EL ÚLTIMO CUENTO REALISTA DEL AÑO
Frente a los
“cuentazos” y grandes mentiras
“Se llama cuento realista a aquel cuyas acciones resultan correspondientes con lo que podría suceder en
el mundo real. Los sucesos de los cuentos realistas,
de este modo, son verosímiles”
(Wikipedia).
“En resumen, mentir está mal. Está mal
contar bolas, trolas, inventarse cuentos o soltar patrañas y ser un embustero,
farsante, trolero, bolero o cuentista. La mentira, además, puede ser descarada
y puede atrapar al mentiroso” (Wikipedia).
“En la jerga de Internet, un trol, plural troles (del noruego troll), describe a una
persona con identidad desconocida que publica mensajes provocadores,
irrelevantes o fuera de tema en una
comunidad en línea, como pueden ser
un foro de discusión, sala de chat, comentarios
de blog, o similar, con la principal intención
de molestar o provocar una respuesta
emocional negativa en los usuarios y lectores, con fines diversos (incluso por diversión) o, de otra manera, alterar la conversación
normal en un tema de discusión, logrando que los mismos usuarios se enfaden y
se enfrenten entre sí. Según la Universidad de Indiana son una comunidad en
aumento. El trol puede crear mensajes con diferente tipo de
contenido como groserías, ofensas, mentiras difíciles de detectar, con la
intención de confundir y ocasionar sentimientos encontrados en los demás” (Wikipedia).
COMENTARIO
Había una vez un muchacho que
era el último de la clase, se llamaba Iván, no estudiaba nada, ni ponía
esfuerzo por entender las explicaciones de los profesores. Sus notas eran
pésimas.
Todos los compañeros sabían de su poca capacidad, sin embargo
Iván tenía amigos y se los ganaba porque su papá era millonario. Los chicos se
fijaban en él porque tenía mucha plata, iba bien vestido y tenía un carro
último modelo, con chofer. Iván era bastante generoso con los que le “soplaban” en los exámenes o le ayudaban
a terminar sus trabajos escolares.
En su aula escolar había chicos de distinta procedencia, la
mayoría de clase media alta. Iván se había rodeado de los listos que le podrían
“soplar” y de otros “buena gente” que le echaban una mano en lo que hiciera falta.
Estas “amistades” cercanas estaban siempre pendientes de él, más
por lo que podían recibir que de la ayuda que prestaban. Todo sucedía con
normalidad como si no pasara absolutamente nada.
En la conciencia de los chicos estaba impresa esta realidad, y
como no había ningún conflicto que les hiriera personalmente, la aceptaban
tácitamente, guardando “lealmente” la discreción debida para conservar la
“unidad” de todos los compañeros.
Los profesores conocían sobre el rendimiento de los alumnos y no
se metían en lo que ellos hacían ocultamente. La vida seguía normal. Como era
de esperar, muchas veces fallaba el “soplo”
en los exámenes y entonces a Iván lo jalaban con notas muy bajas.
El papá de Iván se llamaba Jacinto. Tenía buenos negocios y
bastante dinero. Sabía de las
limitaciones y de la falta de disposición de su hijo para los estudios. No le
gustaba que sacara bajas notas y que sea considerado de los últimos del salón,
porque era un desprestigio para él y para su familia.
Jacinto de vez en cuando recriminaba a su hijo por el poco
esfuerzo que ponía, pero al hacerlo con amargura, sus consejos no funcionaban.
Iván en vez de acercarse se alejaba de él.
Jacinto no sabía qué hacer con su hijo. Al final tuvo que tomar
la decisión de ir al colegio para que le permitieran contratar a un profesor
que le de clases particulares en casa. Le dijeron que no era política del
colegio que un profesor diese clases particulares a los alumnos de ese plantel.
Jacinto insistió en su propósito ofreciendo un sustancioso donativo para el
colegio y un buen sueldo para el profesor. Aceptaron la propuesta como una
excepción.
Un profesor fue a la casa de Jacinto para darle clases de
refuerzo a Iván.
Iván sabía lo que su papá había hecho y pensó que el profesor ya
no lo podría jalar en los exámenes porque sería un desprestigio para él y la
pérdida de su trabajo como profesor particular.
El profesor sabía perfectamente que el alumno no tenía ninguna
disposición para aprender y optó por darle facilidades. Veían un problema, lo
resolvían y al día siguiente tomaba ese mismo problema en clase y ponía nota.
Así Iván podía aprobar raspando.
Sus compañeros pensaron que las enseñanzas del profesor estaban
dando fruto. En cambio Iván sabía que no había mejorado en nada y que el
profesor lo estaba “ayudando” para aprobar los exámenes. Por otro lado el
profesor sabía que Jacinto quería que su hijo no quedara mal frente a los
demás, por encima de todo. Poco le importaba si mejoraba o no.
Otro día Jacinto conversó con Iván y le dijo: “¿te das cuenta que todo se resuelve con
plata? Si tú el día de mañana tienes plata, no tendrás problemas” Al chico
le parecía evidente, por lo que estaba viviendo personalmente.
El profesor “aceitado”
con el dinero recibido, estaba tranquilo y contento, total no era su hijo y ese
papá había elegido educar a su hijo de esa manera. Él cumplía su misión como
profesor enseñándole las lecciones en el colegio y en la casa. El aprendizaje
dependía de la libertad del chico y de la educación de su familia. Si él
recibía el dinero por lo que estaba haciendo podía quedarse tranquilo. En el
futuro diría que él hizo todo lo posible.
Los compañeros de clase vivían en un ambiente permisivo donde
los aprovechamientos estaban a la orden del día. Los que se acercaban a Iván
buscaban lógicamente recibir beneficios, que en la etapa escolar eran
golosinas, una invitación al cine o ir a tomar unos helados más ricos y más
caros. Los otros compañeros que no estaban tan cercanos veían que la vida
estaba llena de complicidades y preferencias. Algunos se reían y condescendían
y otros guardaban resentimientos y celos. Nadie se atrevía a decir nada fuera
de los propios ámbitos de los compañeros de aula.
El colegio celebraba el gran donativo que había recibido y
tenían a Jacinto como un gran apoyo en la asociación de padres de familia para
las decisiones que tomaran en beneficio del colegio y de todos los alumnos.
Todo siguió normal hasta que los chicos salieron del colegio.
Pasaron unos cuantos años. Jacinto había contratado a más
profesores del colegio para un negocio suyo. Se metieron en unos enredos y
fueron demandados por malos manejos y fraudes. Las autoridades hacen
investigaciones y empiezan a salir
acusaciones de corrupción.
Por otro lado Iván y sus compañeros de colegio estaban, la mayoría, coludidos en distintos
negocios, también ilícitos, ganando cuantiosas sumas de dinero. Como se
conocían entre ellos se habían “ayudado” a blindarse. Tenían abogados bien
pagados, compraron periodistas y eran amigos de autoridades con “rabo de paja”.
Todos se ayudaban y formaron una gran “hermandad”
para resistir a las acusaciones de los “malos” que eran los que conocían bien
la verdad que ellos ocultaban.
Jacinto también apoyaba a su hijo y a sus compañeros implicados
y ellos en agradecimiento correspondían ayudando a cubrir los negocios ilícitos
de Jacinto. Armaron toda una organización.
Como tenían medios (bastante
dinero) hicieron una propaganda millonaria para convencer a las grandes
mayorías de la “rectitud” y “bondad” de sus intenciones. Consiguieron mandar a
la cárcel a sus opositores echando leña a asuntos nimios y sembrando delitos
por doquier. Todo lo hicieron con cuentazos
y calumnias, y salieron airosos.
Las grandes mayorías fueron las que aprobaron su gestión y ellos
pudieron hacer cómodamente sus grandes fechorías.
Recordemos que fueron las grandes mayorías, azuzadas por las
autoridades, las que llevaron a Cristo a la Cruz. Hoy todo es igual. Los
pecados de los hombres generan las grandes injusticias. Y colorín colorado este cuento no ha terminado.
¿No parece verdad este cuento?
Si se encuentra un parecido con la realidad es pura coincidencia. (P. Manuel Tamayo)
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