EL QUE TRAE LA VIDA
“Jesús nació en la
humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7);
unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta
pobreza se manifiesta la gloria del cielo” (cf. Lc 2, 8-20).
“Pues bien, la
voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida
divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los
hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es
sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).
El Reino de los cielos ha sido inaugurado en la tierra por Cristo.
"Se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la
presencia de Cristo" (LG 5).
La Iglesia es el germen y el comienzo de este Reino. Sus llaves son confiadas a
Pedro.
COMENTARIO
Que absurdo y presuntuoso
resulta el empeño del hombre cuando quiere hacer, con sus teorías, un paraíso en la tierra, creando una sociedad
perfecta donde todo funcione bien. Ya lo han intentado miles a lo largo de la
historia y han fracasado rotundamente.
El hombre sin Dios está
destinado a pelearse. Los más grandes líderes de la historia que no han contado
con Dios registran en su hoja de vida conflictos, peleas y grandes
desilusiones. El creyente no es que haga una sociedad ideal, lo que hace es
escuchar a Cristo que dice: “Mi reino no es de este mundo”
Cristo viene para
anunciar el Reino de los Cielos y le promete al hombre la posibilidad de poder
llegar allí si cumple los mandamientos. Cuando el joven rico le pregunta a
Jesús: “¿Qué puedo hacer para salvarme?” Jesús le responde de inmediato: “¡cumple los
mandamientos!”
Con la cabeza en el Cielo
En la tierra
estamos de paso. Jesús viene para traernos la Vida, ese es el fin nuestro y de
todos los hombres. Dios es la Vida y nosotros tenemos que ir con la Vida a la
Vida, o sea tenemos que ir con Cristo, que es la Vida, hacia la Vida Eterna, en
el Reino de los Cielos.
La Navidad no es
una fiesta pagana, no es la fiesta de los regalos o de la exaltación de los
hombres. La Navidad es la llegada del que nos va a salvar para llevarnos a la
vida eterna. La celebración de esta verdad milenaria depende de cada uno. Se
trata de ver cómo recibimos a Jesús en nuestra propia vida.
Recibir a Jesús es
estar atento a su palabra para seguir por el camino que Él nos indica. Allí
está la libertad o sea la verdadera liberación de la esclavitud del pecado. Hoy
asistimos a una sociedad esclavizada por los propios pecados de los hombres.
Hay una auténtica esquizofrenia social. Lo que se dice y publica está infectado
por los microbios de la miseria humana. Es por eso que necesitamos con urgencia
al liberador.
La fe en el
Redentor nos dará la auténtica esperanza, la
que no falla, para ser realmente felices y libres, (P. Manuel Tamayo).
¡Feliz Navidad!
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