EL PODER DEL MALO
“Malo es lo que no es de buena calidad “
(Diccionario)
“Malo es lo que es perjudicial o dañino”
(Diccionario)
“Malévolo es en que implica maldad o
mala intención” (Diccionario)
“La maldad, por lo tanto, se
asocia a aquello que constituye un mal. Una acción que se realiza con maldad busca generar un perjuicio o, al menos, a su ejecutor no
le interesan sus consecuencias, por más negativas que sean” (Diccionario).
“La malicia es una intención encubierta con que se dice o hace una cosa para beneficiarse
en algo o perjudicar a alguien” (Diccionario).
“Maligno es una persona que tiene tendencia a hacer daño o desear el mal de los demás. Se llama también maligno al
demonio”, (Diccionario).
“Mediocre es el que no tiene
un talento especial o no tiene suficiente capacidad para la actividad que
realiza” (Diccionario).
COMENTARIO
De lo malo nada bueno puede salir. Lo
malo perjudica siempre, destruye y puede llevar a graves conflictos. Un pequeño
agujero en un barco puede hundirlo por completo. El cáncer que empieza en un
punto si no se detecta a tiempo para eliminarlo termina matando a la persona.
Es un error cerrar los ojos para no
querer ver el mal cuando se piensa que también hay aspectos buenos. Los
descuidos o ingenuidades que permiten posturas permisivas pagan luego grandes
facturas.
El mal siempre se combate y es mejor
combatirlo antes que después.
El mal físico y el mal
moral
En el ser humano el mal puede ser físico
o moral. Nadie tiene reparos en combatir el mal físico; por ejemplo, todos
están de acuerdo para combatir la pandemia.
En cambio en el mal moral es donde se
encuentran las mayores dificultades y las causas son la malicia, la ignorancia,
el descuido y la temeridad.
Los maliciosos buscan a los ignorantes
para engañarlos y conseguir beneficios personales y de grupo. Como son
maliciosos hacen trampas, roban, mienten y se disfrazan de “oveja” para que los
ingenuos le crean. No les importa ser injustos y sembrar odio para conseguir
sus objetivos. Suelen ser violentos, displicentes, atrevidos y sinvergüenzas.
Los maliciosos no respetan las reglas
establecidas, las instituciones. Solo es válido lo que es conveniente para
ellos. Viven cargados de resentimiento y envidia y piensan que la libertad está
en derrotar y eliminar al que tiene. El objetivo de los maliciosos es
tremendamente egoísta.
La siembra del amor
Lo que hace grandiosa y digna a una
persona es el desarrollo de su capacidad de amar. A través del amor ordenado el
ser humano consigue la ansiada civilización del amor donde unos se preocupan
por otros y todos se apoyan. La sociedad entera sería como una familia donde
todos se conocen, se comprenden y se aman.
La siembra del odio
La siembra de odio por resentimientos es
lo más burdo que puede haber porque es denigrar completamente a la persona
animalizándola; es querer llegar a la “justicia” con las bajezas del pecado.
En ese ejercicio zafio y desatinado se
origina un círculo vicioso que genera más pobreza, odios y resentimientos y
jamás se llega al “paraíso” que han prometido los sembradores impuros del
odio. Estos últimos se corrompen siempre
con las “riquezas” del botín robado y denigran totalmente su ser como persona.
Se convierten en tiranos abominables.
El mal hay que exterminarlo siempre. No
se puede cerrar los ojos y admitir lo que está mal porque esa permisividad
sacará factura tarde o temprano.
La ignorancia y la culpabilidad
El hombre necesita formarse siempre con
la ayuda de otros hombres y todos con la ayuda de Dios para no ser malo. El
ignorante y el ingenuo son malos sin mayor culpabilidad, el malicioso es malo a
sabiendas y es totalmente culpable de sus actos. No dejemos que los maliciosos
manejen a los ignorantes, a los ingenuos y a los imberbes pulpines. No dejemos que el ser humano, que debe ser bueno, lo conviertan en malo y además le den un poder
engañándolo.
No queremos, de ninguna manera que el
poder esté en manos del malo. Ni del que es mediocre porque no está capacitado,
ni del que es malicioso, porque lo buscará solo para beneficiarse él su gente,
sin que le importe un bledo el resto.
Los gobernantes
Recemos para que los gobernantes sean
buenos. No es bueno el que se proclama bueno sino el que lo es de verdad, por
su conducta y sus obras. Es bueno el que ama la verdad y vive una vida honesta,
sacrificada y generosa. El que quiere a su familia y respeta la libertad de
todos (P. Manuel Tamayo)
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