CASTIGOS Y MULTAS EN AMBIENTES INFORMALES
“En algunos países asiáticos se cortaban las
manos por robar manzanas, se lapidaban a los adúlteros o se cortaba la lengua a
los estafadores, etcétera...” (Wikipedia)
“No se debe aplicar un castigo desmesurado y
rigurosísimo a una falta que puede ser calificada generalmente como leve” (Carlos Serrato, El País).
“Si,
luego de pasar por la revisión técnica, se te notificó que tu auto tiene el
sistema de dirección, de frenos, de suspensión o luces en mal estado y pese a
ello manejas sin repararlos, la sanción será una multa del 24% de 1 IUT* (948 soles), remoción del vehículo (cambio de ubicación
dispuesto por la PNP) y 60 puntos en tu récord”. (Reglamento general de tránsito).
“Si
el policía de tránsito te realiza un examen para verificar la presencia de
alcohol o drogas en tu organismo y este da positivo, o te niegas a pasar por
él, serás multado con 1975 soles, suspensión por tres años del brevete,
internamiento del vehículo y retención del permiso de manejo”. (Reglamento general de tránsito).
“Si
la persona infractora supera los niveles de alcohol permitidos, presenta signos
de haber consumido drogas o se niega a pasar por el examen respectivo, tendrá
que pagar la multa de 4050 soles (1 UIT completa),
la cancelación del permiso y la inhabilitación definitiva para obtenerlo,
además del internamiento del vehículo y retención del brevete como medidas
preventivas” (Reglamento general de tránsito).
“El funcionario
público que ejerciendo un acto de su función, hiciere un documento falso o
alterare un documento verdadero, será castigado con tres a diez años de
penitenciaría”. (Código penal, Art. 236).
“El que, con motivo
del otorgamiento o formalización de un documento público, ante un funcionario
público, prestare una declaración falsa sobre su identidad o estado, o
cualquiera otra circunstancia de hecho, será castigado con tres a veinticuatro
meses de prisión”. (Código penal, Art. 239).
COMENTARIO
La permisividad
para lo informal, por parte de las
autoridades, pudiera parecer, un exceso de miedo a un conflicto social. El
pánico a la mano dura o a perder la popularidad se ha vuelto habitual entre
nuestras autoridades. La mayoría no hace nada y optan por dejar una “válvula de escape” para
que la gente se “organice” y vea la forma de salir adelante para “sobrevivir”
sin demasiados trámites.
Esta aparente
“libertad” o “apertura” o política de “no intervención”, es no querer enfrentar
“al toro por las astas” y una cobardía que a la larga sacará factura.
“Organizaciones” informales
Efectivamente la
gente se organiza para no morirse de hambre, pero a la larga los efectos
secundarios de lo informal terminan siendo devastadores. Es como un cáncer que
con los años acaba en metástasis y mata a la persona.
Falta de sentido común para los castigos y multas
Paradójicamente
permitir la informalidad va acompañada de poner multas demasiado severas que
tampoco se cumplen. Además no es lógico
castigar sin más, cuando se está
permitiendo la “ley de la selva”.
En un país bien
organizado, con autoridades idóneas,
toda sanción está precedida de una buena educación y de muchas advertencias y
señales bien visibles.
Para que las
personas sean conscientes, es necesario dedicar unos años a la formación de la
conciencia, que es una formación moral y cívica de todos.
Formar la conciencia de las personas
En un ambiente
informal, donde todo vale, la gente se acostumbra a las trampas y a la mentira para
resolver sus asuntos. Además el mismo papeleo engorroso de la burocracia es
propio de los países bananeros, donde
es escaso el sentido común y se recurre, con frecuencia, a la “patente de corzo” para tener “éxito” exhibiendo
la “bandera” de la victoria.
No se puede exigir
el cumplimiento de la ley si antes no se ha formado bien a las personas para
que puedan entender y hacer suyas las bondades de la ley. El país no necesita
tantas cárceles y jueces o fiscales que persiguen delitos, necesita
fundamentalmente buenos maestros y tener mucho más fe en la educación que en la
represión.
Todos los días
oímos, a través de los medios, las quejas de los asesinatos, femenicidios y
muchas otras formas de violencia. El indignarse hasta el hartazgo no trae la
solución, tampoco las condenas que se hacen desde los distintos foros, ni el
afán de buscar a los culpables para lincharlos o darles un castigo severo.
“El hombre es el lobo del hombre” (Thomas Hobbes)
Los cuadros de
informalidad están llenos de descuidos donde se generan y crecen los microbios
de la bestialidad humana que crean conflictos de todo tipo, y estos se
multiplican. Las zonas de inseguridad van extendiéndose a nuevos barrios,
calles y avenidas, se multiplican las personas con deficiencias morales que son
agresivas y de un sadismo increíble. Las cámaras que toman escenas de violencia
no son una solución porque no se trata solo de encontrar y castigar al
culpable.
Hoy por hoy parece
que todo sigue igual, como podemos verlo cada día. La gente se pregunta ¿qué está
pasando? y solo piensan en encontrar al
culpable para darle la sanción que se merece. El laberinto continúa y crecerá
si se sigue por ese camino.
La prioridad de la educación
Urge que las
autoridades hablen todos los días de educación y pongan los medios para que las
personas se puedan educar adecuadamente. Se deben dar clases de formación
cívica. Cada persona debe contribuir a la mejora de su casa, de su calle, de su
parque, de su distrito y de su país.
El cáncer de la
informalidad permite que las casas estén sucias y despintadas, que las calles
estén rotas y que sean peligrosas y que todo el mundo le eche la culpa a otros.
Si la miseria se ha
extendido no es por falta de dinero, sino por la dejadez y flojera de las
personas, cuando nadie se siente responsable y todos “soplan la pluma”. Cuando
los que protestan son informales, vulgares y procuran vivir medrando con la “viveza”
y el “pillaje” como si eso fuera una virtud.
Al hombre con calle
se le retrata como el “callejero” que se lo sabe todo y que es astuto para
salir airoso de cualquier situación. Se
le educa, equivocadamente, para que
no sea Nerd en sentido peyorativo.
Como si el que “ronca”, el líder tendría que ser el más pillo, el más burlón,
el que maletea a todo el mundo. Esta mentalidad forma parte de la informalidad.
Lo contrario a la
informalidad no es la formalidad, no es ser una persona rígida, tiesa, severa,
estricta, que está mirando solo los relojes y los reglamentos.
Lo contrario a la
informalidad es el orden de la persona que sabe querer y que con su amor crea
grandes espacios de libertad para hacer feliz a muchísima gente. La felicidad
que se tiene cuando se quiere lo que verdaderamente vale y se puede transmitir.
(P. Manuel Tamayo)
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