jueves, 26 de marzo de 2020


¡SALVE CÉSAR! TE SALUDAMOS LOS QUE VAMOS A MORIR

“Damnatio ad bestias o simplemente, ad bestias (latín para "condena a las fieras") fue un tipo particular de pena de muerte donde los condenados eran mutilados en el arena del circo o arrojados a una jaula de fieras, por lo general, leones. La costumbre fue importada a la Antigua Roma alrededor del siglo II a. C. desde Asia, donde existía una pena similar desde al menos el siglo VI a. C.. En Roma, la damnatio ad bestias fue utilizado como entretenimiento y formó parte de los juegos inaugurales del Anfiteatro Flavio. Entre los siglos I y III, esta pena se aplicaba principalmente a los peores criminales y a los primeros cristianos durante las persecuciones (en latín: christiani ad leones, "cristianos a los leones"). La damnatio ad bestias fue suprimida en el año 681(Wikipedia).

“La damnatio ad bestias no apareció como una práctica espiritual, sino más bien como un espectáculo. Al condenado se le podía atar a un poste o ser forzado a asumir el papel protagonista de un personaje mitológico despedazado por una bestia (por ejemplo, el suplicio de Prometeo, a quien un águila le devoraba su hígado diariamente, porque cada día le volvía a crecer). Las fieras eran azuzadas por ayudantes que les enfurecían con muñecos, trapos o pinchos. Además de los leones, se utilizaban otros animales salvajes, como osostigresleopardos, panteras negras y toros. Las damnatio ad bestias se llevaban a cabo por la mañana o antes de los combates de gladiadores, cuando el público era particularmente numeroso. Fueron presentados por primera vez en el Foro Romano como actitud ejemplarizante, donde al condenado se le ataba a un poste y ante el éxito, fueron localizados posteriormente en los anfiteatros. La Lex Petronia 61 prohibió a los amos arrojar al esclavo a las fieras sin la decisión de un juez” (Wikipedia).

COMENTARIO
En la antigüedad los cristianos se escondían en las catacumbas para no ser apresados y llevados a la muerte en espectáculos donde la gente se regodeaba con el sufrimiento y la “carnicería” humana provocada por la furia de los leones y propiciada por los emperadores que al bajar el dedo permitían esa bestialidad,  ante la mirada de cientos de espectadores que gozaban de ese “espectáculo” dantesco y salvaje.
Los siglos han pasado y ahora estamos viendo en esos mismos territorios muertes a mansalva y sin hacer distinción de personas, provocadas  por el coronavirus

En el centro de la cristiandad
Italia, y especialmente Roma, ha sido escenario de grandes acontecimientos que han tenido repercusión universal.  Hoy el mundo está mirando a ese país con asombro y gran preocupación, ¿qué está pasando con los italianos? Sufren más que nadie de una pandemia que se originó en la China y que está teniendo una repercusión universal sin precedentes.

Ni los últimos inventos tecnológicos y científicos del hombre moderno pueden hacer nada. El hombre de hoy, encerrado en cuarentena, se encuentra como esos cristianos escondidos en las catacumbas porque fuera de ellas el peligro de muerte es inminente.

Las cercanías virtuales
Las redes, por ahora, aguantan todo y las comunicaciones, que son posibles, nos acercan sin peligro de contagio, pero sirven también para enterarse de lo que ocurre en otros lugares del mundo, algo que era imposible el año 1917 cuando la gripe española mató a millones en Europa. En el Perú hubo 56,000.00 muertos.

Los que dejan este mundo
Siempre el número de fallecidos por las grandes guerras y por las pestes suele ser muy elevado.
Muchas personas, que se encuentran en situaciones apremiantes, le tendrían que decir, ya no al César, sino a Dios, como aquellos primeros cristianos de Roma: “¡Salve Señor! Te saludamos los que vamos a morir”.
Si en una época hay que prepararse para la muerte, ésta es la más adecuada. En todo tiempo conviene estar preparados porque uno no sabe ni el día ni la hora, pero además hoy las posibilidades son más cercanas a todos, sin distinción de razas, clases sociales o edad.
En las circunstancias actuales se requiere al mismo tiempo: responsabilidad para cuidarse cumpliendo con todas las indicaciones y aceptar lo que Dios tiene previsto para la humanidad y para cada uno de nosotros.
Todos nos vamos a morir, unos antes que otros, el tiempo se nos va a todos y es por eso muy importante estar preparados, como dice el viejo refrán “que nos cojan confesados”
Hoy rezamos por los difuntos, para que el Señor los reciba y puedan gozar en la vida eterna. Dios quiere apoyarse en nuestras oraciones porque somos corredentores, en nuestras manos puede estar la salvación de muchos.
Rezamos también por los enfermos y por todos los que están sufriendo por los azotes de esta enfermedad, ¡No los dejemos solos! Y rezamos pidiéndole al Señor y a Nuestra Madre la Virgen las gracias necesarias y estar bien preparados para cualquier eventualidad.
Rezamos con esperanza, porque estos momentos pasarán, ojalá pronto. El mundo se mirará con otros ojos, quizá de más solidaridad y unidad. San Pablo decía: “para los que aman a Dios todas las cosas son para bien” Esperemos que vengan esos tiempos buenos que todos deseamos.(P. Manuel Tamayo).


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