria la formación de la conciencia para saber qué es bueno y qué es malo.

 La experiencia en la formación de personas hace ver que todo resulta lógico y armonioso si se educa de acuerdo con la verdad. El ser humano es educable durante toda su vida, siempre necesita aprender más y si no lo hace, en lo que es escencial para vivir, empieza a fallar en muchos aspectos con limitaciones que lo desacreditan como persona.

La educación que respeta la antropología del ser humano, como una criatura que en su naturaleza tiene grabada la ley natural, le alcanzará los medios que la persona necesita para desarrollar esa cualidad innata que todos tienen.

 

Capacidades humanas

Es importate distinguir bien las capacidades que todos los seres humanos tenemos para ser persona, de aquellas otras, que también pueden ser innatas, pero que unos poseen y otros no. Por ejemplo un magnífico cantante. Cuando los seres humanos descubren a un cantante le alcanzan todos los medios posibles para que desarrolle esa capacidad y triunfe. De la misma manera hay que proceder cuando sabemos que todos los seres humanos tenemos en potencia unas capacidades que nos ayudan a ser persona. Nos referimos a los aspectos físicos y a los espirituales.

Siempre se ha dicho a lo largo de toda la historia de la humanidad, que la formación espiritual del ser humano, que tiene su inicio en la formación de la conciencia. Las personas deben crecer y vivir con la verdad para que puedan ser auténticos. Ser auténticos es ser sencillos y humildes. Ser como son y deben ser.

El hombre puede ser modificable en muchos aspectos y en la formación espiritual la modificación apunta a ser mejores personas: amables, comprensivos, serviciales, trabajadores, voluntarios, amigables, responsables y con cierta cultura elemental.

 

La incapacidad humana

Cuando no hay una buena formación de la conciencia, las personas caminan desorientadas, sin brújula, y podrían ir con una interioridad vacía y llena de sentimientos o pasiones incontrolables, sin los requerimientos para que puedan dominar el alma.

La evidencia más clara,  que puede causar graves problemas en el ser humano, es la existencia y extensión de la ignorancia. La persona que no conoce lo que es esencial está en peligro. Puede ser engañada fácilmente o convertirse en un empedernido engañador. La falta de virtud ciega y el amor propio crea resentimientos y envidias. Quienes viven cargados de estas limitaciones quieren salir airosos a como de lugar y están dispuestos gestionar lo que sea para tener lo que otros tienen y ellos no. No usarán nunca un camino honesto de esfuerzo y lucha sino las mañas y manipulaciones para obtenerlo de una manera ilícita y muchas veces delencuencial.

Simón el mago quería pagar para que le enseñaran a hacer milagros, pensando que esa era la forma de conseguir ese poder espiritual. “El que pueda entender que entienda”. (P. Manuel Tamayo).

 

 

 

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