LAS MALAS ALERGIAS DEL ESPÍRITU
“El ridículo no
existe para el que lo hace mejor” (San Josemaría Escrivá).
“Para alegrar a los
demás se canta, se baila…nunca se dice que no se sabe o que no se puede” (San Josemaría Escrivá).
“Una madre le dice
a su hijo: ¡te comería a besos! (San Josemaría Escrivá).
“Cuando era más
joven me colocaba lejos de las viejitas que rezaban en el templo y ahora de
mayor me conmueven” (San Josemaría Escrivá).
“De pequeño dos
cosas me avergonzaban mucho: besar a las amigas de mi mamá y ponerme ropa
nueva…me metía debajo de la cama y mi madre venía a sacarme y me decía:
Josemaría, vergüenza solo para pecar” (San Josemaría Escrivá de Balaguer).
COMENTARIO
El sentimiento de incomodidad producido por el temor
a hacer el ridículo ante alguien, o sentir el disgusto de que alguien haga o
diga cosas que se piensa que son ridículas y de poca categoría humana, puede
obedecer a una desviación del espíritu originada por una timidez o una fobia.
Toda persona, en su proceso de formación debe
ir superando unos miedos o temores que si no se superan originarían alergias que son deformaciones del
espíritu y podrían ser causantes de una limitación seria en el ejercicio
habitual de las relaciones humanas que podría ocasionar a que un individuo
cometa constantes faltas contra la justicia con una severa discriminación, de
la que no es consciente.
Las personas que padecen de fobia social y que tienen un temor
exagerado de hacer el ridículo frente a los demás, limitan tremendamente sus
intervenciones y buscarán justificaciones que lo respalden, creyendo que la
virtud está en no intervenir.
Cuando se tiene miedo al ridículo se evitan
situaciones donde se piensa que uno corre el peligro de exponerse a perder su
prestigio frente a los demás. La persona apresada por su propia timidez o por
una fobia, se niega a intervenir para
no sentirse un poco mal frente a una posible situación embarazosa que se
imagina.
A diferencia de las
personas que son simplemente tímidas, los afectados por la fobia social, o por
un miedo excesivo al ridículo se ven limitados en su interacción con otras
personas. Solo desean interactuar con amistades bien seleccionadas por ellos
mismos. Además, sus miedos no se producen en un lapso acotado, sino que pueden prolongarse
en el tiempo y durante toda la vida.
Esta deformación y
limitación les lleva a sentir leporía por
intervenciones de otros en determinadas actuaciones. Quisieran apartarse o no
pueden ni quieren ver las actuaciones de personas sencillas, que no tienen
pudor de expresar sus sentimientos. Les cuesta ver que los sentimientos humanos
se expresen de una manera espontánea y pública. Ellos tienden a ser
tremendamente reservados y cerrados en sus manifestaciones exteriores.
Lo malo es cuando piensan
que lo que hacen ellos es virtud y lo que hacen las personas sencillas que
expresan sus sentimientos en público es ridículo y vergonzoso.
La respuesta afectiva hacia los demás depende
de la propia habilidad de empatizar con los pensamientos y las intenciones
ajenas. Y, además, es importante saber que todos reaccionamos de maneras
diferentes y hay que saber aceptar y valorar las distintas reacciones y modos
de actuar que tienen las personas.
Huelga decir que no nos estamos refiriendo al
sentido estético de lo que es armonioso y virtuoso, que siempre es objetivo y puede
ser emblemático en todas las épocas, como lo podemos apreciar en las
manifestaciones artísticas clásicas que el mundo de todos los tiempos
valora (P. Manuel Tamayo)
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