EL REGALO QUE TRAJO AL PERÚ UN PAPA SANTO
Juan
Pablo II, el Papa viajero que recorrió el mundo.
Juan
Pablo II fue canonizado el 27 de abril del 2014 junto a Juan XXIII, por el Papa
Francisco, en la plaza San Pedro del Vaticano, en Roma.
En
1985 los que vinieron con el Papa al Perú se sentían cansados del trajín que
suponía para ellos acompañar al Vicario de Cristo por todas partes.
Algunos
decían que Juan Pablo II preparaba en los aviones sus homilías y discursos de
los siguientes viajes. Él lo tenía todo listo, pero muchas veces improvisaba,
sobre todo cuando quería insistir en algo, o hacer alguna broma para divertir a
la gente.
El
entusiasmo de las grandes masas
El
Papa Juan Pablo II era el personaje más querido de la tierra. Las multitudes
corrían tras él, todos querían estar a su lado. Algunos se amanecían en las
calles tan solo por verlo pasar unos segundos. Haber visto al Papa era una
gracia muy grande que quedaba grabada para el recuerdo.
La
presencia del Santo Padre motivaba a todos a salir a las calles o a las plazas
para verlo. Era el mismo Cristo que llegaba a los corazones de las personas con
su Vicario que era santo. La gente viajaba, recorrían miles de kilómetros,
permanecían muchas horas en el mismo lugar, corrían tras el Papa Móvil,
gritaban arengas de aprobación, se emocionaban hasta las lágrimas. Y por
supuesto se producían muchas conversiones.
Todos
sus viajes fueron un motivo de acción de gracias a Dios, que era expresado por
miles y tal vez millones de personas en todo el mundo. Nadie llenó tantas
plazas y avenidas enteras.
Juan
Pablo II sembró paz y alegría llevando a Cristo y a la Virgen María por todo el
mundo.
La amenaza terrorista en el Perú
El Perú vivía en tensión por algunas acciones y amenazas terroristas que
iban en aumento. El Papa habló con mucha fuerza y energía en Ayacucho contra la
violencia, diciendo que no es camino: “La
violencia no es un medio de construcción. Ofende a Dios, a quien la sufre y a
quien la practica".
Ayacucho era unos de los principales focos desde
donde se extendían esas amenazas de violencia. Algunos pobladores de las zonas
rurales abandonaron sus casas y se fueron a las grandes ciudades, otros
organizaron grupos de ronderos para defenderse, con hondas, palos y armas
artesanales que ellos mismos fabricaban.
Era penoso porque en algunas familias de la sierra
los hijos podrían pelear en las filas de los terroristas, en la de los
ronderos, o también podrían ser soldados del ejército. Lo terrible era cuando
en una misma familia un hijo era terrorista y otro soldado o rondero.
Juan Pablo II en las provincias del Perú
El Papa salió de Lima para acercarse a los peruanos
que vivían alejados de la capital. Estuvo en el Cuzco celebrando una
paraliturgia inmemorial con la intervención de los pobladores que le contaban
al Santo Padre lo que estaban haciendo en sus tierras.
En Ayacucho el Papa celebró la Santa Misa y predicó
su homilía en el aeropuerto. Estuvo solo unas horas y al terminar, regresó a
Lima.
Otro día fue a la ciudad de Arequipa donde coronó a
la Virgen de Chapi y beatifico a Sor Ana de los Ángeles y Monteagudo.
También visitó la selva; estuvo en Iquitos en un
ambiente muy colorido donde las flores y los atuendos de los habitantes de
distintas comunidades indígenas marcaron la diferencia.
El Papa, que se adaptaba perfectamente a todos los
ambientes hizo reír a la gente cuando, ataviado con una indumentaria de la
selva, dijo sonriendo: “El Papa es Charapa”, se produjo una algarabía
tremenda con hurras y aplausos constantes.
Siguiendo al Papa en Lima
En Lima y en el Callao tuvo encuentros
multitudinarios, en la plaza de armas y en el hipódromo de Monterrico, con
familias y chicos jóvenes. También estuvo en Villa El Salvador.
Quienes estuvieron en esos eventos recuerdan con
agradecimiento la magnífica oportunidad de ver a un Papa santo que les hablaba
de Dios y los cautivaba y de vivir, junto a miles de personas, dentro de un
ambiente de entusiasta devoción, que contagiaba a todos.
Los que estábamos metidos todo el día en el canal de televisión para
transmitir todos los recorridos e intervenciones del Santo Padre, al terminar
la jornada, corríamos a la Nunciatura para ver nuevamente al Papa que salía por
el balcón, para saludar a la gente.
Apretujados por un cordón policial, veíamos quienes entraban cada día
para saludar al Santo Padre. Un día vimos pasar a Joaquín Navarro Vals,
numerario del Opus Dei (fallecido
el 5 de julio de 2017), que en 1984 había sido nombrado:
director de la oficina de prensa de la Santa Sede.
Los desatinos de la llamada Teología de la Liberación
La Iglesia peruana en esos años sufría por los desórdenes que estaba
causando la teología de la liberación entre el clero y muchos seguidores
que pensaban haber encontrado un camino para la igualdad social. Las
argumentaciones de esta ideología admitían los postulados marxistas de la lucha
de clases.
San Josemaría nos había advertido de los peligros de numerosos libros
que se habían escrito con errores doctrinales serios, que estaban afectando a
comunidades religiosas y a muchos cristianos. Gracias a Dios se escribieron
varias notas orientativas y se organizaron charlas para orientar a las personas
advirtiéndolas de los errores doctrinales que se estaban extendiendo.
La Santa Sede sacó un documento dirigido a los obispos, con esas
advertencias, para que orientaran a la feligresía de sus respectivas diócesis.
El documento se llamaba: “Algunos aspectos sobre la teología de la
liberación”
En Lima hubo que quitar de circulación unos textos escolares de religión
escritos por los padres Idígoras y Bastos, que admitían errores doctrinales de
consideración dando cabida a postulados marxistas. Los Monseñores Pélach y
Kuner pusieron en circulación un catecismo nacional que sirvió también de
antídoto para contrarrestar estos errores que se habían convertido en una
amenaza para la vida espiritual de los cristianos.
La situación de mi familia de sangre
Este año, en el mes de mayo se casó mi hermano Roberto con Mónica Toro.
La boda fue en la parroquia de la Medalla Milagrosa de San Isidro. Después de
la boda tuvimos una cena en la casa de los suegros de mi hermano, fui con mi
madre, mi hermana Teresa y mis otros hermanos para celebrar el acontecimiento.
Mi hermano Roberto que se había recibido de abogado hace unos años
ingresó al tribunal jurídico de la Policía Nacional y luego, por sugerencia de
mi madre y de la familia, ingresó al Tribunal de la FAP, recién había nacido su
primer hijo en 1986.
Mi hermano Augusto estaba el Piura en un Juzgado hasta 1987. Mi hermano
Guillermo tuvo bastante trabajo en Lima con la construcción de los
departamentos. Estuvo también una temporada en Máncora, al sur del país con su
familia, ya tenía 2 hijos varones en 1985, Carlos Manuel de tres años y Pablo
de un año.
Mi hermana Teresa vivía en Lima con tres hijos pequeños: Gerardo de 9
años, Manuel de 8 y José Luis de 2 años de edad y mi hermana Rosa nos presentó
a su novio Isaac León Frías, que además era su profesor en la facultad de
comunicaciones de la Universidad de Lima.
El
Papa nos inyectó optimismo y esperanza para nuestros proyectos
El
Papa nos trajo a todos muchas esperanzas. A nivel familiar los departamentos
nuevos fueron como un espaldarazo para los proyectos familiares que cada uno
tenía y que además se convirtieron en una suerte de trampolín para
lanzarnos, en los siguientes años, a otras situaciones y lugares, por el
crecimiento de la familia.
Los
sobrinos fueron creciendo; y gracias a Dios en medio de una multiplicación de
trabajos y ocupaciones, pude acercarme a ellos con la intención de apuntalar la
integridad de la familia, les escribí unas cartas, hicimos algunas reuniones y
partidos de fulbito en distintas canchas.
Habíamos
comenzado, desde el año anterior, las Misas de Noviembre, para pedir por los
familiares difuntos, que permitieron mantener y aumentar el contacto con todos
nuestros familiares.
En
los Centros de la Obra el crecimiento también fue exponencial, con el empuje
que nos dio el Papa Juan Pablo II, las labores crecieron y los nuevos colegios
Alpamayo y Salcantay estaban listos para iniciar, en un futuro próximo, su
apertura y el comienzo de una nueva etapa de siembra de vida cristiana, con una
cosecha que nos ha puesto muy contentos a la vuelta de los años. (P. Manuel Tamayo).
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