¡SALVE CÉSAR! TE SALUDAMOS LOS QUE VAMOS A
MORIR
“Damnatio
ad bestias o simplemente, ad bestias (latín para
"condena a las fieras") fue un tipo particular de pena de muerte donde
los condenados eran mutilados en el arena del circo o arrojados a una jaula de
fieras, por lo general, leones. La
costumbre fue importada a la Antigua Roma alrededor
del siglo
II a. C. desde Asia, donde existía una pena similar desde al menos el siglo VI a. C..
En Roma, la damnatio ad bestias fue utilizado como
entretenimiento y formó parte de los juegos inaugurales del Anfiteatro Flavio.
Entre los siglos I y III, esta pena se aplicaba principalmente a los peores
criminales y a los primeros cristianos durante las persecuciones (en
latín: christiani ad leones, "cristianos a los leones").
La damnatio ad bestias fue suprimida en el año 681” (Wikipedia).
“La damnatio ad bestias no
apareció como una práctica espiritual, sino más bien como un espectáculo. Al
condenado se le podía atar a un poste o ser forzado a asumir el papel
protagonista de un personaje mitológico despedazado por una bestia (por ejemplo, el suplicio de Prometeo, a
quien un águila le devoraba su hígado diariamente, porque cada día le volvía a
crecer). Las fieras eran azuzadas por ayudantes que les enfurecían con
muñecos, trapos o pinchos. Además de los leones, se utilizaban otros animales
salvajes, como osos, tigres, leopardos,
panteras negras y toros. Las damnatio ad bestias se llevaban a
cabo por la mañana o antes de los combates de gladiadores,
cuando el público era particularmente numeroso. Fueron presentados por primera
vez en el Foro Romano como
actitud ejemplarizante, donde al condenado se le ataba a un poste y ante el
éxito, fueron localizados posteriormente en los anfiteatros. La Lex
Petronia 61 prohibió a los amos arrojar al esclavo a las fieras sin la
decisión de un juez” (Wikipedia).
COMENTARIO
En la antigüedad los cristianos se
escondían en las catacumbas para no ser apresados y llevados a la muerte en
espectáculos donde la gente se regodeaba con el sufrimiento y la “carnicería”
humana provocada por la furia de los leones y propiciada por los emperadores
que al bajar el dedo permitían esa bestialidad, ante la mirada de cientos de espectadores que
gozaban de ese “espectáculo” dantesco y salvaje.
Los siglos han pasado y ahora estamos
viendo en esos mismos territorios muertes a mansalva y sin hacer distinción de
personas, provocadas por el coronavirus
En
el centro de la cristiandad
Italia, y especialmente Roma, ha sido escenario de grandes acontecimientos
que han tenido repercusión universal. Hoy
el mundo está mirando a ese país con asombro y gran preocupación, ¿qué está pasando con los italianos?
Sufren más que nadie de una pandemia que se originó en la China y que está
teniendo una repercusión universal sin precedentes.
Ni los últimos inventos tecnológicos
y científicos del hombre moderno pueden hacer nada. El hombre de hoy, encerrado
en cuarentena, se encuentra como esos cristianos escondidos en las catacumbas
porque fuera de ellas el peligro de muerte es inminente.
Las
cercanías virtuales
Las redes, por ahora, aguantan todo y
las comunicaciones, que son posibles,
nos acercan sin peligro de contagio, pero sirven también para enterarse de lo
que ocurre en otros lugares del mundo, algo que era imposible el año 1917
cuando la gripe española mató a millones en Europa. En el Perú hubo 56,000.00
muertos.
Los
que dejan este mundo
Siempre el número de fallecidos por
las grandes guerras y por las pestes suele ser muy elevado.
Muchas personas, que se encuentran en
situaciones apremiantes, le tendrían que decir, ya no al César, sino a Dios,
como aquellos primeros cristianos de Roma: “¡Salve
Señor! Te saludamos los que vamos a morir”.
Si en una época hay que prepararse
para la muerte, ésta es la más adecuada. En todo tiempo conviene estar
preparados porque uno no sabe ni el día ni la hora, pero además hoy las
posibilidades son más cercanas a todos, sin distinción de razas, clases
sociales o edad.
En las circunstancias actuales se
requiere al mismo tiempo: responsabilidad para cuidarse cumpliendo con todas
las indicaciones y aceptar lo que Dios tiene previsto para la humanidad y para
cada uno de nosotros.
Todos nos vamos a morir, unos antes
que otros, el tiempo se nos va a todos y es por eso muy importante estar
preparados, como dice el viejo refrán “que
nos cojan confesados”
Hoy rezamos por los difuntos, para
que el Señor los reciba y puedan gozar en la vida eterna. Dios quiere apoyarse
en nuestras oraciones porque somos corredentores, en nuestras manos puede estar
la salvación de muchos.
Rezamos también por los enfermos y
por todos los que están sufriendo por los azotes de esta enfermedad, ¡No los
dejemos solos! Y rezamos pidiéndole al Señor y a Nuestra Madre la Virgen las
gracias necesarias y estar bien preparados para cualquier eventualidad.
Rezamos con esperanza, porque estos
momentos pasarán, ojalá pronto. El mundo se mirará con otros ojos, quizá de más
solidaridad y unidad. San Pablo decía: “para
los que aman a Dios todas las cosas son para bien” Esperemos que vengan
esos tiempos buenos que todos deseamos.(P. Manuel Tamayo).
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