jueves, 9 de marzo de 2023

 LEGIÓN DE ARROGANTES

“La arrogancia es el sentimiento de superioridad que desarrolla un individuo en relación con los otros, basado en la falsa creencia de que merece mayores privilegios o concesiones que el resto. La palabra, como tal, proviene del latín arrogantia” (Diccionario).

“La arrogancia es un defecto del carácter que consiste en ser altaneros, presuntuosos, prepotentes o soberbios” (Diccionario).

“Una persona arrogante tiene, en definitiva, una imagen de sí misma un poco inflada: se cree mejor que los demás, piensa que puede atropellar o maltratar a los otros debido a los derechos que se atribuye. Pero se equivoca: los demás simplemente lo verán como una persona pesada en el mejor de los casos, y despreciable, en el peor” (Diccionario).

“La arrogancia, por ejemplo, se manifiesta cuando alguien no deja que los demás expresen su opinión en una reunión, sino que siempre quiere imponer su punto de vista, pese a que podría estar pasando por alto cuestiones relevantes para la discusión, pero no es capaz de darse cuenta” (Diccionario).

 

COMENTARIO

Cuando una sociedad se aleja de Dios, crece indudablemente el ego de sus habitantes. Los hombres y las mujeres se deshumanizan, se vuelven duros, se maltratan entre ellos, aparece el lenguaje soez y lisuriento, como si fuera normal; ya no se guardan las formas porque se piensa que la espontaneidad es apertura y libertad.

El trato machacón, irreverente e irrespetuoso, termina sensibilizando a la gente de una manera enfermiza y las pone en pie de guerra. Cualquier comentario parece un ataque; se exagera y se cambia de contexto cualquier pronunciamiento calificando la mala intención del que lo pronunció.

 

Neurosis colectiva

En una sociedad egocéntrica todos viven con una suerte de neurosis, hay como un delirio de persecución, se ven muchos enemigos por todas partes y se organizan fácilmente “cacerías de brujas”.

Esto se puede apreciar en algo tan simple como en el manejo de los automóviles. Pareciera que la virtud es meter el carro a como de lugar, sin dar preferencia a nadie, y poder colarse por cualquier sitio sin tener ninguna consideración con los otros vehículos. Si un conductor arrogante tiene una camioneta potente, la utilizará manejándola de una manera prepotente y abusiva.

Estas conductas, que se han multiplicado en la sociedad, son decadentes, indecentes, y muchas de ellas están en el límite de la delincuencia.

Es la ley de la selva donde gana el más fuerte. Los insultos y gritos en los manejos diarios están a la orden del día.

Quienes no tienen movilidad o tienen un carro pequeño sin mayores recursos, verán a los otros como pitucos agresores y violentos.

Los arrogantes, si no se corrigen, crean un problema social. Son injustos con sus conductas y motivan la rebelión, justa, de los más débiles.

 

El mandamás arrogante y creído

La persona arrogante ha podido inflar su ego simplemente porque le tocó ser jefe u organizador de un grupo de personas. El mecanicismo de su trabajo pudo llevarle a perder la amabilidad y el buen trato con las personas. Se acostumbró a mandar sin más y considera a las personas como si fueran paquetes que hay que mover de un lado para otro.

Además estas personas que se han trepado en un pódium, creen que saben más que los demás. Alardean, con razonadas originales, y con sus propias teorías personales, que consideran acertadas y que todos deberían aceptar, o al menos escucharlas.

 

Urge bajar los humos altaneros

Estas actitudes de arrogancia hacen mucho daño.

La sociedad debe reaccionar para “bajar del burro” a los que se han trepado y se consideran mejor que los demás.

Es un problema de educación que debe resolverse en los hogares. Los padres no deben promocionar mucho a los hijos haciéndoles que se sientan superiores a los demás.

 

Respeto y valoración del prójimo

Deben enseñarles a valorar a las otras personas: respetar y venerar a los mayores como lo manda el 4to Mandamiento de la ley de Dios, y querer a su prójimo.

En casa se aprende el espíritu de servicio y la solidaridad con los más necesitados. Los chicos deben aprender a ser generosos y dar a los demás sin escatimar.

Hoy se ha abandonado la educación de respeto y amor a los demás y se ha creado más bien unos resentimientos, como si todos tuvieran que reclamar unos derechos porque los anteriores lo hicieron todo mal.

¡Cuantas cosas buenas tenemos que agradecer a los que nos han precedido porque nos han querido tanto! (P. Manuel Tamayo).

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