EXPERIENCIAS DE INGRATITUD
“La
ingratitud es una forma de indiferencia y desprecio. Un
egocentrismo tan exagerado que nos hace olvidar a aquellos que nos
beneficiaron, que estaban con nosotros, que nos ayudaron. La ingratitud no
reconoce el mérito de los demás o los favores que recibe, al contrario los
ignora. La ingratitud es una forma de egoísmo” (Diccionario).
“Las actitudes ingratas producen
cierta frustración o incluso una herida emocional en la persona” (Diccionario)
“La persona que es ingrata puede ser
incluso con los parientes y amigos más cercanos, en ese caso, carece de
suficiente empatía para ponerse en el lugar del otro” (Diccionario).
“Una persona ingrata defrauda a la
otra porque con su actitud hiere las buenas intenciones de quien le ofreció su
ayuda en algún momento” (Diccionario).
COMENTARIO
No todo lo que se siembra se cosecha.
Existen semillas que empiezan a dar fruto y luego se detienen. El buen
sembrador para por muchas etapas de ingratitud. El amor que se puso y que
incluso aún se conserva, no siempre es correspondido. Muchos que reciben amor
dan las espaldas a quien les amó de verdad y se olvidan prácticamente de él.
El dolor por la ingratitud nos ata a la
Cruz de Cristo. Fue Jesús el primero en recibir, no solo el olvido de los que
amó, sino también el desprecio y el odio.
El odio a Dios
¿Cómo se puede odiar al que más ama? Eso
sucedió con Cristo. El pecado del hombre, si no se erradica al tiempo, causa
verdaderos destrozos en la conciencia y en las acciones de los seres humanos.
No en vano decía un filósofo que “el
hombre es el lobo del hombre”.
Toda la Pasión de Jesús es el resultado
de la miseria humana. El hombre pecador, si no lucha contra su pecado se vuelve
miserable y sanguinario, su conducta termina siendo peor a la de un animal.
La deformación de la
conciencia
Si no se forma la conciencia con la
verdad y el bien procurando que el hombre ame a su prójimo con el orden de su
corazón, este se rebela y se convierte en un traidor con unas ambiciones
desproporcionadas y fuera del sentido común.
El que se ama desordenadamente a sí
mismo y se endiosa, cree que todo el mundo le debe sumisión y que tiene derecho
a exigir atribuciones a los demás. Pierde todo afecto ordenado, incluso a la
propia familia, y busca convertirlos a todos en cómplices de las malas
costumbres que ha adquirido.
Hay un refrán que dice “crea cuervos y te sacarán los ojos”.
Así sucede con el vanidoso que se le dio la mano y se fue hasta el codo,
jactándose de “logros” y conquistas obtenidas sin mérito alguno, en complicidad
con quienes buscaban medrar, a como diera
lugar, para sacar tajadas sustanciosas de los bienes ajenos.
Urge formar las
conciencias
Estamos en un mundo donde ha estallado
la crisis en la educación de las personas. Se miente, se roba, se maltrata. A
nadie le importa la vida de los demás. Se vive con una absoluta indiferencia
donde cada uno procura aprovecharse del otro para salir adelante y tener éxito
en base a una complicidad de manipulaciones para obtener gollerías personales.
Urge parar para hacer una profunda
reflexión y poner los medios para revertir estas situaciones que claman al
Cielo. Urge una educación de calidad para formar la conciencia de las personas
y lograr la armonía social que está faltando, donde la gente se quiera de
verdad y velen unos por otros de una manera solidaria.
El educando que es querido para que sea
bueno debe ser agradecido. La gratitud de una persona a su familia y a los que
lo han querido de verdad no debería fallar, si se ha formado bien la
conciencia. Una persona que ama bien reconoce los bienes y el cariño que ha
recibido y aprende a corresponder con amor al amor. (P. Manuel Tamayo)
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