LA AMISTAD SACERDOTAL
Los amigos son para siempre
Lima, 1979
Se dice que es muy bueno tener un amigo sacerdote y yo añadiría que es muy bueno para un sacerdote joven tener un sacerdote amigo mayor. El año 1979 tenía 30 años, me parecía que eran muchos, sin embargo estaba todavía en los inicios, ganando cada día en más experiencia, con la ayuda y el ejempo de los que eran mayores que yo.
Entre los mayores siempre hay los que se acercan más, están a tu lado y tienen una gran confianza en ti.
Como lo he contado en otras oportunidades, los primeros sacerdotes del Opus Dei que conocí, cuando ternía 14 años, fueron el P. Luis Tejerizo y el P. Antonio Ducay. Los veía super elegantes y con mucha llegada. El primero se reía mucho de nuestras ocurrencias y el segundo jugaba muy bien al fútbol.
El sacerdote amigo
Don Antonio me invitaba a jugar partidos, yo siempre iba, no me perdía ninguno y en esos ambientes me fue tratando, me retaba para que metiera goles o para que me pusiera en el arco y tapara los suyos. Tenía bastante confianza y cercanía con él.
Más tarde cuando fui a estudiar a Europa, el P. Manuel Botas se acercó a mi y me ayudó mucho cara a mi ordenación sacerdotal, quise que fuera mi padrino de ordenación, estuvo muy cercano a mis padres y se hizo amigo de ellos.
Ya de regreso a Lima, después de mi ordenación me seguía escribiendo. Me animaba constantemente, me contaba muchas cosas y me decía que se apoyaba en mi. Me tuvo siempre mucha confianza y es algo que yo le agradezco bastante. Me regaló un Nuevo Testamento de Ballester, que años después se lo pasé a mi sobrino sacerdote. El P. Manuel Botas era un amigo incondicional.
En “Olivares” volví a conectar con el P. Antonio Ducay. Él estaba muy contento con mi ordenación y se acercaba para animarme y lanzarme a nuevos retos dentro de las labores que tenía encargadas.
Me animó a escribir y me enseñaba cómo hacerlo. Estaba redactando un folleto sobre la fuerza de voluntad y me explicaba lo que quería decir y a quienes estaría dirigido.
Me animó a que escribiera uno y, en base a un artículo que leí sobre la confesión, escribí mi primer folleto que se llamó: “El juez que perdona siempre”, el P. Ducay sacó también el suyo, en la colección de Nuevo Tiempo y se llamaba: “Voluntad fuerte”
En ese año era también encargado del cine, como en otras ocasiones. Mi encargo era conseguir películas que se iban a proyectar los domingos en Los Andes. El P. Ducay estaba pendiente y me sugería como podía mejorar mi encargo: poner el proyector a la distancia adecuada, lograr una pantalla más grande, etc. Me conversaba siempre de las películas y le gustaban las que había elegido. Yo estaba contento por eso.
Otro día me llevó a una de las oficinas de la Conferencia Episcopal peruana para que grabara unas prédicas, que podrían salir luego por la radio. Hice unas 5 ó 6 grabaciones. Todavía conservo una. Eran mis mis primeras prédicas grabadas.
En 1979 el P. Ducay cumplió 50 años, a mi me parecía que eran muchísimos. En “Olivares” le hicimos una celebración especial con show musical y una gran piñata.
Pasó cierto tiempo y un buen día invitaron a cenar a Jorge Putnam a “Olivares”, él era un chico que estudiaba arquitectura en la Universidad Ricardo Palma. No estuve en esa cena porque me encontraba en la escuela naval atendiendo a los cadetes. Me habían dejado mi comida preparada en el comedor; Jorge, sin saberlo, se la comió y cuando se lo advirtieron, miró a todos y dijo, muy suelto de huesos: “el P. Tamayo es de poco comer” , todos se echaron a reír y me lo contaron después.
Otro día el P. Ducay, que había ido de paseo a la playa, trajo percebes para el aperitivo de un día de fiesta que estaba próximo. Llego ese día y sacaron las percebes. ¡Nadie comió!, todos éramos limeños y muy jóvenes. Las percebes nos parecían unos gusanos horribles.
El P. Ducay estaba asombrado de nuestro desprecio a ese alimento que era muy cotizado y querido en España, según decía él. No hubo manera. La fuente regreso intacta sin que ninguno de nosotros probara algo.
Una amistad que no se pierde
El P. Ducay estuvo poco tiempo con nosotros, se trasladó a Piura y fue capellán en la Universidad particular, hasta que volvió a Lima después de unos años.
Ambos seguimos escribiendo artículos y libros. El P. Ducay tiene varias publicaciones:
§ San Josemaría en el Perú
§ Jesucristo: la aventura de Dios en la tierra
§ El hombre que fundó el Opus Dei
§ ¿Milagros y coversiones?
§ Álvaro del Portollo, Sembrador de paz y alegría
§ Desde la calle. Relatos que no olvidaré.
§ Enrique Pélach, 50 años de Los Andes en el Perú.
*Se pueden encontrar gratis en: Ducaylibros.org
El P. Ducay me anima mucho con mis artículos y mis actividades mediáticas que continúan, igual que las suyas, en los portales de internet.
Es muy grato tener un amigo sacerdote que siempre te apoya de un modo incondicional, es algo que yo valoro mucho y agradezco. (P. Manuel Tamayo).
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