sábado, 5 de octubre de 2024

 EL REGALO QUE TRAJO AL PERÚ UN PAPA SANTO

Juan Pablo II, el Papa viajero que recorrió el mundo.

Juan Pablo II fue canonizado el 27 de abril del 2014 junto a Juan XXIII, por el Papa Francisco, en la plaza San Pedro del Vaticano, en Roma.

En 1985 los que vinieron con el Papa al Perú se sentían cansados del trajín que suponía para ellos acompañar al Vicario de Cristo por todas partes.

Algunos decían que Juan Pablo II preparaba en los aviones sus homilías y discursos de los siguientes viajes. Él lo tenía todo listo, pero muchas veces improvisaba, sobre todo cuando quería insistir en algo, o hacer alguna broma para divertir a la gente.

 

El entusiasmo de las grandes masas

El Papa Juan Pablo II era el personaje más querido de la tierra. Las multitudes corrían tras él, todos querían estar a su lado. Algunos se amanecían en las calles tan solo por verlo pasar unos segundos. Haber visto al Papa era una gracia muy grande que quedaba grabada para el recuerdo.

La presencia del Santo Padre motivaba a todos a salir a las calles o a las plazas para verlo. Era el mismo Cristo que llegaba a los corazones de las personas con su Vicario que era santo. La gente viajaba, recorrían miles de kilómetros, permanecían muchas horas en el mismo lugar, corrían tras el Papa Móvil, gritaban arengas de aprobación, se emocionaban hasta las lágrimas. Y por supuesto se producían muchas conversiones.

Todos sus viajes fueron un motivo de acción de gracias a Dios, que era expresado por miles y tal vez millones de personas en todo el mundo. Nadie llenó tantas plazas y avenidas enteras.

Juan Pablo II sembró paz y alegría llevando a Cristo y a la Virgen María por todo el mundo.

 

La amenaza terrorista en el Perú

El Perú vivía en tensión por algunas acciones y amenazas terroristas que iban en aumento. El Papa habló con mucha fuerza y energía en Ayacucho contra la violencia, diciendo que no es camino: La violencia no es un medio de construcción. Ofende a Dios, a quien la sufre y a quien la practica".

Ayacucho era unos de los principales focos desde donde se extendían esas amenazas de violencia. Algunos pobladores de las zonas rurales abandonaron sus casas y se fueron a las grandes ciudades, otros organizaron grupos de ronderos para defenderse, con hondas, palos y armas artesanales que ellos mismos fabricaban.

Era penoso porque en algunas familias de la sierra los hijos podrían pelear en las filas de los terroristas, en la de los ronderos, o también podrían ser soldados del ejército. Lo terrible era cuando en una misma familia un hijo era terrorista y otro soldado o rondero.

 

Juan Pablo II en las provincias del Perú

El Papa salió de Lima para acercarse a los peruanos que vivían alejados de la capital. Estuvo en el Cuzco celebrando una paraliturgia inmemorial con la intervención de los pobladores que le contaban al Santo Padre lo que estaban haciendo en sus tierras.

En Ayacucho el Papa celebró la Santa Misa y predicó su homilía en el aeropuerto. Estuvo solo unas horas y al terminar, regresó a Lima.

Otro día fue a la ciudad de Arequipa donde coronó a la Virgen de Chapi y beatifico a Sor Ana de los Ángeles y Monteagudo.

También visitó la selva; estuvo en Iquitos en un ambiente muy colorido donde las flores y los atuendos de los habitantes de distintas comunidades indígenas marcaron la diferencia.

El Papa, que se adaptaba perfectamente a todos los ambientes hizo reír a la gente cuando, ataviado con una indumentaria de la selva, dijo sonriendo: “El Papa es Charapa”, se produjo una algarabía tremenda con hurras y aplausos constantes.

 

Siguiendo al Papa en Lima

En Lima y en el Callao tuvo encuentros multitudinarios, en la plaza de armas y en el hipódromo de Monterrico, con familias y chicos jóvenes. También estuvo en Villa El Salvador.

Quienes estuvieron en esos eventos recuerdan con agradecimiento la magnífica oportunidad de ver a un Papa santo que les hablaba de Dios y los cautivaba y de vivir, junto a miles de personas, dentro de un ambiente de entusiasta devoción, que contagiaba a todos.

Los que estábamos metidos todo el día en el canal de televisión para transmitir todos los recorridos e intervenciones del Santo Padre, al terminar la jornada, corríamos a la Nunciatura para ver nuevamente al Papa que salía por el balcón, para saludar a la gente.

Apretujados por un cordón policial, veíamos quienes entraban cada día para saludar al Santo Padre. Un día vimos pasar a Joaquín Navarro Vals, numerario del Opus Dei (fallecido el 5 de julio de 2017), que en 1984 había sido nombrado: director de la oficina de prensa de la Santa Sede.

 

Los desatinos de la llamada Teología de la Liberación

La Iglesia peruana en esos años sufría por los desórdenes que estaba causando la teología de la liberación entre el clero y muchos seguidores que pensaban haber encontrado un camino para la igualdad social. Las argumentaciones de esta ideología admitían los postulados marxistas de la lucha de clases.

San Josemaría nos había advertido de los peligros de numerosos libros que se habían escrito con errores doctrinales serios, que estaban afectando a comunidades religiosas y a muchos cristianos. Gracias a Dios se escribieron varias notas orientativas y se organizaron charlas para orientar a las personas advirtiéndolas de los errores doctrinales que se estaban extendiendo.

La Santa Sede sacó un documento dirigido a los obispos, con esas advertencias, para que orientaran a la feligresía de sus respectivas diócesis. El documento se llamaba: “Algunos aspectos sobre la teología de la liberación”

En Lima hubo que quitar de circulación unos textos escolares de religión escritos por los padres Idígoras y Bastos, que admitían errores doctrinales de consideración dando cabida a postulados marxistas. Los Monseñores Pélach y Kuner pusieron en circulación un catecismo nacional que sirvió también de antídoto para contrarrestar estos errores que se habían convertido en una amenaza para la vida espiritual de los cristianos.

 

La situación de mi familia de sangre

Este año, en el mes de mayo se casó mi hermano Roberto con Mónica Toro. La boda fue en la parroquia de la Medalla Milagrosa de San Isidro. Después de la boda tuvimos una cena en la casa de los suegros de mi hermano, fui con mi madre, mi hermana Teresa y mis otros hermanos para celebrar el acontecimiento.

Mi hermano Roberto que se había recibido de abogado hace unos años ingresó al tribunal jurídico de la Policía Nacional y luego, por sugerencia de mi madre y de la familia, ingresó al Tribunal de la FAP, recién había nacido su primer hijo en 1986.

Mi hermano Augusto estaba el Piura en un Juzgado hasta 1987. Mi hermano Guillermo tuvo bastante trabajo en Lima con la construcción de los departamentos. Estuvo también una temporada en Máncora, al sur del país con su familia, ya tenía 2 hijos varones en 1985, Carlos Manuel de tres años y Pablo de un año.

Mi hermana Teresa vivía en Lima con tres hijos pequeños: Gerardo de 9 años, Manuel de 8 y José Luis de 2 años de edad y mi hermana Rosa nos presentó a su novio Isaac León Frías, que además era su profesor en la facultad de comunicaciones de la Universidad de Lima. 

 

El Papa nos inyectó optimismo y esperanza para nuestros proyectos

El Papa nos trajo a todos muchas esperanzas. A nivel familiar los departamentos nuevos fueron como un espaldarazo para los proyectos familiares que cada uno tenía y que además se convirtieron en una suerte de trampolín para lanzarnos, en los siguientes años, a otras situaciones y lugares, por el crecimiento de la familia.

Los sobrinos fueron creciendo; y gracias a Dios en medio de una multiplicación de trabajos y ocupaciones, pude acercarme a ellos con la intención de apuntalar la integridad de la familia, les escribí unas cartas, hicimos algunas reuniones y partidos de fulbito en distintas canchas.

Habíamos comenzado, desde el año anterior, las Misas de Noviembre, para pedir por los familiares difuntos, que permitieron mantener y aumentar el contacto con todos nuestros familiares.

En los Centros de la Obra el crecimiento también fue exponencial, con el empuje que nos dio el Papa Juan Pablo II, las labores crecieron y los nuevos colegios Alpamayo y Salcantay estaban listos para iniciar, en un futuro próximo, su apertura y el comienzo de una nueva etapa de siembra de vida cristiana, con una cosecha que nos ha puesto muy contentos a la vuelta de los años. (P. Manuel Tamayo).

 

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