domingo, 16 de julio de 2023

 SIENTO, LUEGO EXISTO

Los desarreglos del emotivismo

 

“Se conoce como Emotivismo Etico a aquella corriente meta ética (parte de la ética que se ocupa del análisis del lenguajemoralque sostiene que los juicios de valor proceden de las emociones individuales y entonces el fin será persuadir a los demás para que sientan como sentimos nosotros, e incluso tratar de conseguir que aquellas que personas que piensan totalmente distinto valoren de la misma manera que nosotros las situaciones” (Diccionario).

 

“El Emotivismo no hace uso de los medios racionales para demostrar la validez de su propuesta, aún más, prescinde absolutamente de ella, empleando solamente las emociones y su espontaneidad como medios para poder conocer la verdad moral” (Diccionario).

 

“Mientras los hombres no encuentren placer en la virtud, no podrán perseverar” (Santo Tomás de Aquino).

 

 

COMENTARIO

 

Para la gran mayoría de los jóvenes, especialmente para los que han nacido con un celular en la mano, la mentalidad que llevan no suele responder, en gran medida, a los razonamientos humanos o a la fe sobrenatural, por tener, aunque ellos no se den cuenta, una carga importante de emotividad.

 

Esta situación, que no deja de ser preocupante, por las consecuencias que puede traer, la padecen fundamentalmente los que no han recibido una sólida formación cristiana, o los que, habiéndola recibido, se dejan llevar por los cuestionamientos y las presiones de los excesos de juventud de sus coetáneos, o por personas que les interesa, por diversos motivos, que no aprendan los requerimientos de una moral tradicional.

 

 

Vivir con las emociones y con dudas sin resolver

 

La mentalidad de estas nuevas generaciones podría calificarse como la propia de una sociedad líquida, que no tiene un fundamento seguro y que va creando por doquier, personas sincretistas, eclécticas, indulgentes y permisivas, que podrían fácilmente convertirse en agnósticas o estóicas, acumulando dudas, sin que les importe demasiado salir de ellas. Lo importante para ellos es vivir y disfrutar el día a día. 

 

 

Creen que el camino correcto consiste en buscar nuevas experiencias

 

Con muy pocas excepciones muchos jóvenes de hoy podrían calificarse como sofistas del siglo XXI, personas que han puesto la razón al servicio de sus sentimientos y que creen que lo que sienten explica la razón de sus vidas y de acuerdo a esos sentimientos, deben tomar las decisiones más importantes de sus vidas. Están seguros que la conquista de su autonomía o independencia, les hará libres para acertar en sus decisiones.

 

Pensar que las emociones son vinculantes es un error

 

Surge así el sujeto emotivo contemporáneo que busca sentirse bien con los demás creyendo que sus emociones crean vínculos, y no se dan cuenta que el espacio en el que se mueven es inseguro y superficial. 

 

El sujeto emotivo que busca experiencias por su propia cuenta está convencido que aprovecha bien el tiempo y que así podrá tener un conocimiento más amplio de la realidad. 

 

El psiquiatra Enrique Rojas dice que un padre de una familia numerosa, campesino, que vive en el campo y junto con su mujer educan a sus hijos tiene más conocimiento de las personas que un turista que se dedica a viajar por todas partes. El secreto está en el compromiso de amor de ese matrimonio que está unido. 

 

Los sujetos emotivos pueden no darse cuenta, cuando se trata de la afectividad, que el auténtico amor necesita purificar el “eros” (amor de placer) con el “agape” (amor de entrega y sacrificio).

 

Es imposible querer purificar los afectos solo con un voluntarismo (el imperio de la voluntad). Quienes se encuentran en esta situación van a tener dificultades en el trato con Dios y en el trato con los demás, porque no están en capacidad de entender lo que es un compromiso.

 

No buscarán a Dios como es, en si; sino que buscarán un Dios “para mi” (camino equivocado). El autocompromiso no es compromiso. No debemos enmendarle la plana a Dios.

 

 

Los sujetos emotivos podrían tener una noción equívoca del sacrificio

 

De esa manera jamás descubrirán la belleza de la Cruz y del sacrificio. Le llamarán sacrificio al esfuerzo que ponen para quedar bien o para conquistar algo. Está desligado completamente del espíritu de compunción y no entenderán, y piensan que no es para ellos, la tarea de corredimir. 

 

La emoción que prende en la interioridad de ser humano debe ser obra del Espíritu Santo. Una formación que no cuenta con la vida interior de amor a Dios, se quedará en la razón, es una luz para conocer un criterio, pero no es una moción que mueve y enciende los corazones de las personas. La diferencia es abismal.

 

La falsa seguridad del emotivista

 

El emotivista de hoy vive habitualmente en una zona de inseguridad, que la arrastrará toda la vida, si no toma la decisión de salir de ella. 

 

Es el amor propio el que impide esa salida. Cuando el egoísmo crece el hombre se siente más poderoso y termina expulsando a Dios de su vida. 

 

El emotivista se vuelve terco, no quiere escuchar razones y si las escucha, las está rechazando sobre la marcha. Araña a su interlocutor porque sus respuestas no tienen fluidez, son como un capricho con una terquedad penosa y disforzada. 

 

El emotivista, en vez de reconocer y valorar el amor que ha recibido quiere “libertad” para explorar el mundo porque podría encontrar un amor en otro sitio. 

 

Su correspondencia al amor que ha recibido es muy pobre y en vez de buscar amar se dedica a buscar amor. Allí está su error. Pero muchas veces su ceguera es tan grande como su egoísmo y eso le puede hacer perder muchos años. 

 

La única manera de salir de ese laberinto es lograr, con la ayuda de los demás, que su vida sea teocéntrica y no antropocéntrica. Recemos por ellos. (P. Manuel Tamayo).

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