ADIOS A DIOS
“El alejamiento de Dios no es fruto de un razonamiento, sino de la voluntad de separarse de Él. La orientación atea de una vida es casi siempre una elección de la voluntad. El hombre ya no quiere reflexionar sobre su relación con Dios porque pretende convertirse él mismo en Dios” (Cardenal Robert Sarah, Dios o nada, p 355)
COMENTARIO
Los alejamientos tienen su punto de origen en una rebeldía motivada por algún punto de quiebre: abandono de la formación religiosa, falta de amor a Dios, o excesos de sentimentalismos que pudieron crear resentimientos contra Dios o contra la Iglesia, algunas veces motivados por el mal ejemplo de un creyente o de una autoridad eclesiástica. Los alejamientos también proceden, lógicamente, de vidas desordenadas que no se supieron corregir a tiempo.
Otros ateos proceden la gentilidad, nadie les habló de Dios y vivieron siempre en la ignorancia religiosa, como si Dios no existiera.
En la sociedad contemporánea, especialmente en Occidente, el mundo materialista y consumista ha creado una “costra” de insensibilidad para los temas trascendentes que se extiende al lado de una ignorancia religiosa en temas doctrinales, que va creciendo de día en día, incluso en personas que son consideradas cultas en los ámbitos académicos.
Además el hombre de hoy, sin darse cuenta, tiende a pensar que su conciencia puede ser una cátedra de sabiduría que es alimentada con su propia experiencia personal (fenomenología), y que por lo tanto podría declarar no aptos a los criterios de una moral objetiva, que son propios de la revelación cristiana y que el Magisterio de la Iglesia los propaga a través de una tradición milenaria en todas las épocas.
Esas pequeñas “fisuras” o rupturas que encontramos en el cristianismo light de los que quieren acomodar la doctrina al consenso de moda, está liderada por los gentiles y agnósticos del siglo XXI, que no quieren comprometerse con la religión y “empujan” a los católicos para que se rebelen contra las enseñanzas de una Iglesia que ellos consideran “anticuada”, “tradicionalista”y los más avezados: “cavernaria” y homofóbica”.
En todas las épocas de la historia no han faltado los que no han entendido, en su totalidad, las enseñanzas de la revelación cristiana que la Iglesia enseña. Después, con el paso del tiempo, la verdad sale a la luz, para confirmar en la fe a los que han sido fieles a las enseñanzas de la Iglesia. (P. Manuel Tamayo)
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