EL PANTEÍSMO DEL SIGLO XXI
“El panteísmo es el sistema
de creencia de quienes sostienen que la totalidad del universo es el único Dios. Esta cosmovisión y doctrina
filosófica afirma
que el
universo entero, la naturaleza y Dios son lo mismo. En otras palabras, la existencia
(todo lo que fue, es y será) puede ser representada a través de la noción teológica
de Dios” (Definiciones).
La Iglesia ha condenado repetidamente los
errores del Panteísmo. Entre las proposiciones censuradas en la Syllabus de Pío IX está la que
declara: “Dios es idéntico con el mundo, espíritu con materia, necesidad con
libertad, verdad con falsedad, bien con mal, justicia con injusticia "(Denzinger-Bannwart,"
Ench. ", 1701). Y el Concilio
Vaticano anatematiza
a los que afirmen que la sustancia o la esencia de Dios y de todas las cosas es
una y la misma, o que todas las cosas se desarrollan de la esencia de Dios (ibid., 1803 sqq.).
La diferencia es que el cristianismo afirma que
todo lo existente, al ser creado por Dios, tiene cierta sustancia o semilla
divina pero no es Dios en sí mismo, en cambio el panteísmo afirma que todo es
Dios, negando que Dios exista como ente personal con voluntad propia, siendo
así una idea contraria.
COMENTARIO
Vivimos
en un mundo donde la confusión ideológica y doctrinal se ha expandido por todas
partes. Ante el desconcierto podemos observar que mucha gente se arrima a la
naturaleza como si ésta fuera una tabla de salvación.
En
la historia muchos lo hicieron, e incluso afirmaban que la naturaleza es una
parte de Dios y no sabían distinguir la presencia de la trascendencia divina.
Dios,
que es el creador, está en el mundo,
pero trasciende de él. El mundo es de Dios, pero no es Dios.
Dios,
al crear el hombre, lo hizo a su imagen y semejanza. Lo que distingue al ser
humano del resto de la creación es el entendimiento (inteligencia) y voluntad (corazón),
que tenemos todos los seres humanos. Dios dispuso que el resto de la naturaleza
estuviera al servicio del hombre.
El cuidado del ser humano dentro de la
naturaleza
A
todas las personas nos corresponde cuidar la naturaleza creada por Dios y el
principal cuidado recae sobre el hombre mismo.
Cada
persona debe saber de dónde procede y hacia donde se dirige. Esos conocimientos
se aprenden en la familia y en la escuela. Todo ser humano necesita ser formado
y ayudado por otras personas para cumplir con su finalidad. De allí la
importancia de la educación que debe responder siempre a la verdad sobre el ser
humano.
Mentir
sobre la realidad del ser humano es un atentado contra la naturaleza y por lo
tanto contra las personas y contra Dios.
Ideologías mentirosas
Las
personas que mienten ocultan la verdad para beneficiarse ellos. Engañan con
trampas y “dorando la píldora” para
que parezca verdad lo que ellos afirman. Pero resulta que además, se ha formado, en el mundo entero, un consenso que
relativiza la verdad como si pudieran existir muchas verdades y que por lo
tanto habría que respetarlas todas. Una suerte de eclecticismo o sincretismo.
Esta
mentalidad de consenso busca una comodidad donde se permiten situaciones que no
respetan la verdad de las cosas tal como deben ser, sino la subjetividad de las
personas que deciden lo que a ellas les parece que es lo conveniente para cada
ocasión.
Con
ese modo de pensar ya no existiría la verdad de lo que es bueno y de lo que es
malo, porque todo puede variar de acuerdo a las circunstancias de cada momento.
Se puede dudar de todo, porque nada es seguro y se amplía la permisividad para
decidir lo que se quiera defendiendo lo que se escoja, como lícito y
conveniente. Cada uno podría escribir su historia con una moral liberal de
acuerdo a su modo de entender las cosas.
Este
falto respeto, que ha expulsado la
verdad, crea en las personas actitudes violentas frente a los que se piensa
que no respetan la subjetividad personal, por pensar de otra manera. Les parece
que son agresivas las personas que defienden la verdad.
Los castigos del siglo XXI
Si
se exagera en la concepción que se tiene de la naturaleza y no se distingue al
hombre como creado a imagen y semejanza de Dios, y que además, fue expulsado
del paraíso por haber pecado, se cae en un naturalismo.
Los
naturalistas dirían: Todo es bueno, no existe el mal, todo se puede aceptar libremente.
Lo que hay que hacer es darle cauce a la naturaleza para que esta se realice
sin más.
Con
estos razonamientos quedaría de lado la Redención y toda la historia de la
Salvación del hombre predicada por la Iglesia.
Las
ideologías mentirosas castigan al hombre que dice la verdad, al que es piadoso
y reza, al que defiende la vida y la santidad del matrimonio entre un hombre y
una mujer.
Los
que están en el consenso de estas ideologías con un pretendido “nuevo orden mundial” se castigan a sí
mismos porque crean una falsa concepción del hombre con consecuencias nefastas:
odios, separaciones, conflictos, abusos, violencia, matanzas, guerras.
Asistimos
a la creatividad de una artificialidad que crea muñecos que son manejados por
dictadores ambiciosos y egoístas que se creen genios, al endiosarse ellos, por expulsar a Dios de sus vidas y de la vida
de los demás. (P. Manuel Tamayo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario