PACTO CONYUGAL Comunión de amor
“La comunión de amor entre Dios y los
hombres, contenido fundamental de la Revelación y de la experiencia de fe de
Israel, encuentra una significativa expresión en la alianza esponsal que se
establece entre el hombre y la mujer…Su vínculo se convierte en imagen y
símbolo de la alianza que une a Dios con su pueblo (Familiaris consortio n.
12). El hecho de que el ser humano, creado
como hombre y mujer, sea imagen de Dios no significa solamente que cada uno de
ellos individualmente es semejante a Dios como ser racional y libre; significa
además que el hombre y la mujer, creados como “unidad de los dos” están
llamados a vivir una comunión de amor que se da en Dios” (Mulieris dignitatem, 7,2).
“El amor siempre fiel de Dios se pone
como ejemplo de las relaciones de amor fiel que debe existir entre los esposos.
Esta fidelidad, lejos de rebajar la libertad de la persona, la defiende contra
el subjetivismo y relativismo y la hace partícipe de la sabiduría creadora”
(Familiaris consortio 11).
COMENTARIO
El pacto conyugal es el compromiso donde
los dos se entregan mutuamente como marido y mujer. Es darle al otro parte de
su vida, de allí se desprende la unidad: “una sola carne” y nace un
deber de fidelidad entre los dos. Ellos no son solo dos cuerpos, sino personas
destinadas a la comunión con Dios y con las otras personas. La familia es una
comunión de amor.
La familia es la célula básica de la
sociedad, es el motor de la vida económica y de todo el movimiento social que exigen
los trabajos. Hay que tener en cuenta que las relaciones familiares son las más
fuertes y estables de la vida humana.
La familia es el ámbito educativo más
importante para el desarrollo y la salud de las personas. Además es la Iglesia
doméstica donde todos los seres humanos aprenden los elementos básicos para
crecer en la fe y en el amor a Dios.
La gran fuerza de la
familia cristiana
La familia es la principal fuerza y el
principal antídoto frente a las desviaciones sociales en temas de moral y
costumbres que invaden la sociedad en los tiempos actuales.
Estas desviaciones, que constituyen un
retroceso cultural, pueden resumirse en los siguientes puntos:
1. Una mentalidad puramente naturalista o
biológica que tiende a rebajar la sexualidad a lo genital.
2. Una mentalidad libertaria que cree que
este es un campo para el capricho personal.
3. Las utopías políticas de los
totalitarismos que intentan sustituir la unidad familiar por el amor libre.
4. La revolución sexual que trasgrede las
leyes morales del sexo.
5. La liberación de las costumbres con
medios anticonceptivos y fecundación artificial.
6. La ideología de género basada en una
antropología errónea del ser humano y en una falsa libertad. (Vid. Juan Luis Lorda, Antropología teológica, pp 278).
La cultura de la vida
que defiende a la familia
El interés particular de uno de los
esposos no puede estar por encima del vínculo conyugal que los une. El
liberalismo radical tiene una visión individualista y parte siempre de los
derechos de los individuos. Considera que la vida sexual es una cuestión
privada y la satisfacción sexual un derecho que toda persona debe ejercer.
La Iglesia no defiende unos privilegios
o una manera particular de ver la vida, defiende el bien común frente a
planteamientos muchas veces egoístas y disolventes.
El cristianismo es una cultura de la
vida, mientras que el liberalismo radical fomenta una cultura de la muerte,
cuyos frutos están a la vista (San Juan Pablo II) (P. Manuel Tamayo).
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