LA ARRAIGADA Y MALA COSTUMBRE DE LA “VIVEZA”, LA TRAMPA Y EL
APROVECHAMIENTO
“La informalidad
supone una asignación de recursos deficiente que conlleva la pérdida, por lo
menos parcial, de las ventajas que ofrece la legalidad: la protección policial
y judicial, el acceso al crédito formal, y la capacidad de participar en los
mercados internacionales. Por tratar de eludir el control del estado, muchas
empresas informales siguen siendo empresas pequeñas con un tamaño inferior al
óptimo, utilizan canales irregulares para adquirir y distribuir bienes y
servicios, y tienen que utilizar recursos constantemente para encubrir sus
actividades o sobornar a funcionarios públicos” (Norman Loayza, Estudios económicos).
“Si a usted le
arrancharon el celular, o le robaron algún electrodoméstico o partes de su
auto, es posible que las
encuentre en alguno de esos mercados informales” (El Comercio).
“Comerciantes informales se apoderan de las veredas y las pistas
para ofertar diversos productos. Cúmulos de ropa usada, bicicletas repintadas,
muebles de segunda mano, aparatos electrónicos destartalados o casi nuevos son
ofrecidos al mejor postor. Según un estudio de Aprosec, en 32 de los 43 distritos de Lima hay
lugares donde se comercializan
artículos robados o de segundo uso.
Los maniqueos, a
semejanza de los gnósticos, mandeos y mazdeístas, eran dualistas: creían que había
una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el
Mal, que eran asociados a la Luz (Zurván) y las Tinieblas (Ahrimán) y, por tanto, consideraban que el espíritu del hombre es de
Dios pero el cuerpo del hombre es del demonio. Esto se explicaba a través de un
conjunto de mitos antropogónicos, de influencia gnóstica y zoroástrica. En el hombre, el
espíritu o luz se encuentra cautivo por causa de la materia corporal; por lo
tanto, creen que es necesario practicar un estricto ascetismo para iniciar
el proceso de liberación de la Luz atrapada. Desprecian por eso la materia,
incluso el cuerpo. Los «oyentes» aspiraban a reencarnarse como «elegidos», los
cuales ya no necesitarían reencarnarse más”. (El Correo).
En
materia penal hay un principio muy importante que dice "en la duda es
preferible absolver a un culpable que condenar a un inocente" (Héctor Arce).
COMENTARIO
No hace falta salir
al extranjero, quedémonos en nuestro propio país y miremos su historia.
Es verdad que los
libros nos cuentan de los héroes y de las batallas ganadas, pero imaginemos un
libro sobre el influjo de la corrupción en cada persona.
Informalidad: cuna de la corrupción
Quizá la palabra
corrupción suene muy fuerte, podríamos quedarnos con algunos sinónimos como la mentira, la pillería, la viveza, la
trafa, el encubrimiento, el “negociado” y todo lo que se puede “cocinar”
cuando reina el desorden y la informalidad.
Es cierto que
encontramos en nuestra sociedad exiguos defensores de lo informal, que son una
suerte de Guason al querer justificar
las acciones impropias en un mundo donde impera el caos generalizado.
Existe un mundillo
maniqueo donde nadie quiere sentirse culpable, todos le echan la culpa a algo o
a alguien. Nadie se califica de malo y todos dicen que los malos son los otros,
con demandas y pruebas contundentes se busca desacreditar al adversario que
cometió un error para hacerle cargamontón
y sacarlo de circulación.
Estamos viendo como
los odios crecen sin mayores fundamentos, motivados por el run run de la presión mediática sesgada, siempre por intereses de
poder. Se están tirando muchas piedras con los ojos vendados.
Corrupción: septicemia social
La corrupción como “algo
normal” es el ambiente de las grandes ciudades de nuestro país, donde las
grandes mayorías, (ricos y pobres) viven, teniendo una mentalidad infectada con
deseos de “trepar” “conseguir” “medrar”
“salir airosos” sin hacer los méritos suficientes. Usando cualquier tipo de
influencia o vara.
Es necesario
advertir que existen honrosas excepciones que vale la pena señalar: gente
honrada que nunca entró en los “negociados” de los pillos ni en los tráficos de
influencia y que gracias a sus propios méritos, reconocidos por los demás
(familiares y amigos), lograron un prestigioso nivel en sus trabajos.
Todos tenemos que
reconocer que nuestro país ha vivido y sigue viviendo todavía en situaciones
informales donde abunda la mentira y el tráfico de influencias como algo normal
que ha quedado sin corregir. Era habitual encontrar policías que pedían coimas
para no colocar una papeleta; para sacar algo de la aduana había que dar una
propina, para que los trámites avanzaran rápido había que entregar unos
billetes.
El país está lleno
de negocios informales donde no se pagan impuestos y donde se venden objetos
robados, hay mercado negro donde se vende lo que está prohibido, existe el
fraude, la alteración de las facturas, la extorsión, los cupos, el
acaparamiento y el aprovechamiento en los distintos mercados.
Cuando hemos
escuchado los audios de los chuponeos a
nadie le ha llamado la atención esos modos de conversar, que se oyen de modo
habitual, entre las amistades sean o no autoridades y a todos los niveles.
Evidentemente es algo que debe corregirse a nivel país con la educación, pero
hoy, de una manera bastante hipócrita se ha levantado el escándalo satanizando
esas conversaciones como si fueran exclusivas y propias de esas personas.
Estamos viendo que
no pocas autoridades y políticos con la ayuda de un poder mediático sesgado se “rasgan las vestiduras” y adoptan
medidas exageradas con quienes fueron sorprendidos en esas irregularidades.
Cuando la
conciencia está infectada se puede robar cinco soles o 5 millones de soles. Si
se admite la trafa y el tráfico de
influencias como algo normal, la solución no es el “hachazo” contra un pez
gordo, sino una serie de medidas para educar paulatinamente a la población.
Advertencias y penas eficaces
Las personas que
incurrieron en un delito deben ser juzgadas y condenadas si son culpables, pero
las penas no deben ser, por la
informalidad existente, drásticas en primera instancia. Se debe avanzar
poco a poco hacia el orden. También se debe tener en cuenta las circunstancias
particulares de cada uno (edad, situación
familiar, arrepentimiento, reincidencia), para establecer una pena
humanitaria y que ayude al restablecimiento de la persona condenada.
El problema de la
corrupción es un problema de educación. Se debe empezar por reforzar a la
familia y a los colegios para formar ciudadanos responsables y conscientes que
deseen, por encima de todo, hacer el
bien sin buscar ninguna recompensa.
San Agustín decía
que la sociedad debe ser teocéntrica y no antropocéntrica. La sociedad es
teocéntrica cuando sus habitantes cuentan con Dios. Que sea teocéntrica no
significa establecer una teocracia o hacerla confesional. Significa que exista
la libertad religiosa para la educación de los ciudadanos.
La historia es muy
elocuente: donde funcionó bien el cristianismo la sociedad caminó mucho mejor,
porque está presentes los mandamientos de la ley de Dios y la ética o moral
cristiana. (P. Manuel
Tamayo).
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