COMPROMETIDOS Y LIBRES
“Un compromiso es una obligación que debe cumplirse por la persona que lo tiene y lo tomó” (Diccionario).
“El compromiso, además, es la capacidad que tiene una persona para tomar consciencia de la importancia que existe en cumplir con algo acordado anteriormente. Ser una persona que cumple con sus compromisos es considerado un valor y una virtud, ya que esto suele asegurar el éxito en los proyectos futuros y la plenitud”. (Diccionario)
“Cuando alguien se compromete, significa que está tomando un cierto grado de responsabilidad sobre algo en específico. Un compromiso puede ser visto como el objetivo de una o más personas a realizar. Éstas van desarrollando actos o acciones para poder concretarlo” (Diccionario).
COMENTARIO
Es muy difícil que tenga libertad una persona que no esté comprometida. Toda persona tiene vínculos, atentar contra ellos es caer en la posibilidad de perder la libertad. Los vínculos reclaman el amor que cada persona debe tener para respetar sus compromisos.
Si hablamos de Religión, el mismo término significa compromiso: “religare” es “atarse”. Una persona que practica la religión se ata a Dios y es un compromiso que lo hace libre.
Los compromisos familiares generan la libertad de sus miembros
En los aspectos humanos las ataduras de la familia nos liberan. El sí a un sometimiento familiar permite el desarrollo de las facultades humanas y un crecimiento afectivo normal. Cualquier alteración a los compromisos familiares produce desarreglos y disminuye la libertad propia y ajena.
La alegría del hogar tiene su“fundamento in re”, en el compromiso de fidelidad de los esposos y en la correspondencia de los hijos. El que es fiel, es feliz y propaga y aumenta la felicidad entre los suyos, especialmente dentro del nucleo familiar.
Si se dice que la familia es la celula básica de la sociedad, toda su estructura depende de la fidelidad matrimonial. Dios ha querido que el matrimonio sea un sacramento precisamente para reforzar la unión entre el hombre y la mujer y a partir de allí se estructura la familia entera, donde los hijos puedan crecer en un ambiente de libertad, que es de amor y fidelidad familiar. En esa estructura radica el poder de la familia.
La ruptura de los compromisos
Lamentablemente hoy, en determinados ambientes, se llega a pensar, que la libertad se tiene cuando se rompe un compromiso. Esta consideración hay que tratarla con pinzas.
Todo depende de la voluntad de querer que es la motivación principal para aceptar un compromiso. La decisión de la voluntad debe ser libre; el compromiso de un matrimonio es en función de la libertad de los contrayentes. Si no son libres, el matrimonio no existe, aunque se haya efectuado la ceremonia y se hayan cumplido con todos los protocolos.
La religión, como hemos dicho más arriba, es también un compromiso.
La educación en la libertad
Al niño hay que educarlo de acuerdo a la verdad y ayudarlo a formar su conciencia. En las primeras etapas de la vida, infancia y adolescencia, son los padres quienes eligen para los hijos y éstos viendo la elección que hacen sus padres conocen mejor las cosas y las valoran.
Cuando en la familia hay mucho amor, los hijos están contentos y se sienten libres con las elecciones que han hecho los padres de sus propios asuntos. Los papás que conocen bien lo que es la paternidad y la maternidad educarán a sus hijos para que ellos sepan elegir y buscarán la manera de que ellos hagan las cosas porque quieren. Es toda una obra de arte. El ser humano no es matemático, ni tampoco una máquina. Cada familia tiene su estilo y sus modos de educar. Lo que no debe faltar nunca es el amor.
Cuando las cosas no se hacen bien, sufren los compromisos y pierden su categoría, y así, por ejemplo, los juramentos se convierten en un “saludo a la bandera” como vemos que ocurre de modo habitual, y lo mismo tendríamos que decir de otros coimpromisos.
El miedo al compromiso
Muchos jóvenes hoy le tienen pánico al compromiso. Piensan que pueden estar libres si no se comprometen y luego vemos lo que ocurre con quienes actúan así, la gran mayoría terminan siendo esclavos de un libertinaje banal, que a la larga los lleva a la soledad más absoluta, después de haber pasado por un egoísmo ciego, lleno de vanidad e ingratitud. Es penoso ver la situación en la que se encuentran los que han obtado por un camino donde no existen compromisos serios y responsables.
Muchos adolescentes de hoy, e incluso los jóvenes que se encuentran en la generación de los mileniun, viven el día a día, sin ninguna proyección importante para un programa de vida con un compromiso serio que los involucre.
Hoy, junto a la verdad, hay que rescatar los compromisos, para que aumente la responsabilidad de las personas y puedan ir mejorando de día en día, creciendo en un auténtico amor a Dios y a los demás. (P. Manuel Tamayo).
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