miércoles, 10 de junio de 2020


PROTESTAS A DESHORA

“No reprendas cuando sientes indignación por la falta cometida. –Espera al día siguiente, o más tiempo aún.  Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender. –Vas a conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. –Modera tu genio” (San Josemaría, Camino n. 10).

“Eso mismo que has dicho dilo en otro tono, sin ira, y ganará fuerza tu raciocinio, y, sobre todo, no ofenderás a Dios” (San Josemaría, Camino n. 9).


COMENTARIO

Los tiempos de emergencia no deberían ser de protesta sino de sinergia y solidaridad. La resiliencia va con la caridad y la acertada comprensión de la realidad.

Si estamos dentro de un avión que está fallando, y existe la posibilidad de que se estrelle, no es el momento para criticar la mala fabricación de los motores o la inexperiencia del piloto que no tomó precauciones para evitar esa situación de emergencia.

Una persona inteligente procurará guardar la calma, se pondrá a rezar y con la fuerza de la oración procurará dar todo el apoyo posible al piloto y a los pasajeros para que no  entren en pánico.


Críticas desatinadas
No es tiempo para reclamar derechos ni de hacer comparaciones con otras personas que en situaciones semejantes hicieron las cosas mejor. Esas críticas, muchas veces descarnadas y poco inteligentes para el momento, duelen mucho y pueden dejar heridas irreparables.

En los tiempos de emergencia la sensibilidad de las personas suele estar muy elevada. La prudencia nos indica que se debe ser muy cuidadoso con los que se dice o con lo que se opina. Está claro que a todos no se les puede pedir lo mismo. Habrá muchas personas que en su desesperación faltarán a la justicia y a la caridad con expresiones duras de indignación que salen como piedras que se arrojan con los ojos vendados y pueden causar heridas de consideración.


El respeto, la delicadeza y la comprensión
En estas tesituras de confinamiento y pandemia, donde está presente el dolor y la angustia, se requieren personas respetuosas y comprensivas que puedan entender las distintas situaciones que existen, que son muy diversas, en cada lugar y con cada persona.

No es momento de opinar ni de hacer comparaciones de un modo peyorativo, tampoco de sentirse “especialista” para dar consejos sin tener una capacitación profesional. Las medidas que toman las autoridades, aunque se piense que podría haber otras mejores, se deben respetar y no crear ambientes de rebeldía, que podrían empeorar y agravar las situaciones, que ya de por sí son delicadas.

Se puede ser solidario aunque se piense distinto. Se le puede dar la mano al “enemigo” para curarlo y para evitar que sufra, como los buenos soldados en la guerra.

Los confinamientos no deben ser para la pelea sino para la unión. La unidad que se pide no es entre ángeles sino entre seres humanos que tienen muchos defectos y que han cometido muchos errores, pero que saben perdonarse y ayudarse para salir adelante.


Solidarios pero no ingenuos o cándidos
Tampoco ser solidario significa desconocer la realidad, o que no importen las manipulaciones de la corrupción, que suelen agravarse en tiempos de pandemia. Siempre se deben rechazar categóricamente los actos delincuenciales o de corrupción y las campañas maléficas contra los valores morales y la familia, que ahora están en plena vigencia.

Es importante distinguir bien entre la ayuda que debemos dar todos para cuidar a los enfermos, médicos, personal sanitario, policías, mayores de edad con enfermedades preexistentes, de los “sembradores impuros del odio” que siempre han existido y continúan con su intención nefasta en destruir todo lo que es limpio y noble.

Hay que advertir que entre las personas que apoyan estás ideologías de destrucción hay un gran porcentaje, la mayoría diría yo, de engañados, que piensan que están en un camino correcto,  y es que los adalides de esta campaña han pintado las cosas, con la ayuda de poder mediático, para que se vean al revés de lo que son. Hoy los buenos parecen malos y los malos buenos. La confusión es brutal. Así de claro.

Hoy el país requiere serenidad, solidaridad y generosidad, sin críticas ni lamentos. Las protestas están de más, no es tiempo para reclamar derechos. Es tiempo para rezar y esperar, para ser prudentes y diligentes en todo lo que hagamos. Sobran las teorías y las discusiones. Es mejor el silencio de la reflexión para que no falte la comprensión y se sepa estar en el lugar adecuado en estos tiempos extraordinarios; después, ya se verá, (P. Manuel Tamayo).



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