LOS COSTOS DE LA INFORMALIDAD RECURRENTE
“En
el país hay más de un millón de viviendas en riesgo, construidas en laderas y
cerros inestables y arenosos, en quebradas de ríos o en rellenos sanitarios.
Alrededor del 80% de las viviendas en el país fue construido informalmente,
casi la mitad de ellas sin respetar reglamentos de construcción, a vista y
paciencia de las autoridades municipales” (Perú 21).
“Los países con sectores informales de mayor
tamaño tienen un ingreso per cápita más bajo, más pobreza, más desigualdad de
ingresos, mercados financieros menos desarrollados y niveles de inversión más
bajos, y están más lejos de alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible”.
COMENTARIO
Cuando un país vive en la informalidad,
lo que es razonable no se considera; y surge un acostumbramiento de dejadez,
como si no importara el orden y la disciplina, y a la larga se termina con pérdidas descomunales que
arrastran a la miseria a poblaciones enteras.
La flojera del informal
Un informal suele ser una persona floja
que busca aprovecharse de circunstancias para salir adelante. Cree que lo único
que hace falta es unirse a otros que piensan como él para ponerse de acuerdo y
“negociar”, no les importa las leyes y son partidarios de la piratería con mil
justificaciones para que todo queda así.
La informalidad es un ambiente propicio
para los robos, las trampas, los productos “bamba”, el contrabando, la ruptura
de las leyes y las coimas.
No les importa vivir de cualquier manera
en quebradas donde caen huaicos, al borde de los ríos, en la cima de los cerros,
porque son “negocios” que unos pocos tienen aprovechándose de los pobres. Muchas
personas con necesidad no tienen otro lugar para vivir y no tienen más remedio
que aceptar lo que les ofrecen a menor precio.
En todos los barrios marginales se
cometen abusos. Muchas personas son exigidas a pagar cupos y se encuentran
muchas veces extorsionadas con riesgo de perder sus propias vidas.
En los ambientes informales surgen
mafias de todo tipo. Se multiplican modos de vivir peligrosos, que ponen en
riesgo la vida personal y de toda la familia.
Exigen a las autoridades
Cuando surgen tragedias en los ambientes
informales las personas llaman enseguida a las autoridades, y muchos incluso al
presidente, como si ellos fueran los culpables de las catástrofes o los que
tienen que venir enseguida para arreglarlo todo.
Cada año las tragedias se repiten y se
dice lo mismo, la misma cantaleta, los mismos argumentos. Es como un carrusel
que no para. Muchos periodistas echan leña al fuego para victimizar a la gente
y buscar a los culpables, muchas preguntas están direccionadas y todo se
convierte en un cargamontón de protestas que son como fuegos artificiales que
detonan, brillan, y después queda todo igual. Es un espectáculo penoso y
deprimente.
Cambio de mentalidad
La solución es sencilla: derrotar la
informalidad y fomentar una educación de calidad.
Sin embargo se hace todo muy difícil
porque las ideologías de violencia y odio, prefieren la informalidad para
aprovecharse de ella. Hay una resistencia grande al progreso y a la mejoría de
los sistemas. El informal piensa que puede perder los negociados que ha
adquirido en esas circunstancias de desorden y caos.
Es que la informalidad les permite la
piratería, poder actuar sin el peso de la ley; y ocurre lo que todos vemos y que clama al
Cielo: casas mal construidas, carros
viejos que circulan y constituyen un peligro, reglas de tráfico que no se
cumplen y se producen grandes atolladeros, mercado negro, tramitadores, coimas
para sacar adelante documentos, una burocracia infernal y absurda, trabajos mal
hechos y una población que no valora las virtudes humanas: laboriosidad, orden,
respeto, sinceridad, etc.
Urge revertir esta situación con una
educación de calidad que cambie esta mentalidad absurda que impide el progreso
y el desarrollo de todo un país, (P. Manuel Tamayo).
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