EL INCENDIO DE LA CABAÑA Y LA LLEGADA DE TERUSATO
Olivares al inicio de los años 80
Empezó la década de los 80 con bastante movimiento. Llegaron a Olivares nuevos refuerzos: Renzo Forlín (numerario, actual director del colegio Alpamayo), Miguel Arce (actualmente sacerdote numerario, reside en Piura) y nos anunciaron que vendría a “Olivares” un diplomático japones, recién convertido al catolicismo y numerario del Opus Dei: Terusato Saquimoto, que llegaría en unos meses.
Los arreglos y el incendio
Era verano y teníamos que hacer arreglos en la casa para ponerla a punto y poder recibir a más residentes. Ganamos espacios en la zona del jardín habilitando unos cuartos que estaban abandonados que se utilizaban como depósito, también había que arreglar el parket y conseguimos que nos regalen las pequeñas maderas que necesitábamos para dejarlo todo bien.
Metidos en esos ajetreos hubo un descuído que originó un incendio de excesivas proporciones para nosotros, en esas circunstancias bastante precarias en las que nos encontrábamos.
El incendio arrancó cuando estábamos durmiendo por la noche, despertó al P. Antonio Ducay que dormía en un cuarto que estaba frente a la cabaña y él nos dio la alarma.
Corriendo nos acercamos a las ventanas y al ver a la cabaña envuelta en llamas, nos agarró un miedo tremendo que nos hizo temblar. Cerramos rápidamente todas las ventanas de la casa. Renzo se fue al teléfono para llamar a los bomberos, sin percatarse que habían cortado todas las líneas telefónicas por una huelga de los trabajadores.
Había una manguera el el jardín, queríamos apagar el fuego con ella, pero botaba un chorrito ridículo de agua, solo nos quedaba ver que la cabaña, totalmente chamusqueada, se venía abajo.
El fuego se podría extender
Empezamos a sacar de la casa todo lo que pudimos. Nos parecía que el incendio podría crecer, y extenderse mucho más, porque la enredadera que cubría la casa era una leña excelente para que prenda. Pero gracias a Dios eso no ocurrió.
Grande fue nuestra sorpresa, obra de la Providencia, cuando oímos la alarma de los bomberos que pasaba cerca. Regresaban de un incendio y al ver el fuego se dirigieron a nuestra casa.
Al llegar, tuvieron dificultades para entrar con sus equípos, lo hicieron trepando el muro y cuando llegaron con sus mangueras, la cabaña ya era un amasijo de cenizas. De todos modos estuvieron un buen rato echando agua para eliminar cualquier chispa que pudiera saltar a la casa.
En esa madrugada nos quedamos unas horas mirando las brasas encendidas con un cansancio atroz y con la mente ida. No había tiempo ni ganas para pensar. Nos fuímos a la cama para tratar de dormir en el poco tiempo que nos quedaba.
Al día siguiente
El día siguiente nos despertamos como si no hubiera pasado nada, sin embargo todo el mundo nos preguntaba qué había ocurrido, ¿cómo se originó el incendio? ¿Qué se había perdido?. Cada uno tenía una versión distinta, que era adornada con expresiones y comentarios que la hacían más interesante, como si se tratara de una gran aventura.
Los días fueron pasando y el incendio se quedó en el olvido. Además, había que seguir avanzando, porque la agenda de “Olivares” estaba bastante llena.
Las actividades del año académico
En abril, al empezar el año académico, aparecieron los folletos, que solían hacerse en esos tiempos,sobre los cursos de orientación profesional o técnicas de estudio que se dictaban para los chicos de colegio.
Todos estábamos expectantes por la llegada de Terusato, era diplomático de carrera y venía con un cargo en la embajada de Japón. El cuerpo diplomático japonés no conocía su pertenencia a la Obra.
La llegada de Terusato
El día que llegó se alojó en un departamento que estaba situado a unas pocas cuadras de Olivares. Todos los días venía para el almuerzo y la tertulia.
En el primer día nos contó detalles de su procedencia, que eran los acontecimientos recientes en torno a su conversión.
Había ido a la Universidad de Navarra, enviado por el gobierno japonés, para que aprendiera castellano. Le dieron alojamiento en un Colegio Mayor del Opus Dei en Pamplona, cuando entra a su habitación sale corriendo a protestarle al director porque había dentro de su cuarto el cuadro de un muerto. Cuando todos fueron a ver, se trataba del cuadro de un Cristo crucificado con la corona de espinas y las heridas de su cuerpo sangrante.
Esa impresión, no lo había visto tan cerca, fue el detonante para su conversión. Terusato era un hombre muy sencillo y bastante fino y delicado en el trato, rápidamente se ganó la simpatía de todos. Mientras estuvo en “Olivares” le daba a la casa un tono humano bastante elevado. Aprendimos mucho de él.
De Japón le enviaban algas y peces crudos para que nos invitara en los aperitivos y algunos dulces, que pudimos compartir con él; con el tiempo le llegó a gustar mucho la comida peruana.
Estuvo unos meses con nosotros y luego pasó a una casa de mayores donde se quedó hasta su regreso a Japón; a los pocos años falleció de un cáncer gástrico. Terusato fue para nosotros como una leyenda muy interesante y edificante que no podemos olvidar.
Lo que vino después
Ese año llegó, para ayudar en la labor apostólica de “Olivares” Jesús Marcaida, que vino de Bilbao. Estuvo trabajando en una empresa y luego pasó a Tradiciones para apoyar en la labor con universitarios y profesionales jóvenes.
Al medio año Renzo y Oscar Sebastiani organizaron con los chicos un paseo a Huancayo. El ambiente del país estrenaba la democracia con gran entusiasmo. Se respiraba un clima de libertad en contrastaba con el que había los años anteriores con las dictaduras militares.
En octubre Renzo Forlín, Emilio Arizmendi, Hugo Calienes y el P. Alberto Clavell parten para Arequípa para dar inicio a la labor del Opus Dei en esa ciudad. (P. Manuel Tamayo).
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