CONCIENCIA CAUTERIZADA
“Como conciencia se define el conocimiento que un
individuo tiene de sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos. Como tal, la
palabra proviene del latín conscientĭa, y esta a su vez del calco del griego que significa: con conocimiento. (Diccionario).
“Una persona consciente es aquella que tiene conocimiento
de lo que ocurre consigo y en su entorno, mientras que la inconsciencia supone que la persona no sea capaz de
percibir lo que le sucede ni lo que pasa a su alrededor. Por otro lado, conciencia también
tiene una connotación en cuanto sentido del deber,
como reflexión sobre la conducta y sobre los propios actos. De allí que también
tenga un carácter ético, pues permite distinguir al individuo entre aquello que
está bien y lo que está mal, de modo que a la hora de obrar pueda conducirse de
acuerdo a sus valores morales. (Diccionario).
“Si la conciencia está "cauterizada" -literalmente
"quemada"-, entonces se ha vuelto insensible. Tal conciencia no
funciona correctamente; es como si el "tejido espiritual de
cicatrización" hubiera entorpecido el sentido del bien y del mal. Así como
el cuero de un animal marcado con una marca de hierro se adormece ante un dolor
mayor, así también el corazón de un individuo con una conciencia cauterizada se
insensibiliza ante los dolores morales” (Got questions).
“La mente cauterizada
significa una conciencia endurecida. Una persona con mente cauterizada es insensible a la
voz de Dios y por ello peca continuamente, no discierne entre el bien y el mal,
es como si un hierro caliente se hubiera aplicado a la conciencia y la destruye
por eso a este tipo de personas no les importa nada” (Diccionario).
COMENTARIO
Toda persona necesita ser educada para
formar su conciencia. La educación empieza en casa desde los primeros años de
la infancia. Al niño se le enseña lo que está bien y lo que está mal. Esos
conocimientos que aprende en casa son reforzados en el colegio. Junto a la
formación académica es indispensable una formación moral.
En el hogar: el ejemplo de los padres
Para que se de una formación adecuada se requiere por partes de los
padres una idoneidad en su vida y en sus costumbres. Los criterios morales
deben estar claros sobre todo en el ejemplo de vida. Los padres que aman s sus
hijos desean que éstos sean buenos. Todo papá o mamá quieren que sus hijos sean
mejor que ellos. Si los padres no están bien es muy probable que se produzcan
descuidos y bastantes lagunas en la formación de los chicos.
En la escuela: la idoneidad de los maestros
Los colegios también deben ser adecuados y con un nivel de prestigio
humano y académico. Así los niños aprenden a ser virtuosos para vivir de
acuerdo a la verdad con los valores que los hace mejores personas.
En la sociedad. La calidad humana y profesional de las
autoridades
Es penoso ver la crisis de educación que afecta a grandes sectores del
país. La ignorancia es el peor de los males. Si no se vive como se piensa se
termina pensando como se vive.
Si unos niños o adolescentes se han acostumbrado a vivir en ambientes
informales donde no hay orden ni jerarquía de valores, estas personas estarán
deterioradas humanamente. Buscarán salir adelante a trompicones hinchadas de
resentimientos que han ido acumulando por envidias que no han sido curadas.
Estas personas, si no se las educa a tiempo, terminarán pensando que
tienen derecho a recibir y a tener lo que nunca han tenido, solo porque otros
tienen y ellos no; y cuando pueden obtener algo se abalanzarán para retenerlo a
cualquier precio, aunque tengan que robarlo.
Hoy vemos, lamentablemente, en nuestra sociedad, una sarta de
saqueadores en busca de un botín. Es verdad que hay mucha pobreza y miseria, y
que incluso la indigencia ha aumentado. Sin embargo, esto no justifica la
ignorancia y menos la “ley de la selva” con asaltos y atropellos a todos los
niveles.
La prioridad de la educación
Urge elevar el nivel de educación para que la gente sea virtuosa y se
logre, con el esfuerzo de todos, ganarle la guerra a la informalidad.
Todo empieza por la formación de la conciencia desde la infancia,
defendiendo los primeros principios de la moral: hacer en bien y evitar el mal. (P. Manuel Tamayo)
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