lunes, 21 de junio de 2021

 

EL PODER DEL MALO

Malo es lo que no es de buena calidad “ (Diccionario)

Malo es lo que es perjudicial o dañino” (Diccionario)

Malévolo es en que implica maldad o mala intención” (Diccionario)

La maldad, por lo tanto, se asocia a aquello que constituye un mal. Una acción que se realiza con maldad busca generar un perjuicio o, al menos, a su ejecutor no le interesan sus consecuencias, por más negativas que sean” (Diccionario).

“La malicia es una intención encubierta con que se dice o hace una cosa para beneficiarse en algo o perjudicar a alguien” (Diccionario).

Maligno es una persona que tiene tendencia a hacer daño o desear el mal de los demás. Se llama también maligno al demonio”, (Diccionario).

Mediocre es el que no tiene un talento especial o no tiene suficiente capacidad para la actividad que realiza” (Diccionario).

 

COMENTARIO

De lo malo nada bueno puede salir. Lo malo perjudica siempre, destruye y puede llevar a graves conflictos. Un pequeño agujero en un barco puede hundirlo por completo. El cáncer que empieza en un punto si no se detecta a tiempo para eliminarlo termina matando a la persona.

Es un error cerrar los ojos para no querer ver el mal cuando se piensa que también hay aspectos buenos. Los descuidos o ingenuidades que permiten posturas permisivas pagan luego grandes facturas.

El mal siempre se combate y es mejor combatirlo antes que después.

 

El mal físico y el mal moral

En el ser humano el mal puede ser físico o moral. Nadie tiene reparos en combatir el mal físico; por ejemplo, todos están de acuerdo para combatir la pandemia.

En cambio en el mal moral es donde se encuentran las mayores dificultades y las causas son la malicia, la ignorancia, el descuido y la temeridad.

Los maliciosos buscan a los ignorantes para engañarlos y conseguir beneficios personales y de grupo. Como son maliciosos hacen trampas, roban, mienten y se disfrazan de “oveja” para que los ingenuos le crean. No les importa ser injustos y sembrar odio para conseguir sus objetivos. Suelen ser violentos, displicentes, atrevidos y sinvergüenzas.

Los maliciosos no respetan las reglas establecidas, las instituciones. Solo es válido lo que es conveniente para ellos. Viven cargados de resentimiento y envidia y piensan que la libertad está en derrotar y eliminar al que tiene. El objetivo de los maliciosos es tremendamente egoísta.

 

La siembra del amor

Lo que hace grandiosa y digna a una persona es el desarrollo de su capacidad de amar. A través del amor ordenado el ser humano consigue la ansiada civilización del amor donde unos se preocupan por otros y todos se apoyan. La sociedad entera sería como una familia donde todos se conocen, se comprenden y se aman.

 

La siembra del odio

La siembra de odio por resentimientos es lo más burdo que puede haber porque es denigrar completamente a la persona animalizándola; es querer llegar a la “justicia” con las bajezas del pecado.

En ese ejercicio zafio y desatinado se origina un círculo vicioso que genera más pobreza, odios y resentimientos y jamás se llega al “paraíso” que han prometido los sembradores impuros del odio.  Estos últimos se corrompen siempre con las “riquezas” del botín robado y denigran totalmente su ser como persona. Se convierten en tiranos abominables.

El mal hay que exterminarlo siempre. No se puede cerrar los ojos y admitir lo que está mal porque esa permisividad sacará factura tarde o temprano.

 

La ignorancia y la culpabilidad

El hombre necesita formarse siempre con la ayuda de otros hombres y todos con la ayuda de Dios para no ser malo. El ignorante y el ingenuo son malos sin mayor culpabilidad, el malicioso es malo a sabiendas y es totalmente culpable de sus actos. No dejemos que los maliciosos manejen a los ignorantes, a los ingenuos y a los imberbes pulpines. No dejemos que el ser humano, que debe ser bueno, lo conviertan en malo y además le den un poder engañándolo.

No queremos, de ninguna manera que el poder esté en manos del malo. Ni del que es mediocre porque no está capacitado, ni del que es malicioso, porque lo buscará solo para beneficiarse él su gente, sin que le importe un bledo el resto.

Los gobernantes

Recemos para que los gobernantes sean buenos. No es bueno el que se proclama bueno sino el que lo es de verdad, por su conducta y sus obras. Es bueno el que ama la verdad y vive una vida honesta, sacrificada y generosa. El que quiere a su familia y respeta la libertad de todos (P. Manuel Tamayo)

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