PROHIBICIONES Y LIBERTADES
“Una prohibición es un obstáculo para realizar
o abstenerse de una conducta, que debía estar alejada por ser contraria a la
moral, a las buenas costumbres, a las normas
morales” (Diccionario).
La mayoría de las prohibiciones
son fijadas por el Estado a través del Poder Judicial,
encargado de sancionar las leyes.
Estas normas jurídicas indican qué se puede hacer y qué no en el marco de una
sociedad. Algunas cuestiones se convierten en algo prohibido con el paso del
tiempo. Así, fumar en ciertos lugares está ahora prohibido. Lo prohibido, por
último, puede asociarse a lo que se
hace o se difunde sin consentimiento de alguien involucrado, (Wikipedia).
COMENTARIO
Cuando era chico
aparecía en la cartelera de los cines, que
traían los periódicos, la censura de las películas que se exhibían.
Las prohibiciones
eran de acuerdo a la edad: “prohibido
para menores de 14 años”, “prohibido para menores de 16 años”, prohibido para
menores de 18 años” y “prohibido para menores de 21 años, no recomendable para
damas”
En todos los cines
había una persona que controlaba los accesos a las localidades y si dejaba
entrar a una persona a una película que no era para su edad, le podía caer una
severa multa.
A las casas de
juego no podían entrar los menores de edad. La televisión era muy limpia, no
había “nada subido de tono”, que yo
recuerde.
La autoridad de los mayores
A las personas
mayores se las respetaba y se creía lo que decían. Los maestros eran los que
sabían y no se les podía contradecir, el policía era cercano y protegía
realmente a la población. Había confianza y respeto por la autoridad en
general.
En esas décadas de
los años 1950, 1960 se cuidaba más el vestido de las personas, tanto los
hombres como las mujeres. Ellas iban bien arregladas y muy femeninas, los
hombres casi de etiqueta, el terno y la corbata se usaban mucho, también en los
colegios.
A nadie se le
ocurría vestir a los niños como adultos, ni a los adultos como niños. No
existía el unisex en las modas. Había,
se puede decir, una urbanidad y una
disciplina que ahora ya no existe.
Los hombres
cuidábamos de las mujeres y los mayores de los menores. La esperanza de vida no
era tan alta, los ancianos eran pocos y solían llamar la atención. La mayoría
fallecía en la década de los 60 años. Pasar los 80 era una excepción.
El ejercicio de la libertad
La libertad de los
niños y de los adolescentes consistía en el cuidado que tenían los padres, los
profesores y las autoridades para que no cometieran excesos y cuidaran sus
horarios. Las fiestas terminaban a una hora prudente, los chicos se acostaban
temprano, almorzaban y comían sentados en la mesa con sus padres y hermanos. En
los juegos se interactuaba, no existían los electrónicos ni los teléfonos
celulares.
Los adultos eran
libres para tomar las decisiones oportunas. Las mujeres confiaban en los
hombres y ellos las protegían y las cuidaban con esmero. Todo se aprendía en
casa, los hijos varones tenían que cuidar de las hijas mujeres.
A nadie se le
pasaba por la cabeza lo que ahora se entiende por machismo o feminismo. En la
familia, viviendo unas normas de disciplina, nunca nos sentimos presionados o
que faltara la libertad. Si funcionaban bien las cosas en la casa todos estaban
felices.
En esos años a
nadie se le ocurriría limitar la libertad de los adultos mayores. Al contrario
las canas eran veneradas y lo que pudieran decir o hacer era muy valorado por
los más jóvenes.
Desbarajuste existencial
Hoy, en estos temas
de respeto, se ha sacado el “pie del
plato”. Vivimos en un desbarajuste existencial. Los enemigos de la familia
procuran dividirla sacando como bandera la “independencia” como signo de
libertad. Se le dice a la mujer que se libere, que no debe ser “esclava” en su
casa para criar y educar hijos, que ella debe salir a la calle con los mismos
derechos que los hombres.
Se le cuenta a la
mujer que siempre ha sido persona de segunda categoría y que ya ha llegado la
hora de romper esquemas y establecer la igualdad entre hombres y mujeres. Se
crea en ellas una desconfianza y una actitud de sospecha, como si alguien las
persigue para acosarlas y quitarles su libertad y felicidad.
En algunos países
occidentales se fomenta la eutanasia. Ya no se quiere contar con los adultos,
se les saca del trabajo cuando cumplen la edad de jubilación y se les deja
aislados sin más. Muchos se sienten olvidados y marginados. Se piensa que los
adultos pueden ser una carga innecesaria para la economía del país.
¿Qué se puede hacer?
No se trata de
establecer une regresión para volver al pasado, pero si es importante mirar el
estilo de vida de los que nos han precedido. Hay muchas cosas que rescatar que ahora
se han perdido. La familia tiene que recuperar su sitial, igual que las
autoridades su prestigio. La escuela principal está en el hogar. Allí se
aprende a vivir con honradez pensando en los demás, se aprende a no ser egoísta
y a querer a los demás.
Los mayores tienen
el deber de ser ejemplares para enseñarles con un prestigio adquirido a las
siguientes generaciones hacer honrados y generosos. A decir siempre la verdad y
a no mentir. Para que haya auténtica libertad debe estar presente la verdad. No
se debe prohibir lo que es propio de la libertad con responsabilidad (P. Manuel Tamayo).
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