sábado, 22 de junio de 2024

EN EL UMBRAL DE UNA NUEVA DÉCADA

Lima, 1979

A todos nos sorprendió que el Papa Juan Pablo II viajara a República Dominicana, Bahamas y México. Fue algo realmente apoteósico. No estábamos acostumbrados a que el Papa visitara otros países.

No nos perdimos los detalles del viaje por la televisión y por unos sono-visos que se armaron y que circularon por muchas casas. Organizábamos reuniones especiales para ver al Papa a todo color. Todo era novedad, nos encantaba que sea así y disfrutábamos mucho. Juan Pablo II, en muy poco tiempo, se ganó la simpatía de todo el mundo.

 

Los ambientes juveniles en “Olivares”

Para la gran mayoría de chicos que venían por la casa era la primera vez que veían un mundial de fútbol a todo color. Creo que importaba más ver los partidos que los triunfos o derrotas de los mismos.

Además en ese mundial empezamos bien y terminamos mal, como ha ocurrido otras tantas veces, pero esta vez Argentina quedó campeón mundial cuando nos derrotó 6 a 0 en el último partido. Algunos acusaron al equipo peruano de haber hecho algún arreglo con los Argentinos. Nunca se aclararon las cosas. Nosotros no dejábamos de jugar fútbol todas las semanas.

El año 79 organizamos varios paseos con los chicos. Gracias a esas actividades empezaron a venir más chicos: Juan Carlos Checley Soria, Gustavo Llave, Rolando Castro, Gabriel Flores, Jorge Luis Hoyos, Beto Machuca, entre otros.

En el verano estuvimos de convivencia en Las Norias, (Piura). El director era Pablo Pérez (numerario, médico, actualmente vive en Piura), estaba también Ignacio Benavent Trullenque (numerario, Ingeniero, vive en Piura), el P. Juan Antonio Ugarte (que fue Arzobispo del Cuzco, vive en Lima) y chicos de distintos colegios y universidades.

Estuvieron con nosotros en Las Norias ese verano: Carlos Santa María, Manuel Tudela, Jaime Calderón, Emilio Arizmendi, Gustavo Llave, Pepe Serna, entre otros.

Una de las actividades de la convivencia fue un concurso de balsas. Hicimos varios grupos y cada uno tenía que hacer una balsa y competir bajando por el río Piura más arriba de los Ejidos hasta las Norias. Se puso una fecha y todos nos pusimos a fabricar nuestra balsa. La de Pablo Pérez era a base de bidones y le puso como nombre: “La Babilonia”, otro se valió de unos troncos para fabricar una especie de canoa, otro utilizó una piti-tabla y armó encima una estructura de madera, los que estaban en mi grupo conseguimos tres cámaras y amarramos tres palos en forma de triángulo.

Llegó el día de la partida. Salimos a las 12 del día y llegamos a las 12 de la madrugada totalmente agotados. Tuvimos que pasar por muchos obstáculos, tratando de evitar los troncos con espinas que habían en el recorrido y los continuos remolinos. Varios naufragaron y tuvieron que continuar a nado, otros, que ya no podían más recurrieron a “La Babilonia” para poder llegar. Todo fue agotador pero quedamos muy contentos con esa aventura que parecía increíble.

Regresamos a Lima muy contentos. El trato y la labor con chicos se fue extendiendo más con las actividades de verano. Los partidos de fulbito, todos los domingos, tenían mucho jale. Ya no podíamos jugar en la cancha de Los Andes porque estaban construyendo un nuevo edificio. Alternábamos los partidos semanales entre el Saeta y las canchas que estaban en la costa verde. Preparamos también un curso de orientación profesional para el último mes del verano con el objetivo de llegar a más colegios. “Olivares” estaba siempre lleno de chicos, procurábamos conversar con ellos para animarles a ser mejores personas y buenos cristianos. Venían más a las meditaciones, aunque el oratorio era muy pequeño, teníamos que abrir las puertas de living para que entraran todos. La esperanza de seguir creciendo era grande. (P. Manuel Tamayo)

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