martes, 1 de junio de 2021

 

LA UNIDAD CON LA VERDAD Y EL PERDÓN

“Socialmente hablando, la unidad puede representar dos aspectos: uno positivo y uno negativo, la unidad se puede presentar como positiva, cuando refleja el trabajo mutuo y ordenado entre las personas para el logro de objetivos, por ejemplo en una comunidad, cuando cada una de las personas que habitan en ella, trabajan en conjunto para obtener beneficios que mejoren su calidad de vida. La unidad comunitaria o social viene a estar vinculada con el propósito de unirse entre todos, dejando a un lado las diferencias para el logro de una meta en común. Aunque, la unidad también puede ser negativa, si se piensa que lo diferente es malo y peligroso, y que por lo tanto debe ser apartado o eliminado” (Diccionario). 

“La verdad es la correspondencia entre lo que pensamos o sabemos con la realidad. La palabra, como tal, proviene del latín verĭtasveritātis. En este sentido, la verdad supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe, se siente o se piensa. De allí que el concepto de verdad también abarque valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza” (Diccionario).

 

“Perdón es la acción y el resultado de perdonar. Se puede perdonar, entre otras cosas, una ofensa (por ejemplo, un insulto), una pena (cadena perpetua, arresto domiciliario...), una deuda (por ejemplo, económica). También es la indulgencia o la remisión de los pecados.

La palabra 'perdón' también tiene otros significados y se utiliza en varios contextos para expresar disculpa en general ('Perdón, no me había dado cuenta'), por ejemplo cuando se interrumpe un discurso ('Perdón, ¿sabéis qué hora es?'). También se emplea a modo de disculpa para excusarse en una conversación ante algo que se dice de forma inapropiada ('He visto por la calle al tío ese, perdón, a tu novio'). En algunos casos se utiliza la fórmula 'con perdón'. (Diccionario).

 

COMENTARIO

La auténtica unidad, que es la única que vale la pena, es la que está unida a la verdad, al bien y a la belleza. Cualquier acercamiento o acuerdo que no lleve estas características no son unidad.

Si se unen unos cómplices para asaltar un banco, esa unión no tiene nada que ver con la unidad, es solo una complicidad. Para que sea unidad debe perseguir un bien y las partes deben estar identificadas con ese bien. Es bueno lo que es verdadero, sano y noble. Aquello que cuando se adquiere todos se enriquecen en el espíritu.

Nunca se obtiene la unidad con el odio, el resentimiento o la envidia. Lo negativo no une. Es por eso que siempre hay que tener en cuenta el perdón para poder elaborar una verdadera unidad.

El bien nunca se puede unir con el mal. No se puede poner en un mismo nivel el bien y el mal.

No es democrático poner un planteamiento correcto frente a otro que es erróneo y decir que hay libertad para escoger, como si diera lo mismo cualquiera de los planteamientos.

Al mal no se le puede dar cabida. No se puede poner al mismo nivel la opinión de un notable de la ciudad con la opinión de un delincuente reconocido. El mundo se equivoca en esto y actúa como lo hicieron las autoridades que compararon Barrabás con Jesús.

Decidir a conciencia y con sentido común

Es una falta de sentido común y también de espíritu democrático poner en el mismo nivel a una persona instruida y a un ignorante cuando se trata de asuntos que exigen conocimiento y profesionalidad. Es una falta grave de Caridad engañarle a una persona diciéndole que es capaz de llevar una responsabilidad grande cuando no tiene idoneidad para eso.

La ignorancia es el peor de los males. “Del pecado de ignorancia el demonio saca ganancia”   El ignorante es como un ciego que no ve nada. Al ciego se le ayuda y se le orienta. El ciego no puede guiar porque termina estrellándose y puede estrellar también a los demás.

Las leyes deben darse con sensatez, sentido común y coherencia para no dar nunca facilidad a que entren a tomar decisiones serias personas cuestionadas por delincuencia o por su falta total de preparación.

La unidad se construye con la verdad, la sensatez, la armonía, la lógica, el sentido común y por supuesto el perdón. No es bueno que las personas guarden odio. El odio es malo sea cual sea la motivación, es una herida en el corazón que distorsiona todo. Nadie debe odiar, por eso Jesucristo nos enseña a perdonar a todos, incluso al hombre más miserable.

Rezamos por nuestro país, y construyamos la unidad con la verdad y el perdón. (P. Manuel Tamayo).

 

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