DIOS ME LO DIO, DIOS ME LO QUITÓ
“Dios ha mostrado su generosidad con nosotros desde el comienzo de la creación. Antes de crear al hombre y a la mujer él se aseguró de crear y proveer todo lo necesario para su supervivencia. Creó una atmósfera propicia. Creó el agua, las plantas, los animales y todo lo que contribuiría a que el ser humano pudiera vivir en este planeta con todas sus necesidades básicas cubiertas” (Biblia, on line).
“Pero Dios no nos dejó sobre la tierra y se olvidó de nosotros. Todavía hoy, todo lo bueno que hay en nuestras vidas, todo lo que contribuye a nuestro bienestar tiene su origen en Dios. Tendremos que reconocer que Dios es el origen de todo lo bueno. Y así será por siempre pues él no cambia...” (Biblia on line).
“El sufrimiento no viene sólo como consecuencia del pecado. Dios permite el dolor para darnos oportunidades maravillosas de crecer en vida espiritual. En medio de las grandes dificultades aparece la misericordia divina y su terna protección” (Juan Alberto Betancur).
“Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job, 1, 21).
COMENTARIO
Las mejores cosas que hemos recibido en el mundo nos las ha dado Dios de un modo personal.
Dios nos dio unos padres que nos trajeron al mundo y nos educaron con amor. Dios nos dio unas personas que nos amaron mucho, unas de la propia familia y otras que procedían de otros ambientes y les guardamos una gratitud infinita.
Dios nos ha dado hijos para que los amemos, educándolos y formándolos para que sean buenas personas y vivan felices, primero en la tierra y después en el Cielo.
Dios nos ha dado unos recursos para poder vivir con dignidad y poder ayudar a otras personas en los aspectos materiales y espirituales.
Con un agradecimiento infinito
Hemos estado muy contentos con lo que Dios nos ha regalado con tanta generosidad y allí hemos puesto nuestro corazón y quisiéramos que todo eso que hemos recibido sea para siempre.
Sin embargo el “para siempre” no corresponde a este mundo y el Señor nos lo hace ver cuando nos parece que lo perdemos.
La felicidad es en el Cielo
Cuando muere un ser querido pensamos que es una gran pérdida y nos quedamos compungidos y tristes, pero el Señor nos hace ver que la felicidad total no la tenemos aquí, sino en la otra vida y allí también nos encontraremos con aquellas personas que partieron antes con nosotros y que se ganaron el Cielo.
En este mundo los seres humanos sufrimos la muerte de nuestros abuelos y después la de nuestros padres, también en otras ocasiones la de nuestros hermanos, de amistades entrañables, e incluso de los hijos.
Son situaciones en las que se nos parte el corazón, pero no debemos olvidar, que hay un Dios que nos consuela y nos ha prometído la vida eterna de felicidad, que es donde tendríamos que llegar todos.
Apuntemos sin miedo al Cielo en todas las etapas de nuestra vida y acertaremos siempre. Es entonces cuando podemos entender bien que Dios nos da, por un tiempo, unas personas, que después ya no las tendremos al lado en esta tierra, y lo que nos corresponde, es aceptar su voluntad y seguir luchando con optimismo y esperanza para llegar a ese lugar de felicidad total, que es el Cielo. Ojalá lleguemos todos. (P. Manuel Tamayo)
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