EL OLVIDO DE LOS POBRES
“Tiende tu mano al pobre” (cf. Si 7,32). La antigua
sabiduría ha formulado estas palabras como un código sagrado a seguir en la
vida. Hoy resuenan con todo su significado para ayudarnos también a nosotros a
poner nuestra mirada en lo esencial y a superar las barreras de la
indiferencia. La pobreza siempre asume rostros diferentes, que requieren una
atención especial en cada situación particular; en cada una de ellas podemos
encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló estar presente en sus hermanos más
débiles (cf. Mt 25,40). (Papa Francisco)
«Era un hombre rico que
vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno
pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,
deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros
venían y le lamían las llagas” (Luc. 16 – 19)
COMENTARIO
Cuando en un país hay
situaciones evidentes de pobreza y de riqueza, cuando se ven barrios con casa
elegantes y bonitas y otros barrios populosos con chabolas, sin pistas, sin agua
y con bastantes limitaciones, lo lógico sería pensar: ¿cómo hacer para que
todos tuvieran las mejores condiciones para vivir y ser felices?
Sin embargo, las
miradas que existen sobre el cuadro que hemos presentado en el párrafo anterior
son muy diversas.
En un artículo que
entregamos hace unos años recordábamos lo que había apuntado el filósofo Max
Scheler en uno de sus escritos, decía él: “si ponemos frente a la
catedral de Colonia a un arquitecto, a un patriótico alemán, a un ferviente católico
y a un marxista, y les preguntamos que digan, en pocas palabras una opinión
sobre la catedral: el arquitecto diría que es una de las mejores obras de
arquitectura del mundo, el alemán diría que ese monumento representa la
grandeza de Alemania, el ferviente católico diría que la grandiosidad de la
Catedral era para Dios al que debemos adorar y darle lo mejor y el marxista
diría que representa al poder de los ricos y que ese dinero hubiera sido mejor
empleado para dárselo a los pobres”. Max Scheler decía que
el que mejor había respondido era el ferviente católico, porque la finalidad de
la Catedral es para adorar a Dios.
Frente a un panorama
real de pobres y de ricos hay muchas interpretaciones. Unos le echan la culpa a
los ricos diciendo que son egoístas y que se ha apoderado de todo, otros dicen
que los culpables son los pobres porque son vagos y no trabajan, y hay otros
que le echan la culpa al Estado que no hace nada.
Responsabilidad
personal
Creo que es importante
darle prioridad a la responsabilidad personal.
El espacio que se
necesita para ser responsable es la libertad. El Estado es quien debe
garantizar esos espacios de libertad para que las personas desarrollen sus
capacidades y salgan adelante. Para lograrlo es necesaria la familia, que es el
ámbito natural donde todo ser humano crece y se desarrolla, y luego la escuela
que ayuda en la educación que dan los padres a sus hijos.
La formación que se
recibe en la casa y en la escuela no se limita a los aspectos académicos, es
fundamentalmente para que seamos buenas personas, (honrados, generosos, buenos, serviciales, solidarios). De la gente
bien formada depende el orden de una sociedad. Esto es lo elemental.
La
ayuda de la gracia de Dios
Todo lo anterior es
ideal y solo sería factible sin mayores contratiempos, si el hombre no tuviera
pecado.
La existencia del
pecado es algo que todos tenemos que reconocer porque es evidente, lo notamos
en nosotros mismos y el los demás. Para ganarle al pecado llega Jesucristo que funda
la Iglesia, indica el camino a seguir, e instituye los sacramentos para ayudar
a fortalecer a las personas. Esta ha sido, durante siglos, la prédica de la
Iglesia. Convencer a los hombres que sin Dios nada se puede hacer.
Los
intentos sin contar con Dios
El que no está con Dios
puede ser filántropo (un gestor de obras
sociales para ayudar a los pobres), pero no podrá vivir la caridad que es
el amor a Dios y a los demás, incluyendo a todos y en especial a los que tienen
más necesidad.
Con la filantropía a
secas es muy difícil arreglar las cosas, siempre se cuelan abusos, atropellos,
injusticias. El filántropo tratará de arreglarlo todo con sistemas,
reglamentos, leyes. Un estado filántropo restringe totalmente la libertad de
las personas, las corta con la misma tijera, las controla, las disminuye y
luego termina perdiéndolas.
Es la tragedia de los
gobiernos totalitarios, parece que todos están dentro de una cárcel, pueden
funcionar las cosas, pero no las personas. En esos gobiernos las personas están
en función de las cosas y no las cosas en función de las personas.
El
olvido de los pobres
Dios nos crea libres
para que cada uno de nosotros sea responsable y quiera el bien de todos. El
hombre que se aparta de Dios se desorienta con mucha facilidad y por supuesto
se olvida del su prójimo.
Los que ponen el
corazón en sus cosas y tienen mucho pueden ser como el rico Epulón del
Evangelio, que era buena gente, comía e invitaba a sus amigos, pero se olvidó
de los pobres, como si no existieran. No era capaz de darse cuenta que Lázaro
el pobre estaba comiendo de las migajas que a él se le caían.
Hoy mucha gente que
está bien acomodada se ha olvidado de los pobres, saben que existen, incluso
los mencionan en sus discursos, reclaman para que “alguien” haga algo pero
ellos no se involucran, no tienen tiempo, no hay comunicación, y luego pasa lo que pasa…. (P. Manuel Tamayo)
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