lunes, 24 de febrero de 2020


LA ARRAIGADA Y MALA COSTUMBRE DE LA “VIVEZA”, LA TRAMPA Y EL APROVECHAMIENTO

“La informalidad supone una asignación de recursos deficiente que conlleva la pérdida, por lo menos parcial, de las ventajas que ofrece la legalidad: la protección policial y judicial, el acceso al crédito formal, y la capacidad de participar en los mercados internacionales. Por tratar de eludir el control del estado, muchas empresas informales siguen siendo empresas pequeñas con un tamaño inferior al óptimo, utilizan canales irregulares para adquirir y distribuir bienes y servicios, y tienen que utilizar recursos constantemente para encubrir sus actividades o sobornar a funcionarios públicos” (Norman Loayza, Estudios económicos).

“Si a usted le arrancharon el celular, o le robaron algún electrodoméstico o partes de su auto, es posible que las encuentre en alguno de esos mercados informales” (El Comercio).
“Comerciantes informales se apoderan de las veredas y las pistas para ofertar diversos productos. Cúmulos de ropa usada, bicicletas repintadas, muebles de segunda mano, aparatos electrónicos destartalados o casi nuevos son ofrecidos al mejor postor. Según un estudio de Aprosec, en 32 de los 43 distritos de Lima hay lugares donde se comercializan artículos robados o de segundo uso.
Los maniqueos, a semejanza de los gnósticosmandeos y mazdeístas, eran dualistas: creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el Mal, que eran asociados a la Luz (Zurván) y las Tinieblas (Ahrimán) y, por tanto, consideraban que el espíritu del hombre es de Dios pero el cuerpo del hombre es del demonio. Esto se explicaba a través de un conjunto de mitos antropogónicos, de influencia gnóstica y zoroástrica. En el hombre, el espíritu o luz se encuentra cautivo por causa de la materia corporal; por lo tanto, creen que es necesario practicar un estricto ascetismo para iniciar el proceso de liberación de la Luz atrapada. Desprecian por eso la materia, incluso el cuerpo. Los «oyentes» aspiraban a reencarnarse como «elegidos», los cuales ya no necesitarían reencarnarse más”. (El Correo).
En materia penal hay un principio muy importante que dice "en la duda es preferible absolver a un culpable que condenar a un inocente" (Héctor Arce).


COMENTARIO
No hace falta salir al extranjero, quedémonos en nuestro propio país y miremos su historia.
Es verdad que los libros nos cuentan de los héroes y de las batallas ganadas, pero imaginemos un libro sobre el influjo de la corrupción en cada persona.

Informalidad: cuna de la corrupción
Quizá la palabra corrupción suene muy fuerte, podríamos quedarnos con algunos sinónimos como la mentira, la pillería, la viveza, la trafa, el encubrimiento, el “negociado” y todo lo que se puede “cocinar” cuando reina el desorden y la informalidad.

Es cierto que encontramos en nuestra sociedad exiguos defensores de lo informal, que son una suerte de Guason al querer justificar las acciones impropias en un mundo donde impera el caos generalizado.

Existe un mundillo maniqueo donde nadie quiere sentirse culpable, todos le echan la culpa a algo o a alguien. Nadie se califica de malo y todos dicen que los malos son los otros, con demandas y pruebas contundentes se busca desacreditar al adversario que cometió un error para hacerle cargamontón  y sacarlo de circulación.

Estamos viendo como los odios crecen sin mayores fundamentos, motivados por el run run de la presión mediática sesgada, siempre por intereses de poder. Se están tirando muchas piedras con los ojos vendados.


Corrupción: septicemia social
La corrupción como “algo normal” es el ambiente de las grandes ciudades de nuestro país, donde las grandes mayorías, (ricos y pobres) viven, teniendo una mentalidad infectada con deseos de “trepar” “conseguir” “medrar” “salir airosos” sin hacer los méritos suficientes. Usando cualquier tipo de influencia o vara.

Es necesario advertir que existen honrosas excepciones que vale la pena señalar: gente honrada que nunca entró en los “negociados” de los pillos ni en los tráficos de influencia y que gracias a sus propios méritos, reconocidos por los demás (familiares y amigos), lograron un prestigioso nivel en sus trabajos.

Todos tenemos que reconocer que nuestro país ha vivido y sigue viviendo todavía en situaciones informales donde abunda la mentira y el tráfico de influencias como algo normal que ha quedado sin corregir. Era habitual encontrar policías que pedían coimas para no colocar una papeleta; para sacar algo de la aduana había que dar una propina, para que los trámites avanzaran rápido había que entregar unos billetes.

El país está lleno de negocios informales donde no se pagan impuestos y donde se venden objetos robados, hay mercado negro donde se vende lo que está prohibido, existe el fraude, la alteración de las facturas, la extorsión, los cupos, el acaparamiento y el aprovechamiento en los distintos mercados.

Cuando hemos escuchado los audios de los chuponeos a nadie le ha llamado la atención esos modos de conversar, que se oyen de modo habitual, entre las amistades sean o no autoridades y a todos los niveles. Evidentemente es algo que debe corregirse a nivel país con la educación, pero hoy, de una manera bastante hipócrita se ha levantado el escándalo satanizando esas conversaciones como si fueran exclusivas y propias de esas personas.

Estamos viendo que no pocas autoridades y políticos con la ayuda de un poder mediático sesgado se “rasgan las vestiduras” y adoptan medidas exageradas con quienes fueron sorprendidos en esas irregularidades.

Cuando la conciencia está infectada se puede robar cinco soles o 5 millones de soles. Si se admite la trafa y el tráfico de influencias como algo normal, la solución no es el “hachazo” contra un pez gordo, sino una serie de medidas para educar paulatinamente a la población.


Advertencias y penas eficaces
Las personas que incurrieron en un delito deben ser juzgadas y condenadas si son culpables, pero las penas no deben ser, por la informalidad existente, drásticas en primera instancia. Se debe avanzar poco a poco hacia el orden. También se debe tener en cuenta las circunstancias particulares de cada uno (edad, situación familiar, arrepentimiento, reincidencia), para establecer una pena humanitaria y que ayude al restablecimiento de la persona condenada.

El problema de la corrupción es un problema de educación. Se debe empezar por reforzar a la familia y a los colegios para formar ciudadanos responsables y conscientes que deseen, por encima de todo, hacer el bien sin buscar ninguna recompensa.

San Agustín decía que la sociedad debe ser teocéntrica y no antropocéntrica. La sociedad es teocéntrica cuando sus habitantes cuentan con Dios. Que sea teocéntrica no significa establecer una teocracia o hacerla confesional. Significa que exista la libertad religiosa para la educación de los ciudadanos.

La historia es muy elocuente: donde funcionó bien el cristianismo la sociedad caminó mucho mejor, porque está presentes los mandamientos de la ley de Dios y la ética o moral cristiana. (P. Manuel Tamayo).

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