PODERES ANTAGÓNICOS
“El poder en si mismo no es malo,
pero si se usa para el mal sus efectos pueden ser catastróficos. La
experiencia nos demuestra que el que tiene poder abusa de él y lo utiliza
en su beneficio porque el hombre es malo y, si puede, empieza a abusar
desde niño”. (Enrique Gómez).
“En nuestras sociedades, la idea de poder está asociada también a la
de autoridad. De hecho, llamamos “autoridades” a quienes, mediante
diversas instituciones sociales y políticas, otorgamos (idealmente) el poder o la
conducción de nuestras sociedades, para que en nombre de todos se tomen las
decisiones más complejas. Pero el poder también puede ser arrebatado por
determinados sectores sociales, o puesto al servicio de intereses egoístas” (https://concepto.de/poder/#ixzz7cv2JgFhA)
El egoísmo es la razón de todos los
males. ¿Cómo gobernar contra él? Si lo logramos, tendremos una mejor ciudad, un
mejor país, un mejor planeta. La política no es para los egoístas. Se vuelve
politiquería, injusticia, corrupción y violencia. Se convierte en delito por
una razón incuestionable: reparte prebendas, negocia cargos públicos,
extorsiona, complace egoísmos. Por eso, antes de ser elegido, un político
debería, entre otras cosas, demostrar su altruismo, su faceta comunitaria, sus
obras sociales, su amor al prójimo. Los fines y medios en política deben velar
por la justa y clara utilización del poder sin favorecer los intereses
personales de quien lo administra. (El Heraldo).
“Antagonista viene del griego antagonismós que
se compone del sufijo anti- que se refiere a algo
contrario y agón o agonistis que significa combate,
lucha, luchador o jugador. La palabra antagonista está relacionada con antagónico que
significa algo contrario”. (Diccionario)
“La caridad es tan fuerte como la muerte y más dura
que el hierro. Este es nuestro lazo, estas son nuestras cadenas, las cuales,
cuanto más nos unan y estrechen, mayor ventaja y libertad nos darán. Su fuerza
no es sino suavidad, su violencia no es sino dulzura; nada hay tan blando como
esto, y nada como esto tan firme”, (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 1, 1. c.,
p. 635).
COMENTARIO
La nefasta ambición de medrar
La ignorancia es atrevida y cuando se
extiende se crea la mentalidad del que piensa que el hombre exitoso es el que
consigue tener poder con el dinero y los bienes materiales que consigue a como
de lugar.
Vivimos rodeados de personas que aspiran
tener más porque piensan que así son mejores y podrán ser más felices, ellos y sus familias, con los
beneficios que puedan obtener a través de “amistades” que faciliten oportunidades,
sin tener que poner mayor esfuerzo.
El poder de las ambiciones humanas no es
más que la codicia del egoísta, que a la larga terminará peleándose con los
demás para seguir “trepando” a los
mejores puestos, con las mejores gollerías. Es una suerte de competividad para
ganar a como de lugar un espacio de poder. En el fragor de esas contiendas
caben todo tipo de trampas: sobornos,
coimas, tarjetazos, cupos, etc.
Estas ambiciones de derrotar a otros
para subir uno no son nada buenas. Así se originan las peleas, los odios, las
divisiones y las guerras. Además, los que compiten en estas lides no suelen
tener el nivel de capacitación y las virtudes humanas para ejercer con idoneidad
tareas de responsabilidad.
Se presentan porque piensan que el
sistema para sobresalir es buscar la forma de “trepar” para obtener
protagonismo y gollerías. Solo les importa el beneficio personal o familiar,
sin que le importe para nada la suerte de los demás. Al final entre ellos
mismos se traicionan. La lealtad solo es posible cuando hay nobleza y verdad.
La noble ambición de servir: el poder del que sabe amar
Solo puede servir el que sabe amar. La
persona que tiene un corazón limpio y noble, lleva consigo un afán de servir.
Si el corazón está ordenado y puede amar será sumamente poderoso.
El poder del amor es superior al del
dinero. El que ama no es el romántico –sentimental que muestra sus afectos con
arrumacos y de una manera superficial, es el poder de la persona honrada que
busca la felicidad de los demás con lo que es realmente bueno y edificante.
El que ama es el que quiere que el amado
sea bueno y le ayuda a encontrar el camino y los medios para que desarrolle sus
facultades para servir a los demás amando de verdad y así sea feliz. (P. Manuel
Tamayo).
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