ENTREVISTAR AL DIABLO?
“Los demonios han tomado nota de sus fracasos tras siglos tentando a los
hombres. Ya han aprendido que a veces es mejor no ir de frente, que la mentira
es fácilmente descubierta y que las medias verdades pueden ser su mejor arma. A
veces, simplemente, lo mejor es sembrar la duda y esperar que a que germine”. (C. Lewis, carta del diablo a sus sobrinos”).
“Una vez que hayas hecho del mundo un fin, y de la fe un medio, ya casi
has vencido a tu hombre, e importa muy poco qué clase de fin mundano persiga.
Con tal de que los mítines, panfletos, políticas, movimientos, causas y
cruzadas le importen más que las oraciones, los sacramentos y la caridad” (C. Lewis, carta del
diablo a sus sobrinos”).
“En lo que se refiere a los diablos, la raza humana puede caer en dos errores iguales y de signo opuesto. Uno consiste en no creer en su
existencia. El otro, en creer en los diablos y sentir por ellos un interés
excesivo y malsano. Los diablos se sienten igualmente halagados por ambos errores, y acogen con idéntico entusiasmo a un materialista...” (C. Lewis, carta del
diablo a sus sobrinos”).
En estos tiempos de relativismo se ha generado una mentalidad
preocupante que da licencia para que las personas se sientan en condiciones de
entrevistar al diablo como si eso fuera muy interesante para tomar decisiones
importantes.
Se piensa que al diablo hay que preguntarle si realmente es diablo, o
tal vez tenga otra opción más moderada que se podría aceptar como una
alternativa.
Al diablo no se le puede preguntar nada porque todo lo que va a decir es
mentira. Se va a presentar como si fuera honrado y buena persona. Así son las
tentaciones que utiliza todos los días con las personas. El consejo acertado es
la advertencia clara para huir del demonio y no escuchar nada de lo que
propone.
Hoy es fácil encontrar personas que piensan que es democrático coquetear con el diablo al acercarse a
personas que tienen un prontuario escandaloso para preguntarles si realmente
están de acuerdo con su curriculum vitae. Sería como preguntarle al diablo si
realmente está de acuerdo con las maldades que provoca y difunde.
A las personas se les conoce por la trayectoria que han tenido a lo
largo de su vida, por su conducta en los ambientes familiares y laborales, por
lo que habitualmente hacen y por las obras, si es que las tienen.
A los ladrones, asesinos y a los amigos de ellos, no se les puede
considerar para ocupar cargos importantes en una sociedad, tampoco deberían ser
maestros o psicólogos, aunque estuvieran arrepentidos de las maldades que
hicieron, ellos mismos deberían darse cuenta que no son idóneos para esos
puestos de responsabilidad. Podríamos admitir que puede haber excepciones y que
son mínimas, por el hecho de ser excepciones.
De todos los terroristas podría haber uno, que se convirtió y que está
totalmente arrepentido y que lleva años alejado de esos ambientes de corrupción
social, que esté haciendo obras buenas y que sea reconocido por muchas
personas.
Al diablo no se le puede dar entrevistas. El empeño de algunos
periodistas de entrevistar a todos, aunque sea a los que están empeñados en
seguir delinquiendo en los caminos equivocados, es un error de
consideración.
Quienes piensas que pueden leer de todo, cualquier cosa, para informarse bien y así poder decidir mejor,
están en un craso error. Es como si dijeran que desean probar el veneno para
convencerse si realmente es veneno.
Al mal hay que tenerlo lejos. Eso es lo que nos dice la conciencia.
Cualquier padre de familia le diría a su hijo para prevenirlo: “no te juntes, ni converses con personas que
no son buenas”. Ningún padre de familia le diría a su hijo que conozca
también a los pedófilos para que tenga experiencia de lo que es bueno y de lo
que es malo.
La libertad se tiene cuando se está en el camino correcto que es el
camino del bien. Para lograrlo es necesaria una educación que nos diga qué es
bueno y qué es malo, para poder elegir el bien y rechazar el mal. Es lo que la
conciencia bien formada advierte siempre.
Al diablo hay que decirle siempre que no, por lo tanto: ¡nada de
entrevistas! (P. Manuel Tamayo)
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