SILENCIOS FATALES
“La laguna sísmica o zona
de silencio sísmico” es una región que no tuvo un movimiento telúrico
importante como sí lo hicieran regiones aledañas de manera reciente” (El
Comercio)
“Lima es la zona del país
donde se ha acumulado la mayor cantidad de energía sísmica que solo se liberará
con un sismo de magnitud 8.8”, informó el Instituto
Geofísico del Perú (IGP).
“El silencio epidemiológico ha sido definido como
la ausencia total de información sobre la ocurrencia o no ocurrencia de un evento
o enfermedad en una semana determinada por parte de una unidad primaria
generadora de datos o unidad informadora”, (OPS-UNINORTE 2011).
“Si el demonio mudo
se introduce en un alma, lo echa todo a perder; en cambio, si se le arroja
fuera inmediatamente, todo sale bien, somos felices, la vida marcha rectamente:
seamos siempre salvajemente sinceros, pero con
prudente educación” (San Josemaría).
COMENTARIO
El primer silencio fatal es el sísmico. Los
expertos dicen que como hay mucha energía acumulada algún día llegará un gran
terremoto, aunque se repita, con lógica humana, de que “guerra avisada no mata gente”;
si llega a producirse un sismo de gran magnitud, moriran inevitablemente miles
de personas.
Es evidente que las grandes mayorías viven sin
tener muy en cuenta las advertencias y pensando además que podrían existir
muchos factores o circunstancias que no se pueden predecir con tiempo para
ponerse a buen recaudo.
El otro silencio fatal es el epidemidiológico, que
lo hemos vivido con la pandemia en los últimos años. No se conocen con claridad
los verdaderos motivos que llevaron a las autoridades a ocultar información. Se
creó un clima de incertidumbre donde aparecieron muchas “teorías” de los que
pretendían explicar lo que estaba sucediendo, sin tener argumentos serios y de
fondo. En ese clima de inestabilidad, cargado de noticias falsas, los corruptos
y delincuentes aprovecharon para hacer sus “negocios” perjudicando a muchísima
gente.
El rechazo de la mentira y de la hipocresía
Frente a la avalancha de mentiras creció el
hartazgo de la población. Todos pedían que se diga la verdad y no se oculte
nada, sobre todo cuando se trataba de salvar vidas humanas. La ausencia o falta
de información persistía, y todavía persiste, por falta de categoría
humana de los que tienen que darla. “No se le pueden pedir peras al olmo”;
la solución no puede venir de las mismas personas que están habituadas a mentir
y a ocultar información.
Si profundizamos para descubrir la causa de estos
problemas, llegariamos a la consabida afirmación: es el “príncipe de la
mentira” (el demonio) que se mete, sin permiso en la vida de las personas que
están debilitadas por el pecado y les tapa la boca. “El infierno está lleno
de bocas cerradas”.
La falta de advertencia, el no decir la verdad por
miedo o complicidad resulta fatal para la felicidad del ser humano. Los seres
humanos debemos amarnos unos a otros y eso implica una comunicación basada en
la confianza mutua.
El desconfiado calla, no suelta los datos, se lo
guarda todo para él. El delincuente oculta sus fechorías, el egoísta que solo
piensa en sí mismo, no transmite, no tiene una comunicación fluida, no se fía
de los demás y entonces guarda muchos silencios.
El empresario o dueño y los jefes que tienen a su
cargo personas que dependen de ellos, si no están cercanos a sus subordinados,
marcan distancias donde se multiplican silencios administrativos, que suelen
ser, casi siempre, faltas de
delicadeza e incluso de caridad con las personas dependientes.
Los malos silencios en el hogar
También dentro de la familia, cuando alguien calla
y hace las cosas para que no se enteren los demás, puede estar traicionado a sus
seres queridos. Las traiciones dentro de las familias están a la orden del día,
en todas las direcciones.
Las personas que no son sinceras, por miedo o
porque piensan que tienen derecho a no decir las cosas, terminan siendo
víctimas de su falta de claridad y comunicación.
El diablo las tienta para que no reconozcan sus
errores y no admitan su culpabilidad, también tienta para que el pecador se
quede callado y no diga nada.
San Josemaría prevenía del “demonio mudo” y animaba
a todos a ser salvajemente sinceros, a decir en primer lugar lo que no
queremos que se sepa por vergüenza.
Las personas que dicen la verdad son las más
felicies y más libres. (P. Manuel Tamayo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario