EL PAÍS QUE NO QUEREMOS
“Entren por la puerta estrecha porque
ancha es La puerta que lleva a la perdición y son muchos los que por ella
entran. Que estrecha es la puerta y que angosta es la senda que lleva a la vida
y son pocos los que dan con ella” (Mc 7,13)
COMENTARIO
Todos soñamos con un país ideal, con una
economía boyante, donde no existan las violencias y uno se pueda desplazar
cómodamente por las calles y plazas sin temor a los asaltos y sin un tráfico
insoportable.
Nos encantaría un país próspero que vaya
creciendo de día en día para beneficio de todos; un país libre para trabajar,
para invertir y para que sean reconocidos nuestros esfuerzos y méritos, que
contribuyen a la mejora de la sociedad.
Ese país, en el que todos soñamos, no
existe, ni tampoco existirá en el futuro. Nuestros afanes caerán en saco roto y
mientras estemos vivos.
Para el que quiera ser feliz en la
tierra habría que aconsejarle que ejercite todos los días la comprensión y el
perdón, de lo contrario lo más probable es que su vida no deje de ser conflictiva
y quizá tormentosa.
La “nueva
civilización del amor” a la que aspiraba tanto San Juan Pablo II, es el
Reino de Dios en la tierra, que se consigue cuando vivimos fielmente los
mandamientos que se resumen en el amor a Dios y al prójimo, y apuntan hacia la
finalidad a la que estamos llamados: llegar al Reino de los Cielos.
Es la esperanza en una meta de felicidad
eterna, que además es una fuerza que nos da seguridad, para ser fieles hasta la
muerte.
No se debe querer lo que
impide llegar a la meta
Mientras estemos en este “valle de lágrimas” aquí en la tierra,
debemos cuidar bien la casa que nos cobija. La organización social de los seres
humanos debe tener en cuenta la finalidad.
Si estamos organizados por países con
fronteras, que delimitan un territorio, cada país debe tener un sistema adecuado
y coherente para la organización social de sus habitantes.
Sin ir muy lejos, ahondando en las
ideologías que invaden el mundo, podríamos decir que nadie quiere el caos y la
confusión, y mucho menos las peleas.
Cuando ocurren habitualmente conflictos
entre las personas que deben organizar un país nos encontramos en una situación
deplorable que habría que revertirla de inmediato.
¿Cuándo se dice que un
país es “bananero”?
Es una metáfora para decir que todo es
caótico e informal, que no se respetan las leyes y que está lleno de
delincuentes y mafiosos
Conversando con un amigo sobre la
organización de los países en el mundo advertía el gran peligro de los países
“bananeros” que son el caos generalizado y la anticultura.
Él, muy versado en política internacional
y con muchos años de experiencia decía que un país “bananero”: “es aquel donde se pelean los imbéciles y
los idiotas”
Al verme sorprendido de esa calificación
irreverente, ahondó en explicaciones para que le entendiera bien y dijo muy
orondo: “los imbéciles son los anti racionales
que se empeñan en defender una postura sin tener suficiente respaldo y los
idiotas son los credulones, que creen que todos son buenos y que no pasa nada,
éstos últimos son los que se vuelven eclécticos o sincretistas”.
Mentalidades equívocas
Sin usar las calificaciones de mi amigo,
está claro que han aumentado considerablemente los anti racionales y los credulones.
Los primeros deciden por razones de
conveniencia, defienden argumentos con vehemencia y sin sustento, por puro
voluntarismo y fanatismo. Reclaman la libertad solo para ellos diciendo que son
abiertos, pero la realidad es que proponen un pensamiento único. Dejan de lado
a los que no piensan como ellos. Su conducta desaliñada les lleva a cometer
muchas injusticias y atropellos.
Los credulones
mezclan la fe con una serie de creencias, suelen ser engañados porque son
indulgentes de modo habitual; les gusta ponerse en el centro pensando que es el
lugar correcto para estar con unos y con otros. No advierten los peligros, son
más bien temerarios en sus actuaciones y fácilmente pierden la confianza de los
demás por la inseguridad que proyectan.
También existe una legión que mezcla los
anti racionales con los credulones. Es decir, hay credulones que también son anti racionales y se mueven con un
voluntarismo y fanatismo que los desacredita totalmente.
¿Qué buscamos todos?
Ya no buscamos el paraíso en la tierra,
sería una Utopía. Sí buscamos con urgencia personas buenas y virtuosas, que
digan la verdad y se preocupen de su prójimo. Personas honradas y trasparentes
que no vayan a medrar a los puestos públicos, personas sacrificadas que sepan
darse sin buscar recompensa, personas que sepan querer a los demás, que unan a
todos y no causen divisiones. Empecemos por estos logros, (P. Manuel Tamayo)
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