AFRONTAR LA VERDAD
“La verdad es
la correspondencia entre
lo que pensamos o sabemos con la realidad. La palabra, como
tal, proviene del latín verĭtas, veritātis” (Diccionario).
“Las verdades absolutas son las ideas o proposiciones que son ciertas para todas las culturas y todos los
tiempos. En este
sentido, las verdades absolutas son aquellas que podemos atribuir a la
naturaleza y a determinados fenómenos o hechos, que son fijos, invariables,
inalterables, así como también pueden se pueden atribuir a alguna significación
trascendente, como las asociadas con la divinidad en ciertas religiones” (Diccionario).
“La verdad como podemos encontrarlo en los santos escritos bíblicos en
Juan 15:26 nos dice “Pero cuando llegue el “Consolador”, a quien yo os enviare
del Padre, el Espíritu de la verdad, el que procede del Padre, él dará
testimonio de mi” vemos como en esta narrativa bíblica del evangelio de Juan
como interpone al consolador al verdad
como la persona que vendrá a dar verdad, esperanza, consuelo, auxilio a todo
aquel que lo necesite sin medir. El verdad es aquel que apoyara incondicionalmente en cualquier
tribulación o circunstancia difícil al más necesitado”, (Significado Bíblico)
COMENTARIO
Todo ser humano debe vivir de acuerdo
con la verdad. La mentira corrompe siempre. El hombre mentiroso, si no se
corrige a tiempo, termina siendo corrupto. Una sociedad en la que campee la
mentira es una sociedad insegura y corrupta.
La verdad es necesaria e imprescindible
para que se den buenas relaciones humanas. Toda persona necesita confiar para
poder trabajar sin miedo y libremente. Quien sale a la calle necesita la
seguridad en los lugares por donde se desplaza.
La delincuencia siempre es mentirosa y
destructiva. Con el delincuente no se puede conversar, no está en condiciones
para hacerlo porque tiene el firme propósito de robar y de hacer daño.
No puede existir democracia entre
delincuentes. No se debe tratar con delincuentes, a ellos se les combate y se
les procesa.
Con el delincuente arrepentido se puede
empezar a conversar prudentemente, pero de ninguna manera se le puede confiar
cargos de alta responsabilidad. Antes tendría que pasar por un período largo de
verdadera recuperación.
Afrontar la verdad
A todo ser humano le toca afrontar la
verdad y defenderla sin medias tintas ni ambigüedades. Todos tenemos que llamar
a las cosas por su nombre. Se puede hacer con verdadera finura y delicadeza,
respetando a las personas. La verdad no es grotesca ni tosca, tampoco agresiva
y cruel.
El que habitualmente dice la verdad es
una persona que sabe amar. La persona que vive de acuerdo con la verdad suele
tener un criterio correcto y tino para decir las cosas.
Quien protege la verdad es discreto y
sensato. No arma escándalos ni hace aspavientos. No tiene actitudes irónicas de
maltrato y mofa, no hiere al prójimo y tiene una capacidad inmensa de perdón.
El que dice la verdad interviene, no se
esconde, no tiene miedo, se involucra. No se asusta y no tiene escrúpulos para
intervenir con argumentos claros y poder defender a una persona injustamente
atacada.
Una persona que realmente quiere hacer
el bien no se quita ni se amilana. Con la prudencia del caso, interviene en las
redes o en los medios de comunicación con entereza y sin esconderse en el
anonimato, no tiene pelos en la lengua y corre el riesgo de ser perseguido y
calumniado por los enemigos de la verdad.
Cristo se involucra sin
miedo para defender la verdad
El ejemplo más claro de defensa de la
Verdad es Nuestro Señor Jesucristo, que fue perseguido, maltratado y
sentenciado a morir entre los más grandes delincuentes, solo porque supo amar y
defender la verdad.
Que fácil resulta vivir en la cobardía
de no decir nada y quedarse encerrado para pasar desapercibido y así no tener
problemas.
San Josemaría decía que “el infierno
está lleno de bocas cerradas”
Buscar la Verdad es buscar a Cristo, que
Él pueda venir a nuestro corazón, a nuestra casa y a nuestro país. (P. Manuel Tamayo).
¡Felices fiestas de navidad y año nuevo!
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