jueves, 5 de octubre de 2023

¡MANOLO MÁS!

P. Manuel Botas Cuervo; con él comenzó el Opus Dei en el Perú.

El 9 de julio de 1953 llegó a Lima el P. Manuel Botas para comenzar la labor del Opus Dei en el Perú. Los que le recibieron lo instalaron en el hotel Bolívar, pero él enseguida dejó el hotel y alquiló un cuarto en el jirón Washington del centro de Lima.

Cuando visitó al Fundador del Opus Dei para despedirse, San Josemaría le escribió en su breviario: “¡Manolo más!”

 

Un hombre que sabía querer

El P. Manuel Botas era una bellísima persona, hizo en Lima muchísimos amigos de todas las edades. Con un don de gente admirable, era muy cercano a nosotros, nos trataba con afecto y nos abría horizontes, valorando la personalidad de cada uno. Todos nos sentíamos muy bien a su lado, nos calificaba con las mejores notas. Era de esas personas con la que te sentías libre para hacer lo que querías; además te facilitaba todo para que pudieras realizar tus iniciativas y trabajos.

Don Manuel, que así le llamábamos, era de las personas más generosas que he conocido, daba todo lo que podía para ayudar a los demás, excediéndose en unas atenciones increíbles.

 

Con una generosidad impresionante

En aquellos primeros años de la Obra en el Perú, Juan Luis Cipriani, que es ahora cardenal, era de la selección peruana de basket. Un día el equipo tuvo que viajar a Medellín para cumplir con un compromiso deportivo. Juan Luis se llevó una gran sorpresa cuando escuchó su nombre por los parlantes que le anunciaban la visita de un pariente. Era Don Manuel que había llegado a Medellín para estar un rato con él.

Don Manuel fue mi padrino en mi primera Misa. En aquellos años recibí de él los mejores consejos que siempre guardo con mucho cariño. Cuando llegué a Europa se preocupó de seguirme y de alentarme en los pasos que iba dando para mi ordenación sacerdotal. Me recibía en su casa y estaba atento para que no me faltara nada, además me prestaba su automóvil para hacer las gestiones que tenía pendientes.

Un día me regaló un Nuevo Testamento de Carmelo Ballester que él había usado varios años. Años después ese libro se lo pasé a mi sobrino sacerdote, y una vez, que tuvo la oportunidad de estar con Don Javier Echevarría, consiguió que pusiera unas palabras en la primera página.

 

Mis padres lo recordaban con mucho cariño

En torno a mi ordenación Don Manuel se volcó conmigo y con mis papás que viajaron desde el Perú a Barcelona para acompañarme. Don Manuel los llevaba a comer con sus amigos y algunas veces, me pasaba a recoger para ir con ellos.

En Bilbao, donde celebré mi primera Misa, estuvo en todo momento conmigo y con mis padres, hizo una gestión para que un fotógrafo hiciera unas fotos preciosas de ese día, para mí inolvidable. Antes de que mis padres regresaran a Lima me mandó dos álbumes con las magníficas fotos a color, uno para mí y el otro para mis papás.

A mi primera Misa, que tuvo lugar en el colegio Gaztelueta, invitó a las familias que empezaron la labor del Opus Dei en Bilbao. Ese día Don Manuel nos invitó a cenar a casa de la familia Ibarra donde estaba Carito Macmahon, a quien San Josemaría llamaba “la marquesa de la sangre y del espíritu” una gran colaboradora en los inicios de la labor del Opus Dei en Bilbao.

Cuando volví a Madrid, para acompañar a mis papás a tomar el avión de retorno a Lima, Don Manuel me invitó a su casa, al día siguiente por la mañana invitó a mis papás para que asistieran a la Misa que celebré en el oratorio. Después nos invitó a desayunar en el Centro.

Mis padres tenían el vuelo en la madrugada. Don Manuel me llamó a parte, me dio las lleves de su carro y me dijo que llevara a mis papás al aeropuerto. Además llamó a un Centro para pedir que un numerario me acompañara.

 

Siempre fue muy cercano

Así era Don Manuel de generoso. Después hemos seguido comunicándonos con relativa frecuencia, me escribía postales y siempre me preguntaba por mi familia. La última vez que lo ví fue en la Basilica de San Eugenio el 6 de Octubre del 2002, cuando fue la canonización de San Josemaría. Al año siguiente, el 20 de Octubre del 2003, falleció.

Estas líneas no son más que una pequeña semblanza de un gran hombre, una persona muy buena, un santo, que debe estar gozando de Dios en el Cielo (P. Manuel Tamayo). 

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