¡SEÑOR, QUE VEA!
La luz en medio de las
tinieblas
“En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a
Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que
pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el
Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de
mí!». Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba
mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que
se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te
haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!». Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado».
Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el
pueblo, al verlo, alabó a Dios”.(Lc 18,35-43)
En aquel tiempo Jesús vio al pasar a un hombre
ciego de nacimiento, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el
barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que
quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo. (Juan 9, 1-5).
COMENTARIO
La soberbia ciega, en cambio con la humildad se
recibe la luz para ver lo que Dios quiere que veamos.
El hombre soberbio es el que cree que todo lo
puede, que tiene fuerzas suficientes, que todo lo sabe y presume de sus capacidades.
Ocurren circunstancias en la vida que son como una “cachetada”
para el hombre que pensaba que el poder de sus propias fuerzas o su poderío
económico, estaban asegurados para siempre.
Una
reflexión necesaria
Las circunstancias actuales son una magnífica
fotografía que enseña las fragilidades y limitaciones humanas, que se deben
reconocer en todos los ámbitos de la sociedad, para no estar buscando o
tratando de crear “paraísos”
inconsistentes, que no pasan de ser una “burbuja dorada” llena de ciegos, que
piensan que ven la luz y están equivocados.
La historia es elocuente, Nos enseña diversas
situaciones donde se han puesto en evidencia las grandes limitaciones humanas (guerras increíbles, equivocaciones y errores
en los campos de las relaciones humanas, ideologías torpes, grandes utopías,
credulidades absurdas y toda una suerte de voluntarismos que llevan a la
sinrazón y al fanatismo).
No basta la buena voluntad; el ser humano debe
exigirse para mejorar su cultura y situarse bien en el lugar donde le
corresponde. Para eso está la educación, que es esencial para ganar en virtudes
y en conocimientos. El peor mal es la ignorancia y mucho peor cuando acompaña
una soberbia que vuelve rebelde al ser humano, que luego termina siendo
sepultado por su propia terquedad.
La
humildad es la verdad y esta se da con la esperanza
Estas circunstancias difíciles no deben
desanimarnos, al contrario, aceptar la realidad es lo que nos toca a todos.
Desde hace siglos la Iglesia predica la Palabra de Dios que nos dejó Nuestro
Señor Jesucristo.
Es el momento para parar, en la quietud de
la cuarentena, y
reflexionar un poco para llenarnos de esperanza. Eso es lo que nos trae
Jesucristo y la Iglesia lo predica.
Los pasajes evangélicos que hemos escogido para
este artículo, nos ayudan a entender cómo nos encontramos hoy y a quién tenemos
que acudir para salir de los laberintos.
Los que no creen en Dios nos dirán que nos
callemos, como hicieron con el ciego Bartimeo, que pedía el milagro a gritos y
a muchos les molestaba que Jesús diera la vista al ciego. Hoy ocurre lo mismo
cuando Dios quiere elevar las mentes y los corazones de las personas al ámbito
de lo sobrenatural.
Acudir
a Dios
La solución está en Dios, Él es Todopoderoso y
quiere lo mejor para todos. Nos ha creado libres para que hagamos méritos y
seamos felices. El mérito de abrazarnos a la cruz, de sacrificarnos como Él lo
hizo, de ser generosos y serviciales con los demás, de saber comprender y
perdonar, de estar unidos.
La virtud de la humildad nos ayuda a descubrir el
valor de las personas y las posibilidades que tienen de ser libres y felices.
En tiempos de dificultad se descubren personas valiosas y hasta heroicas que
son capaces de dar la vida por los demás. Hay gente buenísima que sabe ser
solidaria estando cerca de los demás para ayudarlos y acompañarlos sin buscar
ninguna recompensa. Hoy vemos esta realidad que nos llena de gratitud y
admiración.
Es un tiempo de acción de gracias por esas
personas, que no son pocas y saben vivir amando a los demás de verdad.
Una
reflexión que nos lleve a estar más unidos
El mismo Jesucristo nos ha pedido: “Que todos sean uno como mi Padre y yo somos
uno” El mundo de hoy es un espectáculo de desunión. Parece que se está
haciendo lo contrario a lo mandado por Jesús. ¿No es acaso una buena ocasión
para reflexionar? ¿no es un magnífico momento para agarrar los evangelios y ver
si estamos haciendo caso a lo que Dios nos dice? , no vaya a ser que estemos
viviendo como si Dios no existiera, como si no hubiera dicho nada al respecto, y estemos al margen de todo lo que nos ha
pedido.
Hoy la Iglesia le pide a Dios con urgencia para que
el hombre contemporáneo abra los ojos a la realidad y no caiga en una absurda
rebeldía o en una atroz indiferencia, que solo lo llevaría al descalabro.
Que gran lección para la humanidad encontramos en el
ciego del Evangelio, para decirle a Jesús, con urgencia y respeto: “¡Señor, que vea!” y
entonces empezaremos a ver una luz en medio de las tinieblas, que nos dará
mucha alegría y paz. Con La Virgen todo
se puede, Ella nunca nos abandona, qué grato resulta estar a su lado. (P. Manuel Tamayo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario