DUDAR DE LA DUDA
“Ahora bien, la fe es la
garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella
fueron aprobados los antiguos. Por la fe
entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo
visible no provino de lo que se ve. Por la fe
Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual
recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel,
a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la
fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado
porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber
agradado a Dios. En realidad, sin fe es
imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que
creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por
la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente
construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó
a ser heredero de la justicia que viene por la fe” (Heb. 11, 1-7).
COMENTARIO
Si el ser humano duda de todo tampoco
podría tener certeza de la duda. Si pensamos bien sería absurdo afirmar que
hemos nacido para dudar cuando en la vida nos piden decir siempre la verdad en
todos los campos donde nos encontremos. De aquí se deduce lógicamente que el
hombre puede conocer la verdad y cuando la encuentra debe ser honesto afirmando
su existencia y reconociendo su valor.
Si viajamos a la China tendremos que
reconocer que existe porque lo hemos constatado al llegar, si nos han dicho que
somos hijos de nuestros padres creemos que es verdad y no se nos ocurre hacer
una investigación, a no ser que aparezca algún dato que nos haga dudar. Si
vamos a comprar un alimento a una tienda no solemos dudar de su calidad, a no
ser que salte a la vista algo que se salga de lo normal.
Cuando la inteligencia
nos conduce a la confianza
Vivir dudando y sospechando es caer en
una esclavitud tonta e inútil. El ser humano para vivir necesita confiar y
cuando se confía no se duda. No es fácil confiar en una persona que esté
dudando constantemente o que la duda sea su estilo de vida.
El ser humano necesita certezas. El
mecánico bueno que le arreglará bien el carro, el piloto bueno, que no solo
sabe llevar bien su vehículo o el avión, sino que también está en condiciones
de hacerlo, el médico que es una eminencia en su especialidad y nos da garantía
de hacer una operación excelente.
La autoridad de la paternidad
En los aspectos espirituales el ser
humano necesita certezas. Un guía que lo conduzca bien por su experiencia y
bondad. Un maestro que conozca la materia que enseña y quiera de verdad a sus
alumnos.
Un hijo necesita formarse en las
certezas de sus padres. Los padres buenos le dicen la verdad a sus hijos y lo educan
con la verdad buscando que el hijo no sea un mentiroso y que tampoco viva con
la angustia de la duda. Un hijo bien educado tiene firmeza en sus convicciones
cuando estas están asentadas en la verdad, que los hace libres.
La inseguridad y las
angustias de la conciencia dudosa
La duda es lejanía, no intervención, un
falso respeto que permite todo. El que duda puede dar cabida a la indulgencia y
a la candidez en su modo de proceder, o ser un ecléctico o hasta sincretista en
su conducta habitual, piensa que puede ser amigo de Dios o del diablo, aunque
en estos temas no entra porque suele caer en el agnosticismo, que es el reino
de la duda con un vestido de respeto. Entonces vive angustiado y con muchos
temores. No sabe pelear contra el mal y vive en una complicidad solapada. Suele
ser un voluntarista que ha puesto en situaciones, no arregladas con el bien,
capas de pintura, para que lo exterior se vea bello. Vive atrapado con heridas
cubiertas con las vendas de los “curanderos” y sin utilizar las medicinas
adecuadas para lograr la salud que llegará cuando se opta por la verdad
saliendo de la duda.
La fe como cimiento de
la verdad
El hombre solo no puede salir airoso.
Sus propios pecados lo atoran y lo amarran hasta la desesperación.
El camino para salir es el de la fe y la
fe es creer en la verdad. Es una verdad que no se ve pero que crea más certeza
que si se viera.
San Pablo dice: “no nos fijamos en lo que se ve
sino en lo que no se ve, lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es
eterno”
El que pueda entender, que entienda (P. Manuel Tamayo).
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