viernes, 20 de marzo de 2020


¡SEÑOR, QUE VEA!
La luz en medio de las tinieblas


“En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!». Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”.(Lc 18,35-43) 

En aquel tiempo Jesús vio al pasar a un hombre ciego de nacimiento, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo. (Juan 9, 1-5).



COMENTARIO

La soberbia ciega, en cambio con la humildad se recibe la luz para ver lo que Dios quiere que veamos.

El hombre soberbio es el que cree que todo lo puede, que tiene fuerzas suficientes, que todo lo sabe y presume de sus capacidades.

Ocurren circunstancias en la vida que son como una “cachetada” para el hombre que pensaba que el poder de sus propias fuerzas o su poderío económico, estaban asegurados para siempre.


Una reflexión necesaria
Las circunstancias actuales son una magnífica fotografía que enseña las fragilidades y limitaciones humanas, que se deben reconocer en todos los ámbitos de la sociedad, para no estar buscando o tratando de crear  “paraísos” inconsistentes, que no pasan de ser una “burbuja dorada” llena de ciegos, que piensan que ven la luz y están equivocados.

La historia es elocuente, Nos enseña diversas situaciones donde se han puesto en evidencia las grandes limitaciones humanas (guerras increíbles, equivocaciones y errores en los campos de las relaciones humanas, ideologías torpes, grandes utopías, credulidades absurdas y toda una suerte de voluntarismos que llevan a la sinrazón y al fanatismo).

No basta la buena voluntad; el ser humano debe exigirse para mejorar su cultura y situarse bien en el lugar donde le corresponde. Para eso está la educación, que es esencial para ganar en virtudes y en conocimientos. El peor mal es la ignorancia y mucho peor cuando acompaña una soberbia que vuelve rebelde al ser humano, que luego termina siendo sepultado por su propia terquedad.


La humildad es la verdad y esta se da con la esperanza
Estas circunstancias difíciles no deben desanimarnos, al contrario, aceptar la realidad es lo que nos toca a todos. Desde hace siglos la Iglesia predica la Palabra de Dios que nos dejó Nuestro Señor Jesucristo.

Es el momento para parar, en la quietud de la cuarentena, y reflexionar un poco para llenarnos de esperanza. Eso es lo que nos trae Jesucristo y la Iglesia lo predica.

Los pasajes evangélicos que hemos escogido para este artículo, nos ayudan a entender cómo nos encontramos hoy y a quién tenemos que acudir para salir de los laberintos.

Los que no creen en Dios nos dirán que nos callemos, como hicieron con el ciego Bartimeo, que pedía el milagro a gritos y a muchos les molestaba que Jesús diera la vista al ciego. Hoy ocurre lo mismo cuando Dios quiere elevar las mentes y los corazones de las personas al ámbito de lo sobrenatural.


Acudir a Dios
La solución está en Dios, Él es Todopoderoso y quiere lo mejor para todos. Nos ha creado libres para que hagamos méritos y seamos felices. El mérito de abrazarnos a la cruz, de sacrificarnos como Él lo hizo, de ser generosos y serviciales con los demás, de saber comprender y perdonar, de estar unidos.

La virtud de la humildad nos ayuda a descubrir el valor de las personas y las posibilidades que tienen de ser libres y felices. En tiempos de dificultad se descubren personas valiosas y hasta heroicas que son capaces de dar la vida por los demás. Hay gente buenísima que sabe ser solidaria estando cerca de los demás para ayudarlos y acompañarlos sin buscar ninguna recompensa. Hoy vemos esta realidad que nos llena de gratitud y admiración.
Es un tiempo de acción de gracias por esas personas, que no son pocas y saben vivir amando a los demás de verdad.


Una reflexión que nos lleve a estar más unidos
El mismo Jesucristo nos ha pedido: “Que todos sean uno como mi Padre y yo somos uno” El mundo de hoy es un espectáculo de desunión. Parece que se está haciendo lo contrario a lo mandado por Jesús. ¿No es acaso una buena ocasión para reflexionar? ¿no es un magnífico momento para agarrar los evangelios y ver si estamos haciendo caso a lo que Dios nos dice? , no vaya a ser que estemos viviendo como si Dios no existiera, como si no hubiera dicho nada al respecto,  y estemos al margen de todo lo que nos ha pedido.

Hoy la Iglesia le pide a Dios con urgencia para que el hombre contemporáneo abra los ojos a la realidad y no caiga en una absurda rebeldía o en una atroz indiferencia, que solo lo llevaría al descalabro.  

Que gran lección para la humanidad encontramos en el ciego del Evangelio, para decirle a Jesús, con urgencia y respeto: “¡Señor, que vea!” y entonces empezaremos a ver una luz en medio de las tinieblas, que nos dará mucha alegría y paz.  Con La Virgen todo se puede, Ella nunca nos abandona, qué grato resulta estar a su lado. (P. Manuel Tamayo)

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