CAMINANDO EN UN CAMPO MINADO
“Una mina terrestre es un artefacto explosivo diseñado para ocultarse
enterrándola a poca profundidad o camuflándola sobre la tierra de tal forma que
el explosivo que contiene detone al ser activada inadvertidamente por una
persona o vehículo. Se componen de una carga explosiva y un detonador” (Wikipedia).
“Una virtud es una disposición de la persona para obrar de acuerdo con
determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la
belleza. La virtud se opone al vicio, y tiene
una gran importancia para la vida ética” (Wikipedia)
“El heroísmo señala
el grado de grandeza de alma hasta el que se elevan los héroes; la heroicidad
es precisamente esta grandeza del alma, que constituye al héroe, y que este
pone en acción” (diccionario).
“Se considera a la santidad como una capacidad divina del hombre, que lo vuelve capaz de
apartarse del pecado y de seguir el camino de la virtud” (Diccionario).
COMENTARIO
No hace falta estar en una guerra para tener
la sensación de caminar con una gran inseguridad pensando que en cualquier
momento nos podría estallar una mina que nos cambie la vida.
Nadie está libre de esa posibilidad: nos
podríamos infectar de Covid en el momento más inesperado, sin que nos demos
cuenta, solo por habernos desplazado un poco por la calle, o al hacer una
visita familiar, y de pronto nos agarra de sorpresa.
Podría ocurrir también que, al salir a
la calle, un asaltante en moto nos quite lo que tenemos y que además nos pegue
un disparo que acabe con nuestra vida o nos deje inválidos.
Una tercera posibilidad es que, siguiendo estrictamente los protocolos
establecidos, perdamos el trabajo, porque el negocio no resiste más y
quiebra, o porque el puesto que teníamos ha sido eliminado.
Hoy todo ocurre de modo sorpresivo e
inesperado para las grandes mayorías. Las sorpresas, de esta época, en las actuales circunstancias, no
suelen ser alentadoras, son más bien dramáticas, con algunas excepciones,
¿Quién no ha recibido este año varias llamadas con noticias trágicas y
desalentadoras?
Un desafío para todos
Estas nuevas circunstancias, que nos tienen en vilo, podrían terminar,
si nos proponemos ganar, cada uno, en
virtudes humanas para conseguir poner lo mejor de nosotros mismos.
Hace dos años nadie se imaginaba lo que
ahora estamos viviendo, si alguien nos lo hubiera profetizado lo calificaríamos
de tremendista o de loco. Sin embargo esta realidad que a nadie gusta, ha
creado héroes y santos.
Algo que todavía no se conoce bien y que está en la vanguardia de la solución
Es impresionante observar el ambiente
que se ha generado en muchos hospitales y clínicas. Muchos profesionales de la
salud, médicos y enfermeras volcándose en atenciones con mucha delicadeza y
cariño a los enfermos y a sus familiares.
Es una actividad que no para, día y
noche y todos los días.
Los enfermos siguen llegando y las
atenciones siguen funcionando en medio de graves complicaciones por falta de
recursos. El recurso que no falta, en la mayoría de los casos es el humano, que
tiene, en las actuales circunstancias, un enorme valor. Se habla y se dice poco
de estos valores de primer orden.
En las circunstancias actuales lo importante es lo urgente
Las preocupaciones de las autoridades y del
poder mediático van por otros derroteros, y tienden a ser más políticas o
protocolares, que humanas.
La incertidumbre continúa, no se sabe
hasta cuando. En algunos lugares parece que la luz empieza a llegar, pero no es
seguro, continúan las “amenazas” de una tercera ola. La guerra todavía no está
ganada y no sabemos cuánto durará. Seguimos caminando en un campo minado.
Lo que se requiere es la entereza humana
que dan las virtudes, que es lo opuesto al egoísmo. Es una unidad tejida con el
amor humano auténtico, el amor por el prójimo sin hacer acepción de personas y
evitando la descalificación de las mismas. Ayudemos a todos sirviendo a todos.
Esto ahora es lo importante que nos pone en condiciones para atender todo lo
que es urgente. El país necesita un nivel alto de virtudes humanas en su
población. Con la ignorancia y la dejadez indolente pisamos todas las minas y
quedamos destruidos. (P. Manuel Tamayo).
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