EL QUERER Y EL DEBER
“Querer es un verbo que
proviene del latín quaerĕre y que significa “tratar de obtener”. El término tiene diversos usos y
aplicaciones. Querer es, por ejemplo, tener cariño o amar a
alguien o algo: “Hagas
lo que hagas, siempre te voy a querer” (Diccionario).
“Se entiende
por deber la obligación,
compromiso o responsabilidad moral que le atañe a cada persona y
que se basa en obrar bajo los principios de la moral, la justicia o su propia
mentalidad. Es decir es aquello a lo que está obligado el ser humano, ya sea porque se le ha impuesto como
una norma moral, legal, religiosa o simplemente por costumbre; y de no cumplir
con estas normas legales podría este ser sancionado respectivamente de acuerdo
como lo estipula la ley de esa jurisdicción que puede ser con prisión o con multas” (Diccionario).
COMENTARIO
El querer y el deber son dos términos
esenciales de la conducta humana. Cuando se emplean bien, las relaciones
humanas son óptimas y armoniosas. Toda persona tiene el deber de querer y
acierta cuando conoce la realidad de lo que debe ser y de lo que son los demás,
también en relación con la realidad.
Está claro que para querer hay que
conocer, sin embargo, la causa de nuestro conocimiento no se dirige
necesariamente a la inteligencia en primera instancia. Pascal decía que “el corazón tiene razones que el entendimiento
no capta”, quiere decir que cuando se ama bien hay una gran libertad que
permite darse cuenta de las cosas de una manera veloz. En estos casos es
primero la captación o contemplación y después la explicación de la razón.
Otro campo de conocimiento es el que se
tiene por medio de la fe. La misma definición dice que la fe es “creer
lo que Dios nos ha revelado, no por la luz natural de la razón, sino por la
autoridad de Dios que no puede engañarse ni engañarnos”
Cuando hay fe se está teniendo una
certeza de un conocimiento que ha llegado por una luz divina, por supuesto que
interviene la inteligencia y la voluntad, pero hay que advertir que ese
conocimiento no fue fruto de un razonamiento, lo que es propio del conocer.
Estas consideraciones son necesarias
para entender bien el querer y el deber, que son dos funciones que el ser
humano debe realizarlas con acierto.
Lo que se debe querer no necesariamente
se conoce por el ejercicio de la razón; es más lo que más se debe querer es
algo que supera nuestra razón y cuando se quiere se acierta, más que si hubiera
sido algo razonable.
El hombre de hoy reclama autonomía y
pregona por todas partes la libertad como un derecho para hacer lo que quiera y
que nadie le obligue a otra cosa. Él quiere decidir sin ninguna influencia.
Este pensamiento está bastante limitado y está equivocado porque el ser humano
debe querer lo que lo enriquece como persona y lo llena de libertad.
La independencia y la autonomía no son
los que hacen libre al hombre. Es necesario conocer la realidad y cuando la
miramos, nos damos cuenta que hay reglas que tenemos que cumplir para ser
libres y esas reglas apuntan al bien (P. Manuel Tamayo).
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