LEGIÓN DE ARROGANTES
“La arrogancia es el sentimiento de superioridad que desarrolla un individuo en relación
con los otros,
basado en la falsa creencia de que merece mayores privilegios o concesiones que
el resto. La palabra, como tal, proviene del latín arrogantia” (Diccionario).
“La arrogancia es un defecto del carácter
que consiste en ser
altaneros, presuntuosos, prepotentes o soberbios” (Diccionario).
“Una persona arrogante tiene, en definitiva,
una imagen de sí misma un poco inflada: se cree mejor que los demás, piensa que
puede atropellar o maltratar a los otros debido a los derechos que se atribuye.
Pero se equivoca: los demás simplemente lo verán como una persona pesada en el
mejor de los casos, y despreciable, en el peor” (Diccionario).
“La arrogancia, por ejemplo, se manifiesta
cuando alguien no deja que los demás expresen su opinión en una reunión, sino
que siempre quiere imponer su punto de vista, pese a que podría estar pasando
por alto cuestiones relevantes para la discusión, pero no es capaz de darse
cuenta” (Diccionario).
COMENTARIO
Cuando una sociedad se aleja de Dios,
crece indudablemente el ego de sus habitantes. Los hombres y las mujeres se
deshumanizan, se vuelven duros, se maltratan entre ellos, aparece el lenguaje
soez y lisuriento, como si fuera normal; ya no se guardan las formas porque se
piensa que la espontaneidad es apertura y libertad.
El trato machacón, irreverente e
irrespetuoso, termina sensibilizando a la gente de una manera enfermiza y las
pone en pie de guerra. Cualquier comentario parece un ataque; se exagera y se
cambia de contexto cualquier pronunciamiento calificando la mala intención del
que lo pronunció.
Neurosis colectiva
En una sociedad egocéntrica todos viven
con una suerte de neurosis, hay como un delirio de persecución, se ven muchos
enemigos por todas partes y se organizan fácilmente “cacerías de brujas”.
Esto se puede apreciar en algo tan
simple como en el manejo de los automóviles. Pareciera que la virtud es meter
el carro a como de lugar, sin dar preferencia a nadie, y poder colarse por
cualquier sitio sin tener ninguna consideración con los otros vehículos. Si un
conductor arrogante tiene una camioneta potente, la utilizará manejándola de
una manera prepotente y abusiva.
Estas conductas, que se han multiplicado
en la sociedad, son decadentes, indecentes, y muchas de ellas están en el
límite de la delincuencia.
Es la ley de la selva donde gana el más
fuerte. Los insultos y gritos en los manejos diarios están a la orden del día.
Quienes no tienen movilidad o tienen un
carro pequeño sin mayores recursos, verán a los otros como pitucos agresores y violentos.
Los arrogantes, si no se corrigen, crean un problema social. Son injustos con sus
conductas y motivan la rebelión, justa,
de los más débiles.
El mandamás arrogante y
creído
La persona arrogante ha podido inflar su
ego simplemente porque le tocó ser jefe u organizador de un grupo de personas.
El mecanicismo de su trabajo pudo llevarle a perder la amabilidad y el buen
trato con las personas. Se acostumbró a mandar sin más y considera a las
personas como si fueran paquetes que hay que mover de un lado para otro.
Además estas personas que se han trepado
en un pódium, creen que saben más que
los demás. Alardean, con razonadas originales, y con sus propias teorías
personales, que consideran acertadas y que todos deberían aceptar, o al menos
escucharlas.
Urge bajar los humos
altaneros
Estas actitudes de arrogancia hacen
mucho daño.
La sociedad debe reaccionar para “bajar del burro” a los que se han
trepado y se consideran mejor que los demás.
Es un problema de educación que debe
resolverse en los hogares. Los padres no deben promocionar mucho a los hijos
haciéndoles que se sientan superiores a los demás.
Respeto y valoración del
prójimo
Deben enseñarles a valorar a las otras
personas: respetar y venerar a los mayores como lo manda el 4to Mandamiento de
la ley de Dios, y querer a su prójimo.
En casa se aprende el espíritu de
servicio y la solidaridad con los más necesitados. Los chicos deben aprender a
ser generosos y dar a los demás sin escatimar.
Hoy se ha abandonado la educación de
respeto y amor a los demás y se ha creado más bien unos resentimientos, como si
todos tuvieran que reclamar unos derechos porque los anteriores lo hicieron
todo mal.
¡Cuantas cosas buenas tenemos que
agradecer a los que nos han precedido porque nos han querido tanto! (P. Manuel Tamayo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario