miércoles, 12 de febrero de 2020


EL DEBER DE ENSEÑAR A QUERER

“Aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada” (San Pablo, Cort. 13,1).

“Si pierdes el sentido sobrenatural de tu vida, tu caridad será filantropía…”, (San Josemaría, Camino, n. 280).

“La filantropía es el propósito específico de ayudar a los seres humanos a mejorar sus condiciones de vida. Son considerados actos filantrópicos, siempre y cuando no estén movidos por intereses económicos” (diccionario).

“Caridad es la virtud sobrenatural infusa por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios”, (Catecismo de la Iglesia católica).

“Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer?  —¿No? —Entonces no quieres”, (San Josemaría, Camino, N. 316).

 
COMENTARIO

“Si no hay amor no hay nada” dice San Pablo y efectivamente la esterilidad es consecuencia de la falta de amor.

Lo preocupante es que muchas personas que se creen buenas y amorosas no están amando, e incluso se puede decir que no saben amar. Están confundidas porque creen que están amando y se equivocan.

San Josemaría Escrivá en los inicios del Opus Dei hablaba de la contradicción de los buenos. Se refería a gente buena que creían hacer el bien y estaban causando un daño. Estos solo puede ocurrir cuando falta amor.

Hoy fácilmente nos podemos topar con personas que están trabajando en obras de bien y no están amando, como debería ser, aunque en los aspectos externos todo parece ordenado y cuidadoso.

Uno de los síntomas más claros de la falta de amor es cuando no se tiene una Jerarquía de valores clara que vaya de acuerdo con la verdad y entonces podría ponerse más acento en los trabajos, las actividades y en la organización, que en las mismas personas.


El orden del corazón es indispensable
La caridad es el amor a Dios y el amor al prójimo que se da en un corazón ordenado.  Se ama a las personas con nombre y apellido y para poder amarlas hay que conocerlas bien. El amor lleva a conocer y el conocimiento aumenta el amor. Cuando hay Caridad el amor y el conocimiento crecen. El conocimiento se enriquece con la verdad que hace libre a la persona. La persona es libre cuando acierta en el amor.

La Caridad es la virtud más grande y es también la más importante, solo se adquiere con la humildad, o sea cuando el hombre reconoce la verdad de lo que es él y la grandeza y omnipotencia de Dios.  Si se pierde la Caridad se disminuye y se enfría el acercamiento a las personas, al mismo tiempo crece, de una forma desordenada, el aferramiento a los sistemas o a las costumbres, que es el cumplimiento de procedimientos establecidos pensando que esa es la meta para que todo camine bien. Este sesgo suele ocurrir cuando hay un empeño en pasar a las personas por los parámetros de unos procedimientos, sin atender a las particularidades de cada uno. Cuando se dan estas circunstancias las particularidades de las personas no se valoran lo suficiente, no parecen tan importantes,  y al dejarlas de lado, se pierde el conocimiento de las mismas y el amor queda totalmente reducido, en incluso puede desaparecer.

San Josemaría llamaba: “cumplo y miento” al resultado de la persona rigorista que solo le interesaba cumplir sin que importe mucho el amor.

Las fogatas hechas con papel se apagan enseguida. No se trata de conseguir más papel. Vale la pena conseguir el troco ideal para que el fuego perdure. El tronco es el auténtico amor que no solo abre las puertas sino que también permanece.


La ayuda de la Virgen María
La criatura que más sabe amar es la Virgen María. Ella nos quiere con un amor incondicional porque quiere mucho a Dios. La Madre del amor hermoso al querernos inyecta en nosotros un afán grande por hacer las cosas bien. El que quiere a la Virgen se parece a Ella fundamentalmente en el amor. Todo ser humano tiene como tarea fundamental querer bien y enseñar a querer. (P. Manuel Tamayo)

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