ESCRUPULOSOS Y TEMERARIOS EN TIEMPOS DE PANDEMIA
“El escrúpulo (del
latín, scrupulus, diminutivo de scrupus, piedrecilla
que se mete en el zapato) es la inquietud de
ánimo provocada por la duda acerca de si algo es bueno o malo, correcto o
incorrecto, verdadero o falso”, (Wikipedia).
“Es
escrupuloso el individuo
que realiza la función o el trabajo que
se le ha encomendado de manera sumamente cuidadosa y poniéndole muchísimo
esmero y minuciosidad a cada paso” (diccionario).
“Se dice especialmente de una persona o individuo que
exagera, cuando de una manera excesiva traspasa el límite lo que es razonable”.
(diccionario)
“temerosa es una persona que siente un miedo a
sufrir un daño” (diccionario).
“La histeria colectiva también se le
llama “enfermedad psicogénica de masas”, “histeria en masa” o “psicosis en
grupo”. Además de pánico, muchas
veces también presentan gran variedad de expresiones físicas: temblores,
convulsiones, desmayos, adormecimientos y hasta ceguera son los más frecuentes.
Quien queda atrapado en la red de la histeria colectiva experimenta lo que
le ocurre como algo real, o cuasi real”, (Edith Sánchez).
“Temerario es el
que se expone a peligros de manera imprudente” (Diccionario).
“Un temerario, no siente miedo a nadie ni a nada, por ese motivo
actúa de manera audaz, de manera imprudente sin evaluar ni reflexionar acerca
de las consecuencias” (Diccionario).
“Muchas veces se confunden los términos
temeridad y valentía para hablar de los actos de las personas. Sin embargo hay
diferencia entre uno y otro, ya que el valiente es quien sintiendo miedo, se
sobrepone a él en pos de realizar alguna acción. Se considera que alguien
valiente conoce sus miedos pero los vence. En cambio quien es temerario no le
tiene miedo a nada ni a nadie por esa razón su conducta es audaz e imprudente,
no teme las consecuencias porque ni siquiera se las plantea” (Diccionario).
COMENTARIO
En
los tres meses que llevamos con una pandemia ascendente, llama la atención, para preocupación de muchos, los
escrupulosos y los temerarios.
Cuando
las situaciones se agravan, los miedos o pánicos repercuten más en los que
tienen tendencia a los escrúpulos, y estos podrían crear manías que dificultan
la convivencia, y todo resulta más difícil cuando se vive en cuarentena.
Quien
sufre de escrúpulos la pasa muy mal, vive angustiado con temor a contagiarse,
se esmera, de un modo exagerado, en
poner orden y limpieza por todas partes, se aísla asustado, pendiente de las
informaciones más exageradas de las redes y los medios, no deja de enviar
mensajes y advertencias de precaución a sus familiares y amigos.
En
cambio el temerario, que se sitúa en el otro extremo,
preocupa más, porque pone en riesgo su vida y las de los demás. Cree que a él
no le va a pasar nada, que todo es una exageración; suele decir, para que no le
molesten: “de algo hay que morirse” y habla sin medir las situaciones graves de
muchos contagiados y los de fallecimientos que van creciendo día a día y están
a la vista de todos.
El
temerario suele minimizar las advertencias, y algunos ridiculizan con sorna a los que se
toman en serio las precauciones. Es un rebelde que puede ser difícil de
controlar.
Los
escrupulosos dan pena porque sufren, pero, aunque
tengan mucho miedo, es fácil consolarlos; suelen escuchar y agradecer los
consejos que se les da para tranquilizarlos.
Conocer bien a las personas y las diversas
situaciones en que se encuentran
En
el temerario, en cambio, hay una
indisposición que genera fastidio y preocupación en sus familiares, piensa que
tiene criterio (y no lo tiene) y pone
en tela de juicio las advertencias o medidas de prudencia que se le alcancen,
porque para él son una exageración. Hay que cuidarlo para que no cometa un
descalabro que le perjudique a él y a su familia. Es más difícil controlarlo
por su falta de sensatez y de tino.
Si
le sacamos una foto a nuestra sociedad habría que añadir a los conflictos de
los temerarios y escrupulosos los que son generados por la necesidad de salir
de una gran mayoría para no morirse de hambre. Si hay que corregir unas
conductas hay también que comprender muchas situaciones que son reales y que
claman al Cielo.
Cuando
los medios están politizados se ocultan muchas situaciones que deberían salir
al aire, para que todos puedan ser solidarios con las personas que más sufren.
Líderes idóneos y capaces para manejar situaciones
de alto riesgo
Los
que manejan una situación difícil, como
una pandemia, deben ser personas especializadas con un alto nivel de
virtudes humanas para lograr transmitir con coherencia y sinceridad las
indicaciones pertinentes. Se deben decir
las cosas de tal manera que el que las escucha se sienta agradecido por la
información veraz que recibe con claridad y firmeza.
El
mal comunicador cree que el miedo es un modo de conseguir que la gente responda
bien. Es como el mal profesor que piensa que sus alumnos van a responder si les
pone baja nota, si los jala, o si los castiga. Meter miedo nunca es un buen
camino para ayudar a las personas.
Tampoco
es buen comunicador el “optimista” que hace creer que todo está bien cuando no
es cierto. De esa manera está ocultando la realidad y si piensa que así no hace
sufrir a la población, luego con el tiempo, el sufrimiento será peor y tendrá
que pagar una factura muy alta por no haber dicho toda la verdad a tiempo.
La verdad se agradece siempre
Las
cosas como son, al pan pan y al vino
vino,; cuando la situación es grave no se pueden contar cuentos o hacer
bromas que no vienen al caso.
Cuando
se trata de la salud un médico especialista,
sin ningún tinte político, es el que debe informar y preparar a la
población, alcanzando los datos necesarios y los protocoles pertinentes. La
explicación de un prestigioso profesional da paz y persuade a la población para
que se sienta comprometida a colaborar.
Las
fuerzas armadas, (el ejército y la
policía) están para garantizar la seguridad de todos. La población debería
confiar en el trabajo que ellos realizan y agradecer su presencia. Para que
esto ocurra, los integrantes de las fuerzas armadas deben ser personas
ejemplares en todos los aspectos y en todos los ambientes donde se encuentren.
En
ellos debe destacar la coherencia de vida, la honradez y un afán grande de
servicio a los demás.
La
población en general y cada persona individual, ¡todos!, se sentirán seguros,
no por las armas que lleven, sino por la conducta de cada miembro de las
fuerzas armadas. Deben ser personas buenas que saben combinar con arte, la
fuerza con el respeto y el cariño por la población.
Garantizar los ingresos económicos de la
población
Si
en una pandemia quedan comprometido los trabajos y por lo tanto la economía de
un país, los gobernantes deben consultar al empresariado y a los economistas
más renombrados, (que no defiendan
posturas políticas), para determinar lo que se debe hacer. Un profesional
competente de ese sector es el que debe informar sobre la situación económica
vigente y explicar cuáles serían las soluciones oportunas.
El respeto y el valor de los medios
sobrenaturales en tiempos de pandemia.
Una
población mayoritariamente católica que cuenta, por tradición, con devociones arraigadas, se ven en la urgencia de
pedir a Dios para que pasen estos momentos terribles de angustia y
desesperación. Es muy comprensible que mucha gente pida que se le facilite los
medios para poder ir a los templos a rezar.
Es
de desear que las autoridades y todas las fuerzas que estén en primera fila
luchando contra esta pandemia recen y pidan oraciones. En un país mayoritariamente
católico el estado puede el pedir que se rece para que pase la pandemia y
pondrá los medios para que la gente pueda hacerlo. Las oraciones pueden ser
mucho más eficaces que los respiradores y las máscaras.
Se
respeta al que no tiene fe. pero a él también se le pide que respete a los que
la tienen.
Si
por efecto de una pandemia se ven afectadas las actividades religiosas de un
sector o de todo el país, los gobernantes deben coordinar con las autoridades
eclesiásticas y pedirles a ellos que expliquen e informen claramente a la
feligresía cuáles son los protocolos que deben observar en los tiempos de
pandemia. Si el problema es a nivel mundial las autoridades eclesiásticas harán
las consultas pertinentes a las instancias superiores.
La
población tiene derecho a conocer la verdad, no se les debe mentir, ni tenerla
desinformada, sobre todo en situaciones de emergencia cuando está en juego la
vida de muchas personas.
Si
las autoridades hacen las cosas bien el nivel de sensatez de la población en
general será más alto y los más sensatos se encargarán de tranquilizar a los
escrupulosos y corregir a los temerarios para lograr el equilibrio ideal que
permita superar las dificultades en situaciones de emergencia.
Todos
los seres humanos son educables a corto plazo, cuando las autoridades consiguen
ser testimonio de una conducta coherente y limpia. (P. Manuel Tamayo)
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