domingo, 20 de agosto de 2023

 UN SANTO QUE DIO SU VIDA POR LA IGLESIA

“Para mí, después de la Trinidad Santísima y de nuestra Madre la Virgen, en la Jerarquía del amor, viene el Papa. No puedo olvidar que fue S.S. Pío XII quien aprobó el Opus Dei, cuando este camino de espiritualidad parecía a más de uno una herejía como tampoco se me olvida que las primeras palabras de cariño y afecto que recibí en Roma, en 1946, me las dijo el entonces Mons. Montini. Tengo también muy grabado el encanto afable y paterno de Juan XXIII, todas las veces que tuve ocasión de visitarle. Una vez le dije: "en nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Su Santidad..." Y el Santo Padre Juan se reía, emocionado. ¿Qué quiere que le diga? Siempre los Romanos Pontífices, todos, han tenido con el Opus Dei comprensión y cariño”. (San Josemaría, Lealtad con la Iglesia)

Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado! (San Josemaría, Conversaciones, 46)

Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint unum!» –para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» –que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María. (San Josemaría, Forja 638)

COMENTARIO

Gracias a Dios tuve la dicha de vivir en Roma junto a San Josemaría Escrivá en los últimos años de su vida. Yo tenía 21 años y San Josemaría me enseñó, con su ejemplo y sus palabras, a querer mucho a la Iglesia y al Papa. Recalcaba muchas veces, para que se nos grabara bien, que la Iglesia está asistida por el Espíritu Santo y que era santa, que el Papa es el Vice Cristo y que había que amarlo mucho, sea quien sea.

Los otros jóvenes que estaban conmigo en Roma teníamos más o menos la misma edad, unos más otros menos, y participábamos de los mismos ambientes en la casa central del Opus Dei. Estuve en Roma de 1969 a 1972. Esos años fueron para mi gloriosos e inolvidables. Estar allí con gente buenísima y valiosísima era una verdadera fortuna.

 

Rezar por la santidad de los sacerdotes

San Josemaría nos hablaba constantemente de la Iglesia y nos decía que teníamos que rezar todos los días por la santidad de los sacerdotes, desde el Papa hasta el último que se haya ordenado en la última diócesis del mundo.

Un día, después del desayuno, en una tertulia donde estaríamos unas 120 personas, todos apretados y alrededor de San Josemaría nos pedía encarecidamente que recemos mucho por la Iglesia y por el Papa.

Al terminar la tertulia la mayoría salió a dar un paseo por Roma. Nos animaban a salir para visitar los lugares históricos más importantes del centro de la cristiandad. Ese domingo me quedé en casa conversando con un chico colombiano sobre los últimos discos de música moderna que habían salido. Estábamos en el living y de pronto apareció San Josemaría acompañado del Beato Álvaro del Portillo. El colombiano y yo nos íbamos a retirar pensando que San Josemaría tendría allí una reunión, pero él nos dijo que nos quedáramos. Y estuvimos los 4 juntos. San Josemaría mirándome a los ojos me dijo: “tienes cara de Pascua”, -luego lo miró a Don Álvaro, y dijo: “yo perdí la inocencia cuando llegué a Roma” – Después, dirigiéndose a mi de nuevo me dijo: “si de lo que el Padre ha dicho esta mañana tú quieres más a la Iglesia y al Papa, tú habrás hecho una buena cosa y yo habré cumplido con mi misión”

 

La Iglesia necesita de nuestras oraciones

Nosotros jóvenes la pasábamos en grande en Roma, quizá con bastante inocencia, porque no alcanzábamos a darnos cuenta de los problemas que pudieran haber y que le afectaban tanto a San Josemaría. Nos dábamos cuenta que sufría mucho. Nunca nos dijo algo que suscitara en nosotros una aversión o un pesimismo frente a situaciones dolorosas. Todo lo que nos decía motivaba el amor a Dios, la comprensión y el amor a los demás.

San Josemaría era una potencia suplicante para pedir por la Iglesia, con una esperanza tan grande que contagiaba a todos los que le escuchaban o se acercaban a él.

San Josemaría en esos años, ofrecía su vida por la Iglesia y salió de Roma para pedir oraciones a miles de personas que visitó en España y en América. En esos años hizo innumerables romerías a los santuarios de la Virgen.

 

Unidad y Fidelidad

Cuando vino a América en su primer viaje el año 70 le pidió a la Virgen de Guadalupe en México que nos ayudara a todos en la Iglesia a estar unidos y a ser fieles. Y en el Perú, en 1974, les pidió a los sacerdotes que cuidaran sus seminarios para que florezcan muchas vocaciones sacerdotales.

En 4 de Agosto de 1974, fiesta del Santo Cura de Ars, me ordené sacerdote, junto a 44 profesionales del Opus Dei y al año siguiente, el 26 de junio de 1975, San Josemaría entregó su alma a Dios a la hora del Angelus mirando el cuadro de la Virgen de Guadalupe. Había ofrecido su vida por la Iglesia y el Señor la aceptó. (P. Manuel Tamayo)

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