SOBRE LOS MUERTOS LAS CORONAS
MISA DE DIFUNTOS 40 AÑOS (Misa para familiares y amigos)
Homilía del P. Manuel
Tamayo
Parroquia de San Josemaría
5 de
Noviembre del 2022
Hemos querido venir aquí, a la parroquia de San Josemaría, para
rezar en este mes de noviembre, que es el
mes de los fieles difuntos, por nuestros seres queridos, que ya no están
con nosotros.
40 años
Este año se cumplen 40 años de
celebraciones seguidas, que se iniciaron en 1982 con el fallecimiento de mi
padre. Muchos familiares y amigos nos acompañaron, como ahora, en estas Misas de sufragio.
Y muchas personas, (familiares y amigos), que estuvieron rezando con nosotros por sus
seres queridos, ahora ya no están sentados en las bancas, pero sí están en las
listas, porque ya son fieles difuntos.
En un tiempo nosotros también estaremos
en las listas, es ley de vida, y
otros rezarán por nosotros para que podamos gozar de Dios en el Cielo.
Grato deber
Es un deber que tenemos como cristianos:
rezar para que puedan gozar de Dios en la vida eterna. Como todos sabemos, para
poder entrar en el Reino de los Cielos, tenemos que fructificar nuestros
talentos aquí en la tierra y tener nuestras lámparas encendidas.
Dios nos pide ser virtuosos, y todas las
virtudes nos llevan al Amor. Es el primer y principal Mandamiento, el Amor a
Dios. Y cuando queremos a Dios de verdad, el corazón se hace grande y crece
nuestra capacidad para amar a nuestro prójimo.
Muchos nos han querido
Cuando hemos recordado el amor de
nuestros seres queridos por nosotros y nos hemos sentido realmente queridos por
ellos, hemos pensado en el amor a Dios que ellos tenían.
Estamos aquí porque tenemos fe en Dios.
La Santa Misa tiene un valor muy grande para nosotros y para nuestros seres
queridos.
Estamos aquí con nuestro amor a Dios y
nuestro amor a nuestros seres queridos.
Y cuando miramos un poco para atrás,
cuando nuestros seres queridos estaban vivos, (nuestros padres, nuestros abuelos, el esposo, la esposa, los hermanos,
los amigos).
Cuando les hemos visto a ellos querer a
Dios, cada uno como era, con sus virtudes
y sus defectos, no es cierto que aparecía en nuestra interioridad una
sensación de seguridad y de alegría.
En cambio cuando no hemos visto, en algún ser querido, el amor a Dios y
hemos visto más bien un cierto alejamiento, entonces queda en nosotros, que somos creyentes, una preocupación que
nos impulsa a rezar más, con una oración llena de fe y de esperanza.
Además, ese ser querido que se fue,
tiene la gracia de Dios de tener una familia que reza. Y ese es el objetivo que
tenemos cuando venimos a pedir por ellos en esta Santa Misa. Somos una familia
que reza, que tiene fe, que cree que nuestras oraciones las escucha Dios.
La muerte nos afecta a
todos
La muerte nos afecta a todos, nadie se
quiere morir, tenemos temor a la muerte, pero nadie la puede evitar y nadie
puede tener experiencia de su propia muerte, pero si tenemos experiencia de la
muerte de otras personas. Hemos visto muchos modos distintos de morir.
Vivencias frente a un
difunto
Cuando alguien cercano fallece, todo se
paraliza, se deja de trabajar, se interrumpe un viaje, o hay que hacer un viaje
que no estaba previsto, todos vienen a ver, a saludar, a dar el pésame. Llegan
las flores, las esquelas con el nombre del difunto, se siguen unos protocolos
habituales en los días de velorio, antes de las exequias.
Son momentos de tristeza y dolor que vivimos
siguiendo estrictamente los sistemas establecidos y las costumbres, de todo lo
que se tiene que hacer en esos momentos.
Las horas van pasando y mientras se
acercan los que nos vienen a dar el pésame, con unas palabras de aliento y
apoyo, nosotros nos encontramos sumergidos en recuerdos del ser querido que
partió, y en nuestra oración, difícil en esos
momentos, le repetimos al Señor que lo tenga a su lado, que lo haga muy
feliz.
Panegíricos y alabanzas
Todo lo que oímos en esos momentos de
dolor: la prédica del sacerdote, las palabras de los familiares y amigos, son
expresiones positivas que resaltan las cualidades y los logros del ser querido
que partió y son a la vez un canto de esperanza con una gran confianza en la
misericordia del Señor.
Siempre hemos oído decir: “sobre el
muerto las coronas”
Todos hablan bien del que se murió. No hay muerto malo, es una expresión muy coloquial de
nuestra sociedad que cobra mucho sentido después de que una persona fallece;
siempre existe la tendencia de exaltar las virtudes, cualidades y logros del
que partió y que ya no se encuentra con nosotros.
Diferencias de personas
y costumbres
Los sacerdotes, que habitualmente estamos en estos momentos de dolor, observamos
las costumbres, vemos las diferencias en los difuntos y en sus familias:
distintas historias, distintas personas, distintas costumbres, distintos modos
de morir, distintos modos de despedirse de un fiel difunto.
Sepultura cristiana
La Iglesia tiene una tradición y una
liturgia para acompañar al ser humano en su etapa final, aquí en la tierra y
luego cuando fallece. Hay oraciones para los que están en agonía y oraciones
para los fieles difuntos.
La Santa Misa
La ceremonia más importante es
siempre la Santa Misa, porque aquí se encuentra Dios. Cuando venimos a la Misa
venimos a encontrarnos con Dios. A Dios que está en los Cielos. A ese Dios que
le pedimos siempre por las personas que más amamos, a ese Dios que nos escucha
y nos quiere.
A ese Dios volvemos a recurrir hoy
para pedir por nuestros seres queridos difuntos.
Los panegíricos en las
prédicas
Los sacerdotes, cuando se trata del
fallecimiento de un familiar o de un amigo tendemos a hacer panegíricos en
nuestras homilías resaltando las bondades y virtudes del fallecido, que indudablemente las tiene, pero las
resaltamos, queremos que los demás las conozcan.
En esos momentos nos damos cuenta que
todas las personas tienen un lado bueno y que ese lado bueno es bastante más
grande que el que conocíamos, cuando estaba vivo.
También nos damos cuenta que tenemos
muchas limitaciones para conocer y querer a las personas. Las limitaciones no
nos dejan ver para amar como es debido a las personas, y nos quedamos siempre
con una deuda de amor.
La falta de amor
Cuando fallece un ser querido y se le
recuerda, nuestra conciencia nos hace ver que nos faltó amor y eso fue un
obstáculo para poder hacer más por ellos. Y nos queda ese remordimiento: pude acercarme más, pude ayudarlo más, pude
comprenderlo más, le tenía que haber hecho más caso, y no lo hice.
Además, mientras estamos en la Iglesia militante, en la tierra donde
estamos viviendo, solemos ver antes “la
paja en el ojo ajeno” y de allí se originan los conflictos, los
alejamientos y las peleas que tenemos los seres humanos y algunas veces en el
ámbito familiar.
Cuando ya no está
Las distancias también abren los
ojos.
Cuando uno se va de su casa y está un
tiempo fuera, desde lejos, se valora más que cuando se está al lado. Lo mismo
sucede cuando muere un ser querido, hay un estremecimiento que nos hace reaccionar
para ver la realidad.
Cuando alguien querido fallece se
prende un reflector que nos hace ver con claridad dos cosas: la cercanía de
Dios y las virtudes de nuestros seres queridos.
Al hablar de ellos, en esas circunstancias de dolor, no les
estamos colocando virtudes que no tienen, más bien estamos descubriendo o
redescubriendo las que tienen.
El amor es el que nos hace hablar
bien, y eso es lo que tenemos que hacer siempre con el prójimo, hablar bien;
siempre podemos encontrar cosas buenas en los demás, pero no debemos esperar a
que se mueran para descubrirlas, deberíamos descubrirlas antes, para poder
corresponder con amor al amor recibido.
La Iglesia siempre nos recuerda que
no debemos juzgar al prójimo. Dejemos los juicios para Dios que es además
misericordioso; es el que más sabe perdonar y el que más sabe amar.
A la vida eterna en el Cielo tenemos que
llegar, allí nos encontraremos con Dios y con nuestros seres queridos que están
en el Cielo. ¿cómo será ese día del reencuentro?. Tenemos que luchar para poder llegar.
La Virgen siempre está
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