LA SORDERA INMORAL
“No hay peor sordo que el que no quiere oír. Resultan inútiles las razones con que se intenta
persuadir al que con tenacidad y malicia no quiere atender a las razones de
otro” (Diccionario).
“El dolor y la
culpabilidad por no hacer caso” (vid Melta)
COMENTARIO
La terquedad humana es
una estrechez de pensamiento ocasionada por voluntarismo al dar demasiado
crédito a la autonomía individual y aferrarse a ella.
Toda persona, cuando está en sus buenos cabales,
cuenta con las opiniones y consejos de los demás que enriquecen y mejoran sus
puntos de vista.
La mala
educación
Las terquedades de los
adultos pueden tener su origen en los engreimientos permitidos en el hogar.
Cuando el niño quiere que sus padres le den todo lo que pide.
La familia que
consciente los antojos de un niño, contribuye a deformar su voluntad. Ese niño
que pide y decide sin escuchar consejos de las personas que le razonan porque
lo quieren, es un necio. Si no se corrige a tiempo su voluntarismo lo hará un
tirano.
Sordos
para la verdad
Hoy muchas mamás se
quejan porque su hijo no le hace caso. No quiere oír las razones, está cerrado
y es muy difícil convencerlo.
A esta realidad cada
vez más extendida le echa más leña la mala educación que hay en los colegios y
en las universidades, cuando se fomenta en los alumnos una autonomía o
independencia con respecto a sus padres o a personas buenas que aconsejan.
Cuando le dicen al
alumno: “tú tienes que hacer lo que tú
decidas” si más, sin darle explicaciones, como si la libertad fuera solo
hacer lo que me da la gana, libre e independiente sin tener en cuenta el
criterio de los demás.
De esa mala educación surge la “sordera
inmoral”, el no querer oír las razones, como si no importara la verdad sino la
conveniencia personal por el beneficio que se va a recibir o porque la
imaginación, que es “la loca de la casa” crea en la cabeza una fantasía.
Hoy muchas personas que han descuidado
su formación, construyen con el voluntarismo una “verdad” falsa y se empeñan en defenderla.
Renuncian a usar la razón porque tienen
una fuerte voluntad que la sustituye. Estos son los fanáticos que puede usar
cualquier medio para conseguir lo que ellos quieren.
La siembra y la cosecha
del odio
Como no tienen un amor ordenado son
víctimas de la siembra de odio (que es
también un amor de resentimiento) que ocupa su corazón y los impulsa a
defender “con las uñas” la falsa verdad que es una mentira tejida con acciones
inmorales por los sembradores impuros del odio.
Nunca de un mal puede salir un bien, y
si se ha generalizado la complicidad de los que se han apuntado a una causa
indigna, en poco tiempo empiezan a pelearse y traicionarse los más ambiciosos,
mientras llevan a los demás al descalabro.
Lo malo es que no solo los maliciosos se
perjudican, también caen los imberbes, los ignorantes y, lamentablemente, muchas personas sencillas que fueron engañadas.
En estos tiempos las advertencias para
que se hagan las cosas bien suelen caer en saco roto.
El descuido en la educación de los
chicos en las familias y en los colegios se nota en todos los ambientes
laborales de una sociedad.
Hay “sordos” en las empresas, en el
parlamento, en las autoridades, en los políticos.
Se señala la verdad con pruebas
fehacientes y no hay una reacción de reconocimiento y aceptación. Hay un silencio
atroz, y cuando sea necesario se crean cortinas de humo para que no se vea la
realidad.
La ceguera y sordera
inmoral
Hay sordera y ceguera inmoral. No se
quiere oír y no se quiere ver. La suerte está echada. Ya está todo decidido,
como el niño engreído que quiere conseguir, de
todas maneras, lo que él pide. Él no ha hecho ningún esfuerzo solo quiere
el beneficio para tener más y no le importa nada más.
Esta es una enfermedad social que clama
al Cielo. No es solo el amor a la democracia, ni el amor al país. Es el amor a
la verdad, que eso es lo que está
faltando y lo que nos hace libres y felices a todos.
En otras palabras, el amor a la verdad
es lo que da autenticidad al amor a Dios, a nuestra familia y por lo tanto a
nuestro país. La democracia es un medio, para que las instituciones del país,
funcionen para el desarrollo, progreso y libertad de cada persona.
Solo nos queda rezar para que Dios mueva
la cabeza y los corazones de los que tendrían que encontrar la verdad para ser
libres. (P. Manuel Tamayo)
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