DOLORES Y ALEGRÍAS
Las esperanzas del año 1979
En abril del 79 fuímos con los chicos de “Olivares” de convivencia a Valle Grande (Cañete). En esos años organizabamos convivencias a cada rato y la mayoría eran a Cañete: fútbol, guitarra y playa era lo habitual.
Estaba yo jugando un partido de fulbito y sentí un dolor muy grande en una pierna, casia la altura de la cadera. Pensé que sería del esfuerzo que estaba poniendo en el juego. El dolor me incomodaba mucho y tuve que salir del partido.
Ya de regreso en Lima el dolor iba en aumento. Como era capellán de la Escuela Naval me llevaron al Hospital de la marina, era de noche, casi de madrugada y se sentía todavía el calor del verano. Al médico de turno, que me atendió en emergencia, le dije que había estado jugando un partido y después de una pequeña revisión me dio una crema diciéndome que se trataba solo de un dolor muscular. Volví a casa y el dolor era cada vez más fuerte. No pude dormir.
Al día siguiente, por la mañana, llamaron a un huesero que me puso paños calientes y pidió que consiguieran una lámpara de rayos infrarojos para continuar el tratamiento; consiguió todo lo contrario, el dolor se volvió insoportable. No aguantaba más.
A primera hora de la tarde me tuvieron que sacar cargado, no podía caminar, y me llevaron a la clínica Americana. Al llegar a emergencia, me pusieron un calmante que me alivió bastante y empezaron las pruebas una tras otra. Al irse el efecto del calmante el dolor volvía a aparecer y se hacía ver las estrellas. Como no soportaba que la sábana tocara mi pierna, me tuvieron que poner una campana, y así mi pierna quedaba aislada.
Con tanto calmante no distinguía el día de la noche, veía siluetas que se acercaban a mi cama a decirme cosas. Me llenaron de antibióticos y en unos días más, de acuerdo al resultado de los cultivos, me dijeron que tenía una artritis infecciosa.
Estuve 15 días internado y al salir tuve que aprender a caminar con muletas, toda una historia que duró un mes entero.
En la clínica estaban a mi lado mis padres que venían todos los días, de “Olivares” venían por turnos y no faltaban las visitas de los chicos que me daban esperanza de recuperación, para verme nuevamente en las canchas; fue una experiencia única e inolvidable.
“Olivares” continuaba su andadura con actividades para escolares.
En Lima, las academias de ingreso a la universidad estaban de moda y se multiplicaron. Casi todos los chicos que salian del colegio deberían estudiar en una academia para garantizar su ingreso. Unos estaban en la Trener, otros en la Galvez, también había gente que estaba en la Sigma o en la acadmemia de Ingeniería.
Oscar Sebastiani (numerario, que vive en Lima), organizó una academia en la casa que tuvo bastante éxito porque todos los chicos que tenía como alumnos ingresaron a la primera.
La política en los años 79
En el año 79 los partidos políticos empezaron sus campañas publicitarias para las elecciones del próximo año. Víctor Raúl Haya de la Torre, el líder del partido aprista, fallece a los 84 años y tuvo un entierro apoteósico.
Al morir Víctor Raúl se produjo una inevitable lucha entre una facción conservadora del aprismo, representada por Andrés Townsend, Luis Alberto Sánchez y Ramiro Prialé; y otra facción más cercana a la socialdemocracia, representada por Armando Villanueva del Campo y Alan García Pérez. Esta división del Apra, que era el partido favorito para ganar las elecciones, favoreció a Acción Popular y Fernando Belaunde sacó ventaja.
En las elecciones del 80 ganó Fernando Belaunde Terry, e inició su segundo gobierno. Durante su período los guerrilleros, incrustados en varias zonas de la sierra y en ambientes educativos, empezaron a preparar a la gente para futuros conflictos armados. Incluso hubo una academia de ingreso en Lima donde se hacía propaganda comunista. En las universidades nacionales se infiltraron muchos marxistas que se inscribían como alumnos para influir con las ideologías de lucha de clases.
El Perú seguía viviendo en una crisis de estancamiento económico, disminuyó el precio de las materias primas y se acumuló la deuda externa.
Las actividades con los chicos de “Olivares”
Nosotros, en nuestros mundos juveniles, continuábamos con entusiasmo, labor apostólica con la gente joven. “Olivares” daba mucho juego porque era una casa casi exclusivamente para los chicos. Todos los que vivíamos allí estábamos involucrados en todas las actividades con los escolares de distintos colegios de Lima. (P. Manuel Tamayo).
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